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El coronavirus despierta en nosotros lo humano

04/04/2020

La pandemia del coronavirus nos obliga a todos a pensar: ¿qué es lo que cuenta verdaderamente, la vida o los bienes materiales? ¿El individualismo de cada uno para sí, de espaldas a los demás, o la solidaridad de los unos con los otros? ¿Podemos seguir explotando, sin ninguna otra consideración, los bienes y servicios naturales para vivir cada vez mejor o podemos cuidar la naturaleza, la vitalidad de la Madre Tierra y el vivir bien, que es la armonía entre todos y con los seres de la naturaleza? ¿Ha servido para algo que los países amantes de la guerra acumulasen cada vez más armas de destrucción masiva, y ahora tienen que ponerse de rodillas ante un virus invisible evidenciando lo ineficaz que es todo ese aparato de muerte? ¿Podemos continuar con nuestro estilo de vida consumista, acumulando riqueza ilimitada en pocas manos a costa de millones de pobres y miserables? ¿Todavía tiene sentido que cada país afirme su soberanía, oponiéndose a la de los otros, cuando deberíamos tener una gobernanza global para resolver un problema global? ¿Por qué no hemos descubierto todavía la única Casa Común, la Madre Tierra, y nuestro deber de cuidarla para que todos podamos caber en ella, naturaleza incluida?

Son preguntas que no pueden ser evitadas. Nadie tiene la respuesta. Una cosa sin embargo, atribuida a Einstein, es cierta: “la visión de mundo que creó la crisis no puede ser la misma que nos saque de la crisis”. Tenemos forzosamente que cambiar. Lo peor sería que todo volviese a ser como antes, con la misma lógica consumista y especulativa, tal vez con más furia aún. Ahí sí, por no haber aprendido la lección, la Tierra podría enviarnos otro virus que tal vez pudiera poner fin al desastrado proyecto humano.

Pero podemos mirar la guerra que el coronavirus está produciendo en todo el planeta, bajo otro ángulo, este positivo. El virus nos hace descubrir cuál es nuestra más profunda y auténtica naturaleza humana. Ella es ambigua, buena y simultaneamente mala. Aquí veremos solamente la dimensión buena.

En primer lugar, somos seres de relación. Somos, como he repetido innumerables veces, un nudo de relaciones totales en todas las direcciones. Por lo tanto, nadie es una isla. Tendemos puentes hacia todos los lados.

En segundo lugar, como consecuencia, todos dependemos unos de otros. La comprensión africana “Ubuntu” lo expresa bien: “yo soy yo a través de ti”. Por tanto, todo individualismo, alma de la cultura del capital, es falso y antihumano. El coronavirus lo comprueba. La salud de uno depende de la salud del otro. Esta mutua dependencia asumida conscientemente, se llama solidaridad. En otro tiempo la solidaridad hizo que dejásemos el mundo de los antropoides y nos permitió ser humanos, conviviendo y ayudándonos. En estas semanas hemos visto gestos conmovedores de verdadera solidaridad, no dando solo lo que les sobra sino compartiendo lo que tienen.

En tercer lugar, somos seres esencialmente de cuidado. Sin el cuidado, desde nuestra concepción y a lo largo de la vida, nadie podría subsistir. Tenemos que cuidar de todo: de nosotros mismos, de lo contrario podemos enfermar y morir; de los otros, que pueden salvarme o salvarles yo a ellos; de la naturaleza, si no, se vuelve contra nosotros con virus dañinos, con sequías desastrosas, con inundaciones devastadoras, con eventos climáticos extremos; cuidado con la Madre Tierra para que continúe dándonos todo lo que necesitamos para vivir y para que todavía nos quiera sobre su suelo, siendo que, durante siglos, la hemos agredido sin piedad. Especialmente ahora bajo el ataque del coronavirus, todos debemos cuidarnos, cuidar a los más vulnerables, recluirnos en casa, mantener la distancia social y cuidar la infraestructura sanitaria sin la cual presenciaremos una catástrofe humanitaria de proporciones bíblicas.

En cuarto lugar, descubrimos que todos debemos ser corresponsables, es decir, ser conscientes de las consecuencias benéficas o maléficas de nuestros actos. La vida y la muerte están en nuestras manos, vidas humanas, vida social, económica y cultural. No basta la responsabilidad del Estado o de algunos, debe ser de todos, porque todos estamos afectados y todos podemos afectar. Todos debemos aceptar el confinamiento.

Finalmente, somos seres con espiritualidad.Descubrimos la fuerza del mundo espiritual que constituye nuestro Profundo, donde se elaboran los grandes sueños, se hacen las preguntas últimas sobre el significado de nuestra vida y donde sentimos que debe existir una Energía amorosa y poderosa que impregna todo, sostiene el cielo estrellado y nuestra propia vida, sobre la cual no tenemos todo el control. Podemos abrirnos a Ella, acogerla, como en una apuesta, confiar en que Ella nos sostiene en la palma de su mano y que, a pesar de todas las contradicciones, garantiza un buen final para todo el universo, para nuestra historia sapiente y demente. y para cada uno de nosotros Cultivando este mundo espiritual nos sentimos más fuertes, más cuidadores, más amorosos, en fin, más humanos.

Sobre estos valores nos es concedido soñar y construir otro tipo de mundo, biocentrado, en el cual la economía, con otra racionalidad, sustenta una sociedad globalmente integrada, fortalecida más por alianzas afectivas que por pactos jurídicos. Será la sociedad del cuidado, de la gentileza y de la alegría de vivir.

*Leonardo Boff es teólogo, filósofo y ha escrito: La Tierra en la palma de nuestra mano, una nueva visión del planeta y de la humanidad, Vozes 2016.

Traducción de Mª José Gavito Milano

Alerta de um especialista em virus e nossa relação para com a natureza: David Quammen

03/04/2020

Todos estamos preocupados com o Coronovírus que, numa espécie de guerra, está atacando todas as sociedades humanas e suas instituições. Muitos cientistas vinham há muito tempo nos alertando que a nossa relação para com a natureza, depredando-a e nos expondo à multidão de bactérias, fungos e virus que nela existem em seus habitats naturais, poderiam passar, se não tivéssemos o necessário cuidado, para nós, seres humanos. Assim foi com o SARS, Ebola e agora o Coronavírus, provavelmente vindo de um morcego, vendido nos mercados chineses para consumo humano. Ele teria encontrado em nós um novo habitat. Como nosso organismos não está preparado para enfrentar tal invasor, aconteçe uma pandemia que estamos assistindo com o coronavírus. Ela talvez não seja tão letal, mas vai desorganizar toda a nossa vida social, econômica e vital. Ele nos obriga a repensar nossa relação para com a natureza, respeitar seus ritmos e seus habitats e desenvolver uma relação de cuidado e respeito por tudo o que existe e vive. Apresentamos aqui a reflexão de um dos maiores pesquisadores sobre vírus nas grandes florestas úmidas. Não pode pesquisar a floresta amazônica mas nos deixou um alerta. Algum vírus extremamente resistente pode irromper e nos atacar. Vai aqui o alerta, para que não seja o Big One, aquele grande que pode pôr em risco toda a vida humana. Este estudo nos ajudará a entender o atual vírus, invisível mas extremamente contagioso: Lboff

              David Quammen, o biógrafo das grandes epidemias

                           sex, 03 de abril de 2020

Autor de diversos livros sobre epidemias modernas diz que a destruição desenfreada da natureza coloca a saúde humana em risco devido ao contato com uma grande quantidade de vírus. Nos últimos 50 anos, as principais doenças surgiram das florestas tropicais na África e na Ásia.

Por Gustavo Faleiros

O escritor David Quammen é certamente um dos maiores cronistas sobre a diversidade biológica existente no planeta. Seus livros sobre a teoria da evolução de Darwin e a extinção das espécies oferecem uma visão ao mesmo tempo profunda e instigante. Entre suas obras, “O Canto do Dodô” [Cia das Letras, 2008] é a mais famosa, mas destacam-se ainda os magníficos contos sobre grandes mamíferos reunidos em “Monstro de Deus” [Cia das Letras, 2007].

Na última década, o americano voltou seu interesse a um outro tipo de diversidade: os vírus e as enfermidades que eles causam nos humanos. Seus livros investigativos, que sempre incluem relatos sobre viagens ao coração das selvas do Congo ou às matas do Sudeste Asiático, detalham com informação acessível o surgimento do vírus da AIDS (HIV) e do ebola.

Mas é um livro de 2012, chamado “Spillover” [Transbordamento, em tradução literal], que tem voltado aos debates e recebido resenhas em todo mundo. A obra revela que a complicada relação entre os humanos e o meio ambiente está na raiz das maiores enfermidades recentes. É uma leitura essencial no momento em que o coronavírus já contaminou (apenas entre os casos confirmados) mais de 1 milhão de pessoas no mundo, e a contagem de mortos não para crescer.

Com relatos sobre encontros com pesquisadores em diversas partes do mundo, a obra traz uma perturbadora revelação: entre a comunidade científica, há muito se esperava uma pandemia com os contornos da Covid-19. Eles a chamavam The Next Big One [A próxima grande] e Quammen não tem dúvidas de que a crise que vivemos agora se enquadra nesta categoria.

“Eu não sei se esta é “a grande”, mas certamente é uma das grandes, pois já causou muitos danos”, o autor comenta em uma entrevista exclusiva ao InfoAmazonia desde sua casa em Bozeman, no estado de Montana (Estados Unidos).

Quammen também falou sobre as condições para o surgimento de patógenos como o coronavírus e garante que o que ocorre no momento na Amazônia, com a avanço de garimpos e abertura de estradas madeireiras, é um cenário muito similar ao que viu nas florestas da África Central, onde surgiu o ebola.

Leia abaixo a entrevista completa.

Estou curioso em saber o quê você sentiu quando soube do novo coronavírus, por ter alertado muitos anos antes de que isso poderia acontecer. Não creio que tenha ficado surpreso, certo?David Quammen

Eu definitivamente não fiquei surpreso, eu previ algo como isso no meu livro oito anos atrás. E a única razão pela qual eu fiz esta previsão foi porque os cientistas com os quais eu estava conversando fizeram estas previsões. Então, quando eu ouvi em janeiro que um novo coronavírus havia surgido na China, saído de um mercado de vida selvagem, a única coisa que me surpreendeu foi o quanto estávamos despreparados. Me deixou frustrado e preocupado. Eu me encontrei por acaso com um amigo na semana passada e ele me perguntou: “Como você se sente tendo previsto tudo isso?”. Respondi a ele que preferiria estar errado. Desejaria que os cientistas que ouvi estivessem errados.

Em seu livro, “Spillover” o senhor nos conta que existe entre a comunidade científica o termo NBO ou The Next Big One (A próxima grande) para se referir às possíveis grandes pandemias que nos atingirão. A Covid-19 seria a NBO ou ainda podemos esperar algo pior?

DQ – Essa é uma das grandes! Não sei dizer se esta é “A” grande, mas certamente está sendo uma NBO, porque está nos custando milhares de vidas e trilhões de dólares ao redor do mundo. As sociedades estão sendo interditadas. Os sistemas de saúde na Itália e na Espanha estão colapsando. Escolas estão fechando, representando oportunidades perdidas para crianças carentes. Essa é uma das grandes, mesmo que a taxa de letalidade não seja tão alta. Mesmo se conseguirmos controlar a crise e muita gente não venha a morrer, ainda terá sido uma grande pandemia, pelo custo de ter chacoalhado sociedades e economias, além dos sistemas de saúde e educação.

Muitas doenças recentes surgiram em áreas que sofreram com garimpos, destruição de florestas e outros impactos. Qual é a razão para isso? Por que esta conexão direta entre degradação ambiental e o surgimento destas infecções?

DQ – Estas doenças, incluindo essa nova causada pelo coronavírus, são chamadas de doenças zoonóticas. Isso significa que elas passam de animais não humanos para os humanos. Elas geralmente são novas para humanos. Esta é uma das razões pelas quais elas geralmente são tão devastadoras para nós. Nós não temos vacinas para elas, nós não temos terapias para estas doenças. Se formos ainda mais desafortunados, esse vírus evolui para ser transmitido de uma pessoa a outra. Mas porque isso ocorre? Qual é a razão inicial para isso? Este é o evento que chamamos de transbordamento [spillover], quando o vírus passa de um animal para o seu primeiro hospedeiro humano. Isso acontece em áreas com grande degradação ambiental. Ambientes ricos em diversidade biológica, com muitos tipos de plantas, animais, fungos, bactérias, são também lugares que abrigam muitos vírus. Eles vivem ali, sem serem notados, ao longo dos milhões anos sem causar qualquer doença, até que de repente passam para os humanos. E quando há degradação ambiental, significa que estamos interferindo naquele ecossistema. Estamos cortando árvores, construindo assentamentos,abrindo garimpos. Isso significa também que pessoas trabalhando nestes lugares precisam ser alimentadas. Frequentemente, elas se alimentam de carne de caça, a vida silvestre local é capturada para servir de alimento. Em outras situações, este animais são caçados para serem vendidos, para que pessoas em outros lugares os comam. Então há todos os tipos de perturbação na vida selvagem, na biodiversidade, que afinal contém uma grande variedade de vírus. Quando realizamos estes tipos de interferências, estamos convidando vírus para que se tornem nossos vírus, para que eles pulem para dentro de nós. Estamos dando a eles uma oportunidade para que expandam seus horizontes. Talvez este vírus estivesse em uma situação difícil, poderia estar em vivendo dentro de uma espécie em risco de extinção. Uma oportunidade de pular para dentro de nós pode se traduzir em os vírus terem ganho na “loteria evolutiva”. Eles acabaram de entrar na espécie de mamífero de grande porte mais interconectada e mais abundante em todo o planeta. Se nos infectam e conseguem passar de uma pessoa para outra, eles vão se espalhar por todo o mundo, atingindo um grande sucesso evolutivo. Para nós, é uma situação miserável, é uma pandemia, é a morte. Mas para eles é sucesso! E acontece por conta da perturbação ambiental, a degradação ambiental de lugares que naturalmente abrigam muitos e muitos vírus.

É quase como se nossos grandes ecossistemas tivessem uma armadilha montada para evitar interferência. Ao passo que vamos entrando neles e destruindo, nós disparamos estas armadilhas contra nós.

Uma questão que intriga a muita gente é porque até agora não tivemos uma pandemia originada na Amazônia, já que aqui ocorrem impactos como a maior taxa de desmatamento em todo o planeta?

DQ – Eu não sei. Eu me faço esta mesma pergunta. Na verdade, uma das mais assustadoras doenças recentes surgiu na Bolívia, em 1961, o vírus da enfermidade Mapucho. O pesquisador que descobriu essa doença – e quase morreu ao contraí-la – é um americano chamado Karl Johnson. Ele descobriu que algumas pessoas vivendo em um vilarejo boliviano estavam sofrendo e morrendo desta estranha nova febre. Ele localizou o vírus em um roedor e se perguntou porque naquele momento isto estava ocorrendo, pois não havia registros no passado sobre a doença. O que ele descobriu foi que o roedor se adaptou e estava vivendo muito melhor em áreas agrícolas do que na floresta, seu ambiente natural. Assim, quando a população da vila crescia e precisava plantar mais milho e feijão, a população do roedor explodia. Como a espécie carregava o vírus, mais e mais pessoas começaram a ter contato com ele. Mas este é apenas um caso. A Amazônia está cheia de espécies de animais e, portanto, está repleta de vírus. Então por que não ouvimos falar do transbordamento destes vírus para humanos? Eu não tenho uma resposta para isso. Mas o fato de que não tivemos até agora, não quer dizer que não teremos. Pode acontecer a qualquer momento.

Podemos dizer que com o passar do tempo, as chances de que um novo vírus letal surja na Amazônia vão crescendo. No Congo, o outro grande ecossistema de floresta tropical, produziu ebola, marburg, zica, e uma parcela considerável das doenças virais mais assustadoras. Acho que é apenas uma questão tempo para que a Amazônia entre nesta lista.

Não se pode afirmar que neste momento no Brasil há suficiente investimento em Ciência para acelerar o entendimento e prever quando a degradação da Amazônia poderia fazer surgir um patógeno semelhante ao corona. Em sua visão, quais são os esforços científicos necessários para melhor entender e até prever o surgimento de novas doenças?

DQ – Como o seu governo, o meu governo também tem realizado cortes nos orçamentos para pesquisas científicas. Como vocês, nós também temos um presidente o qual não encontro adjetivos para descrever. Mas há muito trabalho que está sendo feito na descoberta de novos vírus. Isso é uma parte importante: descobrir o que existe por aí, o leque de diversidade de vírus que existe vivendo nos animais, plantas e outras criaturas. Há outros trabalhos no campo do sequenciamento genético, como isolar e sequenciar determinados vírus. Um time em Wuhan, na China, já em janeiro, tinha sequenciado o genoma deste vírus [o coronavírus], o que foi muito valioso para todo o mundo. Assim soubemos que se tratava de um coronavírus relacionado ao vírus da SARS, mas não tão próximo para saber o que poderíamos esperar. O genoma também foi quem nos contou que este vírus não se trata de uma arma química, feita por alguma conspiração de cientistas maníacos em algum obscuro laboratório. Soubemos que o vírus vem de um morcego, por conta da exata equivalência deste genoma com aquele de vírus encontrados em uma espécie de morcego. Portanto, o trabalho científico é extremamente importante. Há dez anos, quando estava escrevendo Spillover, um cientista me contou que seu laboratório estava trabalhando com a possibilidade de se criar uma tecnologia com um chip que conteria reagentes para sequenciar qualquer novo vírus. Você poderia criar uma versão deste chip que iria em uma máquina portátil e que nos daria a possibilidade de testar uma pessoa sobre a presença de uma infecção no tempo de uma checagem de segurança em um aeroporto. Ou seja a pessoa estaria na fila quando um agente recolhe uma amostra para fazer o teste e no tempo de que a pessoa levaria para tirar seus sapatos, sua jaqueta e passar na máquina de raio-x, ela já saberia se seu teste foi positivo ou negativo. Imagine quão útil seria isso num momento como esse? Mas nós não temos isso. Esse cientista estava me falando sobre isso 10 anos atrás e ainda não temos. Mas nós precisamos de algo como isso. Precisamos de investimento privado e do governo, em coisas que nos permitam prever, nos preparar e lidar com novas pandemias. Líderes tanto no mundo dos negócios e no setor público precisam de disposição para gastar os recursos, o tempo e fazer esse esforço. Mesmo que isso não aconteça neste ano, ou no ano que vem, ou mesmo durante a presidência de Bolsonaro ou Trump. Mas parece que eles não querem gastar os recursos em algo que não terá resultados em seus mandatos. Isso é o que torna a situação tão difícil.

Com relação às medidas imediatas que foram tomadas, como o banimento pela China do comércio e consumo de animais silvestres, podemos ter esperança de que isso represente uma mudança real, que evite futuras pandemias?

DQ – Eu tenho esperança de que estas medidas representam uma mudança importante. Claro que ninguém pode ter certeza sobre o que fará a China, pois é um país soberano. Mas haverá muita pressão internacional sobre eles para isso mudar. Quando a SARS ocorreu em 2003, assustando pessoas ao redor do mundo, ficou claro que o vírus também havia vindo de um morcego, muito provavelmente de um mercado na China. Depois daquilo, as pessoas estavam tão assustadas, que a China baniu a venda de animais selvagens nestes mercados. Quando eu fazia a pesquisa para meu livro “Spillover”, em 2009, eu fui à China e a um destes mercados. Eu estava com um pesquisador que estudava estes locais e ele me perguntou “Você acha que isto aqui é ruim, você deveria ter visto como era antes da SARS”. Mesmo quando estive lá, a disponibilidade de animais selvagens era uma loucura. O problema é que o comércio acabou sendo empurrado para baixo do tapete. Você pode ir nos fundos de um restaurante e pedir para que cozinhem um gato selvagem ou um pangolim. E na verdade, tudo isso já estava legalizado novamente. Então imagino que a pressão desta vez é de que a proibição terá que ser para valer. O comércio e o mercado negro terão que ser banidos.

A captura de animais na natureza e a venda dos animais vivos nos mercados têm que ser proibidas. E o resto do mundo tem que seguir o mesmo caminho, isso não pode recair apenas somente sobre a China.

Que outras mudanças, especialmente de longo prazo, podemos esperar?

DQ – Certamente há conversas a respeito. Eu mesmo estou falando a respeito destas mudanças todo dia. As pessoas estão falando que este deveria ser um alerta de que todas estas coisas estão conectadas: desmatamento, mudanças climáticas, espécies invasoras e novas doenças letais. Estamos falando também sobre a questão populacional, os padrões de consumo. Esperamos que um evento como esse – que ironicamente chamamos de “o momento de encontrar Jesus” – possa mudar as coisas [risos]. Mas eu não sei se os empresários e políticos de fato vão “encontrar Jesus” após tudo isso. Ou talvez as pessoas comuns vão mudar os padrões de consumo drasticamente; comer menos carne, viajar menos. Eu por exemplo viajo muito. Tenho pensado sobre isso, que talvez eu devesse viajar menos, encontrar uma maneira de fazer isso. Talvez pagar por compensações pelas viagens, dar alguns dólares extras para uma organização conservacionista. Enfim, tenho esperança de que se esse evento for realmente ruim, e na verdade ele já tem sido, por seu número de mortes e tumulto econômico, nós possamos repensar a maneira como vivemos na natureza.

Fonte: InfoAmazonia 03/04/2020

 

Coronavirus: Gaia’s reaction and revenge?

01/04/2020

Everything relates to everything: that is now a data point in the collective consciousness of those who develop an integral ecology, such as Brian Swimme, many other scientists, and Pope Francis, in his Encyclical Letter, “On the Caring for the Common Home”. All beings of the universe and of the Earth, including us, human beings, are part of the intricate web of relationships, spun in all directions, in such a way that nothing exists outside of those relationships. That is also the basic thesis of the quantum physics of Werner Heisenberg and Niels Bohr.

It was well known by the original peoples, as expressed in 1856 by the wise words of Duwamish Grandfather Seattle: “Of one thing we are certain: the Earth does not belong to man. Man belongs to the Earth. All thing are interrelated like the blood that unites a family; everything is interrelated with everything. That which wounds the Earth also wounds the sons and daughters of the Earth. It was not man who knit the web of life: man is merely a tread of the web of life. Everything that man does against that web, is also done to man himself”. This is to say, there is an intimate connection between the Earth and the human being. If we hurt the Earth, we also hurt ourselves, and vice versa.

This is the same perception the astronauts enjoyed from their spacecraft and the Moon: The Earth and humanity are a single and unique entity. Isaac Asimov said it well in 1982 when, at the request of The New York Times, he summarized the 25 years of the Space age: “Its legacy is the verification that, from the perspective of the spacecraft, the Earth and humanity form a sole entity (New York Times, October 9, 1982)”. We are Earth. Man, Hombre, comes from húmus, fertile earth, the Biblical Adam means son and daughter of the fertile Earth. After this verification, never again have we lost consciousness of the fact that the destiny of the Earth and of humanity are inseparably united.

Unfortunately, we are seeing that which Pope Francis laments in his ecological Encyclical Letter: “we have never mistreated and wounded so much our Common Home as we have done in the last two centuries” (nº 53). The voracity of the form of accumulation of wealth is so devastating that some scientists say that we have inaugurated a new geologic era: the anthropocenic era. Namely, it is the human being himself who threatens life and accelerates the sixth massive extinction, which we already are experiencing. The aggression is so violent that more than a thousand species of living beings disappear each year, giving way to something worse than the anthropocene, the necrocene: the era of mass production of death. Since the Earth and humanity are interconnected, massive death is produced not only in nature but also in humanity itself. Millions of people die of starvation, thirst, victims of war or of the social violence everywhere in the world. And uncaring, we do nothing.

James Lovelock, who offered the theory of the Earth as a self regulating super living organism, Gaia, wrote a book titled, Gaia’s Revenge, (La venganza de Gaia, Planeta 2006). He suggested that the current diseases, such as dengue, chikungunya, the zica virus, sars, ebola, measles, the current coronavirus and the generalized degradation in human relationships, marked by a profound social inequality/injustice and the lack of a minimal solidarity, are the reaction of Gaia for the offenses that we continually inflict on her. I would not say, as Lovelock does, that it is all “the revenge of Gaia”, because she, as the Great Mother she is, does not take revenge, but gives us great signals that she is ill, (typhoons, melting of the polar ice, droughts and flooding, etc.); and, in the end, because we do not learn the lesson, she takes reprisals, such as the aforementioned diseases .

I remember the book-testament by Theodore Monod, perhaps the only great contemporary naturalist, And if the human adventure should fail (Y si la aventura humana fallase, Paris, Grasset 2000): «we are capable of senseless and demented behavior, from now on anything could happen, really, anything, including the annihilation of the human race; that could be the just price for our madness and cruelty» (p.246).

This does not mean that all the governments of the world, resigned, will stop struggling against the coronavirus and protecting the people, or of urgently searching for a vaccine to combat it, in spite of its constant mutations. Besides an economic-financial disaster, it could mean a human tragedy, with an incalculable number of victims. But the Earth will not be satisfied with these small compensations. She pleads for a different attitude towards her: of respect for her rhythms and limits, of caring for her sustainability, and of us feeling more like the sons and daughters of Mother Earth, the Earth herself who feels, thinks, loves, venerates and cares. In the same way that we care for ourselves, we must care for her. The Earth does not need us. We need the Earth. Perhaps she does not want us in her face anymore, and would keep on gyrating on the sidereal space, but without us, because we were ecocidal and geocidal..

Since we are intelligent beings and lovers of life, we can change the course of our destiny. May the Spirit Creator strengthen us in this purpose.

Leonardo Boff Eco-Theologian-Philosopher,Earthcharter Commission

Free translation from the Spanish sent by
Melina Alfaro, volar@fibertel.com.ar.
Done at REFUGIO DEL RIO GRANDE, Texas, EE.UU.

O coronavírus resgata a nossa verdadeira humanidade

31/03/2020

A pandemia do coronavírus nos obriga a todos a pensar: o que conta, verdadeiramente, a vida ou os bens materiais? O individualismo de cada um para si, de costas para os outros, ou a solidariedade de uns para com os outros? Podemos continuar explorando, sem outra consideração, os bens e serviços naturais para vivermos cada vez melhor ou cuidar da natureza, da vitalidade da Mãe Terra e do bem-viver que é a harmonia entre todos e com os seres da natureza? Adiantou alguma coisa os países belicosos acumularem cada vez mais armas de destruição em massa, a ponto de destruir toda a biosfera e estraçalhar a Terra, se tem que agora se render a um vírus invisível que pode tornar ridículo todo esse aparato de morte? Podemos continuar com nosso estilo de vida consumista, depredador da natureza, ameaçador do equilíbrio da Terra, produzindo ilimitada riqueza em poucas mãos dentro de um oceano de pobres e miseráveis? Faz ainda sentido cada país afirmar a sua soberania, opondo-se a  dos outros, quando todos estamos dentro do mesmo Titanic que pode afundar? Por que não descobrimos ainda a única Casa Comum, a Mãe Terra e o nosso dever coletivo de cuidar dela para que todos possam caber dentro, a natureza incluída?

São perguntas que não podem ser evitadas. Ninguém tem a resposta. Uma coisa, entretanto é certa, atribuída Einstein: “a visão de mundo que criou a crise não pode ser a mesma que nos vai tirar da crise”. Temos que, forçosamente, mudar. O pior seria se tudo voltasse como antes, com a mesma lógica consumista e especulativa, talvez, com mais fúria ainda. Aí sim, por não termos aprendido nada, a Terra nos enviaria um outro vírus, talvez aquele que pode pôr um fim ao fracassado projeto humano.

Mas podemos olhar a guerra que o coronavírus está movendo em todo o planeta, sob um outro ângulo e este positivo. O vírus nos faz descobrir qual é a nossa mais profunda e autêntica natureza humana.

Em primeiro lugar, somos seres de relação. Somos, como tenho repetido inúmeras vezes, um nó de relações totais voltadas em todas as direções. Portanto, ninguém é uma ilha.Lançamos pontes para todos os lados.

Em segundo lugar, como consequência, todos dependemos uns dos outros. A compreensão africana “Ubuntu” bem o expressa:”eu só sou eu através de você”. Portanto, todo individualismo, alma da cultura do capital, é falso e anti-humano. O coronavírus o comprova. A saúde de um depende da saúde do outro. Esta mútua dependência assumida conscientemente, se chama solidariedade. Foi a solidariedade que outrora, nos fez deixar o mundo dos antropoides e nos permitiu sermos humanos, convivendo e nos auto-ajudando. Assistimos nestas semanas gestos comoventes de verdadeira solidariedade, muitos ajudando a outros, fracos a fracos.

Em terceiro lugar, somos seres essencialmente de cuidado. Sem o cuidado,desde de a nossa concepção e durante toda a vida, ninguém subsistiria. Precisamos cuidar de tudo: de nós mesmos, caso contrário podemos adoecer e morrer, dos outros que me podem salvar ou eu os posso salvar, da natureza senão ela se volta contra nós com vírus deletérios, com estiagens desastrosas, com enchentes devastadoras, com eventos climáticos extremos, cuidado para com a Mãe Terra para que continue a nos dar tudo aquilo que precisamos para viver e que ainda nos queira sobre seu solo, já que, durante séculos, a agredimos de forma impiedosa. Especialmente agora sob o ataque do coronavírus todos devemos nos cuidar, cuidar dos outros mais vulneráveis, nos recolher em casa, manter o distanciamento social e cuidar da infra-estrutura sanitária sem a qual assistiremos a uma catástrofe humanitária de proporções bíblicas.

Em quinto lugar, descobrimos que devemos ser todos corresponsáveis, vale dizer, ser conscientes das consequências benéficas ou maléficas de nossos atos. A vida e a morte estão em nossas mãos, vidas humanas, vida social, econômica e cultural. Não basta a responsabilidade do Estado ou de alguns, mas deve ser de todos, pois todos são afetados e todos podem afetar.Todos devem aceitar o confinamento.

Por fim, descobrimos a força do mundo espiritual que constitui o nosso Profundo, lá onde se elaboram os grandes sonhos, se colocam as questões derradeiras sobre o sentido de nossa vida e onde sentimos que deve existir uma Energia amorosa e poderosa que tudo perpassa, sustenta o céu estrelado e nossa própria vida sobre qual não temos todo o controle. Podemos nos abrir a ela, acolhê-la e, como numa aposta, confiar que é Ela nos segura na palma de sua mão e que, apesar de todas as contradições, garante um fim bom para todo o universo, para nossa história sapiente e demente e para cada um de nós. Se cultivarmos esse mundo espiritual nos sentimos mais fortes, mais cuidadores, mais amorosos, em fim, mais humanos.

Sobre estes valores nos é concedido sonhar e construir outro tipo de mundo, biocentrado, no qual a economia,com outra racionalidade, sustenta uma sociedade globalmente integrada, fortalecida mais por alianças afetivas do que por pactos jurídicos. Será a sociedade do cuidado, da gentileza e da alegria de viver.

Leonardo Boff é teólogo, filósofo e escreveu: A Terra na palma de nossa mão uma nova visão do planeta e da humanidade, Vozes 2016.

 

 

Consejos para el encierro y la cuarentena: Frei Betto y Leonardo Boff

31/03/2020

Diez consejos para enfrentar el encierro

Frei Betto*

Estuve en prisión bajo la dictadura militar. Durante mis cuatro años en prisión, me encerraron en celdas solitarias en el DOPS de Porto Alegre y en la capital paulista, y también en el estado de São Paulo, en el cuartel general de la PM, en el Batallón ROTA, en la Penitenciaría del Estado en Carandiru y en la Penitenciaría Presidente Venceslau.

Comparto, por lo tanto, 10 consejos para apoyar mejor este período de encarcelamiento forzado por la pandemia:

1. Mantén el cuerpo y la cabeza juntos. Tener el cuerpo confinado en casa y la mente enfocada hacia afuera puede causar depresión.

2. Crea una rutina. No te quedes en pijama todo el día, como si estuvieras enfermo. Establece una agenda de actividades: ejercicio físico, especialmente aeróbico (para estimular el sistema respiratorio), lectura, limpieza de armarios, limpieza de habitaciones, cocina, búsqueda en Internet, etc.

3. No pases todo el día delante de la televisión o del ordenador. Diversifica tus ocupaciones. No hagas como el pasajero que se queda en la estación todo el día sin la más mínima idea del horario del tren.

4. Usa el teléfono para hablar con familiares y amigos, especialmente los ancianos, los vulnerables y los que viven solos. Entretenerlos les hará bien y a ti también.

5. Dedícate al trabajo manual: repara equipos, arma rompecabezas, cose, cocina, etc.

6. Juegos mentales. Si estás en compañía de otras personas, establece una hora del día para jugar al ajedrez, a las damas, a las cartas, etc.

7. Escribe el diario de la cuarentena. Aunque no tengas intención de que otros lo lean, hazlo para ti mismo. Poner ideas y sentimientos en el papel o en la computadora es profundamente terapéutico.

8. Si hay niños u otros adultos en casa, comparte las tareas domésticas con ellos. Organiza un programa de actividades, momentos de convivencia y momentos en que cada uno vaya a su aire.

9. Medita. Incluso si no eres religioso aprende a meditar, ya que esto vacía tu mente, retiene tu imaginación, evita la ansiedad y alivia la tensión. Dedica a la meditación al menos 30 minutos al día.

10. No te convenzas de que la pandemia terminará pronto o que durará tantos meses. Actúa como si el período de reclusión fuera a durar mucho tiempo. En prisión, nada peor que un abogado que asegura al cliente que recuperará su libertad en dos o tres meses. Esto desencadena una expectativa agotadora. Así que prepárate para un largo viaje dentro de tu propia casa.

*Frei Betto es escritor, autor de Cartas desde la prisión (Companhia das Letras), entre otros libros.

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Algunos puntos para la vida espiritual de los de cuarentena

Leonardo Boff*

Dado que la cuarentena es un retiro forzado, haz como los religiosos y religiosas que deben hacer un retiro todos los años. Es la oportunidad de hacer una revisión del rumbo de la vida.  Algunas sugerencias para la dimensión espiritual de la vida:

1. Toma tiempo para ti y haz revisión de vida.

2. ¿Cómo ha sido mi vida hasta ahora?

3. ¿De qué lado estoy? ¿Del de aquellos que están bien en la vida, o del lado de los que tienen alguna necesidad, de los que necesitan una palabra de consuelo, de quien es pobre y sufre?

4. ¿Cuál es mi opción fundamental? ¿Ser feliz por todos los medios? ¿Acumular bienes materiales? ¿Conseguir estatus social? ¿O ser bueno, comprensivo, dispuesto a ayudar y apoyar a quienes están en peor situación?

5. ¿Puedo tolerar los límites de los demás, a los aburridos, controlarme para no responder a las tonterías que escucho? ¿Puedo dejarlo pasar?

6. ¿Puedo perdonar de verdad, pasar página y no ser rehén de resentimientos y malos juicios?

7. ¿Puedo encontrar las palabras correctas cuando tengo que decir algunas verdades y llamar la atención sobre los errores o equivocaciones de otros que están relacionados conmigo? ¿O van directamente, agresivamente, humillando a la persona?

8. ¿Cuando me levanto por la mañana, digo una oración con el pensamiento, no necesita ser con palabras, pidiéndole a Dios que me proteja a mí, a mi familia y a aquellos con quienes vivo y trabajo? ¿Y por la noche, antes de ir a dormir, elevo mi mente a Dios, incluso sin palabras, para agradecer el día, por todo lo que ha sucedido y por estar vivo?

9.Que lugar tiene Dios en tu vida? ¿Quieres intentar unos minutos de meditación pura, donde solo Dios y tú estéis presentes, olvidando un poco  el mundo? Simplemente levanta la mente y ponte en silencio ante Él. He escrito un pequeño libro: Meditación de la luz: el camino de la simplicidad, un método que une Oriente y Occidente, dejando que un rayo de luz de lo Alto penetre en todo tu cuerpo y en tus puntos de energía (chakras) y transfigure tu vida. Son suficienes apenas algunos minutos.

10. ¿Tienes el coraje de fomentar una actitud de entrega total a Dios, sabiendo que siempre estás en la palma de su mano? Todo lo que sucede proviene de su amor. La muerte es como un nacimiento y nadie ha visto su propio nacimiento. En la muerte, sin darnos cuenta, caeremos en los brazos de Dios Padre y Madre de infinita bondad y misericordia. No olvides nunca las palabras reconfortantes de la Primera Epístola de San Juan (3,20): “Si tu corazón te acusa, debes saber que Dios es más grande que tu corazón”. Entonces, parte en paz bajo el manto de la infinita misericordia divina.

*Leonardo Boff ha escrito Meditación de la luz: el camino de la simplicidad, Vozes 2010 y Experimentar a Dios: la transparencia de todas las cosas,Vozes 2011 y Sal Terrae 2011.

Traducción de Mª José Gavito Milano.

 

 

 

EMINENTES AUTORIDADES POLÍTICAS PEDEM A RENÚNCIA DE BOLSONARO

31/03/2020

Finalmente nomes de grande respectabilidade e representatividade tomaram a iniciativa de expressar a opinião de muitos brasileiros, pedindo a RENÚNCIA do Presidente Jair Messias Bolsonaro. Eu mesmo tenho solicitado sua renúncia ou o impedimento por ser um empecilho à ordem e à paz do país e fator de agravamento da disseminação do coronavírus. Ele se opôs ao mundo, à ciência internacional e ao seu próprio ministério da saúde que impôs  o distanciamento social o confinamento em casa das pessoas sob risco, acima  de 65 anos.

Cremos que Bolsonaro tenha suficiente consciência, como ele mesmo revelou algumas vezes, de que não se sente apto a ser Presidente do Brasil mas a ser soldado, pois, para isso foi educado. Seria um gesto de patriotismo e de amor ao povo brasileiro, especialmente, aos já afetados pelo vírus e aos milhares que são expostos a ele. O Brasil precisa de uma liderança política forte para combater a pandemia, coisa que ele, infelizmente, não tem demonstrado.  O momento é de humildade, reconhecendo suas limitações, de desprendimento do poder ligado ao alto cargo que ocupa e de grandeza pessoal. O Brasil está acima das biografias de seus Presidentes e a vida é o dom mais precioso que o Criador nos confiou, que cabe cuidar, agora mais do que nunca, para que “todos tenham vida e vida em abundância”(Evangelho de São João, 10,10). Leonardo Boff

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O BRASIL NÃO PODE SER DESTRUÍDO POR BOLSONARO

O Brasil e o mundo enfrentam uma emergência sem precedentes na história moderna, a pandemia do coronavírus, de gravíssimas consequências para a vida humana, a saúde pública e a atividade econômica. Em nosso país a emergência é agravada por um presidente da República irresponsável. Jair Bolsonaro é o maior obstáculo à tomada de decisões urgentes para reduzir a evolução do contágio, salvar vidas e garantir a renda das famílias, o emprego e as empresas. Atenta contra a saúde pública, desconsiderando determinações técnicas e as experiências de outros países. Antes mesmo da chegada do vírus, os serviços públicos e a economia brasileira já estavam dramaticamente debilitados pela agenda neoliberal que vem sendo imposta ao país. Neste momento é preciso mobilizar, sem limites, todos os recursos públicos necessários para salvar vidas.

Bolsonaro não tem condições de seguir governando o Brasil e de enfrentar essa crise, que compromete a saúde e a economia. Comete crimes, frauda informações, mente e incentiva o caos, aproveitando-se do desespero da população mais vulnerável. Precisamos de união e entendimento para enfrentar a pandemia, não de um presidente que contraria as autoridades de Saúde Pública e submete a vida de todos aos seus interesses políticos autoritários. Basta! Bolsonaro é mais que um problema político, tornou-se um problema de saúde pública. Falta a Bolsonaro grandeza. Deveria renunciar, que seria o gesto menos custoso para permitir uma saída democrática ao país. Ele precisa ser urgentemente contido e responder pelos crimes que está cometendo contra nosso povo.

Ao mesmo tempo, ao contrário de seu governo – que anuncia medidas tardias e erráticas – temos compromisso com o Brasil. Por isso chamamos a unidade das forças políticas populares e democráticas em torno de um Plano de Emergência Nacional para implantar as seguintes ações:

-Manter e qualificar as medidas de redução do contato social enquanto forem necessárias, de acordo com critérios científicos;

-Criação de leitos de UTI provisórios e importação massiva de testes e equipamentos de proteção para profissionais e para a população;

-Implementação urgente da Renda Básica permanente para desempregados e trabalhadores informais, de acordo com o PL aprovado pela Câmara dos Deputados, e com olhar especial aos povos indígenas, quilombolas e aos sem-teto, que estão em maior vulnerabilidade;

-Suspensão da cobrança das tarifas de serviços básicos para os mais pobres enquanto dure a crise,

-Proibição de demissões, com auxílio do Estado no pagamento do salário aos setores mais afetados e socorro em forma de financiamento subsidiado, aos médios, pequenos e micro empresários;

-Regulamentação imediata de tributos sobre grandes fortunas, lucros e dividendos; empréstimo compulsório a ser pago pelos bancos privados e utilização do Tesouro Nacional para arcar com os gastos de saúde e seguro social, além da previsão de revisão seletiva e criteriosa das renunciais fiscais, quando a economia for normalizada.

Frente a um governo que aposta irresponsavelmente no caos social, econômico e político, é obrigação do Congresso Nacional legislar na emergência, para proteger o povo e o país da pandemia. É dever de governadores e prefeitos zelarem pela saúde pública, atuando de forma coordenada, como muitos têm feito de forma louvável. É também obrigação do Ministério Público e do Judiciário deter prontamente as iniciativas criminosas de um Executivo que transgride as garantias constitucionais à vida humana. É dever de todos atuar com responsabilidade e patriotismo.

ASSINAM (por ordem alfabética):

Carlos Siqueira, presidente nacional do PSB.

Carlos Lupi, presidente nacional do PDT.

Ciro Gomes, ex-candidato a Presidência pelo PDT.

Edmilson Costa, presidente nacional do PCB.

Fernando Haddad, ex-candidato à Presidência pelo PT.

Flavio Dino, governador do estado do Maranhão.  

Guilherme Boulos, ex-candidato a Presidência pelo PSOL.

Gleisi Hoffmann, presidenta nacional do PT.

Juliano Medeiros, presidente nacional do PSOL.

Luciana Santos, presidenta nacional do PC do B.

Manuela D’Avila, ex-candidata a Vice-presidência (PC do B).

Roberto Requião, ex-governador do Paraná.

Sonia Guajajara, ex-candidata à Vide-presidência (PSOL)

Tarso Genro, ex-governador do Rio Grande do Sul

 

Conclamação em favor da democracia para 31 de março

30/03/2020

 

CONCLAMAÇÃO

No dia 31 de março de 1964 a nossa democracia recebeu um golpe mortal. Implantou-se um Estado ditatorial, fruto de um golpe civil-militar. Para se manter, teve que montar órgãos de segurança e de repressão que prenderam, sequestraram, torturaram, fizeram desaparecer e assassinaram muitas pessoas. Estas mortes não podem ser esquecidas, pois seu sangue clama aos céus e exigem justiça. Estas pessoas estavam sob a guarda do Estado que tem o dever de salvaguardar suas vidas, independente das razões de sua prisão.

Neste dia 31 de março despertemos a memória destas vítimas e principalmente reforcemos nossa  democracia. Ela está sendo ameaçada por um governo de extrema-direita com práticas autoritárias. Ao que parece, vivemos tempos pós-democráticos, pois a Constituição e as leis são com frequência desrespeitadas.

CONCLAMAÇÃO: Cada um em seus apartamentos ou casas, vivendo em confinamento, faça alguma demonstração em favor da democracia, com ruídos, bandeiras, gritos pela democracia, músicas e outros sinais para mostrar nossa indignação e vigilância.

Numa situação de pandemia do coronavírus, todos somos chamados a viver a solidariedade, o cuidado de uns para com os outros, a generosidade de gestos humanitários de ajuda, especialmente aos mais vulneráveis.

Perplexos, acompanhamos o mau exemplo do atual Presidente que se comporta em clara desobediência ao que foi acertado pelo próprio Governo, saindo do confinamento, misturando-se ao povo e instando para saia às ruas e volte ao trabalho. Tal gesto pode propagar de forma exponencial o coronavírus e causar um colapso no sistema de saúde.

Não obstante estes gestos irresponsáveis, viveremos e subsistiremos, pois a vida sempre se mostrou, em todas as dizimações do passado, resistente e sobreviveu. Ainda uma vez, a Mãe Terra terá compaixão de seus filhos e filhas afetados e nos salvará. Os cristãos creem que Deus “é o apaixonado amante da vida”(Sabedoria 11,26) e não permitirá que esta crise humanitária ceife demasiadas e incontáveis vidas.

Leonardo Boff, teólogo, filósofo e escritor

 

 

 

 

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