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Más un obispo martir en A.Latina:el OBISPO ENRIQUE ANGELELLI

31/07/2014

La Iglesia de la Liberación  en America Latina, aquella que tomó en serio la opción por los pobres contra su pobreza, ha conocido muchos martires, laicos, hombres y mujeres comprometidos, religiosos y religiosas, sacerdotes, teólogos y obispos. Conocemos en Brasil dos nombres principales, entre otros: el Padre Henrique Pereira Neto, secretario de Dom Helder Câmara y la hermana Dorothea Stang en la parte Amazónica. Terrible fué el martirio de los jesuitas en el Salvador. El obispo de El Salvador  Oscar Arnulfo Romero asesinado mientras erguia el caliz con la sangue del Señor. Y ahora se reconoce oficialmente el asesinato del Obispo Enrique Angelleli de la Rioja en Argentina en un accidente provocado y comprobado. La causa fué por trabajar con los pobres y organizarlos y defender los derechos de los más marginados. Un complot de cristianos reacionarios junto con militares de la dictadura lo elimiraron. La Justicia finalmente, después de muchos años, reconoció su muerte como asesinato. Gracias a un grupo de laicos del Centro Tiempo Latinoamericano, animado fundamentalmente por Luiz Miguel Baronetto (Vitin) que suscitó judicialmente en proceso. Ahora tenemos más un martir cuyo nombre está en muchisimas escuelas, calles, centro s populares y otros lugares publicos, por que el pueblo jamás lo olvidó. Hay causas que por ellas vale sacrificar la propria vida especialmente se la vida y la dignidad de los pequeños  están en juego. Ser asesinado por eso es un honor y una gloria, valores  renocidos por personas que tienen un minino de humanidad, por los cristianos y por Dios.Que su sangre aliminete más y más la Iglesia de la base que une su destino al destino de los últimos que Cristo llmó como sus “hermanos y hermanas menores”. Publicamos una pequeña biografia del obispo Angelleli, el veredicto judicial y el estudio valiente de Baronetto que que no oculta los nombres de los culpados ni la omisión vergongoza de algunos obispos argentinos : Lboff

 

Datos biográficos de  Enrique Angelleli (1923-1976)

Enrique Angelelli nació el 17 de julio de 1923 en Córdoba. Sus padres Juan Angelelli y Celina Carletti inmigrantes italianos cultivaban hortalizas en la quinta donde vivían (en lo que hoy es Barrio Las Margaritas). Fue a la Escuela Misiones, entonces ubicada sobre Mons. Pablo Cabrera, casi esquina Los Granaderos. La familia se trasladó después a Villa Eucarística, por el camino a 60 cuadras, cerca del Colegio de las Hermanas Adoratrices, donde su padre siguió con el cultivo de frutas y verduras que luego llevaba al mercado. En la misma “jardinera” Don Juan llevó a Enrique, de 15 años, en 1938 para ingresar al Seminario del Loreto, donde estudió humanidades y filosofía. Luego fue enviado a Roma para terminar la teología y fue ordenado sacerdote el 9 de octubre de 1949. Allí se quedó dos años más hasta obtener la licenciatura en Derecho Canónico. Regresó a Córdoba a fines de 1951 y lo enviaron como ayudante a la Parroquia de Alto Alberdi. Cumplió funciones de capellán en el hospital Clínicas y visitó las villas miserias de la calle 9 de julio al 1000. En 1952 fue designado asesor de la Juventud Obrera Católica (JOC) y atendió la Capilla Cristo Obrero (La Cañada casi esq. Humberto 1°). Vivió en el Hogar Sacerdotal (Rioja 538), que se transformó en lugar de encuentro de sacerdotes, obreros y estudiantes. A los 38 años, a fines de 1960 fue designado obispo auxiliar de Córdoba, encarnando un estilo episcopal cercano a los necesitados. Participó del Concilio Ecuménico Vaticano II (1962-1965) y fomentó la renovación en la iglesia. Vivió cuarenta años en Córdoba.

En agosto de 1968 se hizo cargo del obispado de La Rioja. Hizo explícita su opción por los pobres e impulsó una pastoral liberadora, siguiendo los documentos del Episcopado latinoamericano (Medellín) y argentino (San Miguel-1969). Identificarse con la realidad de los empobrecidos de La Rioja, asumiendo sus aspiraciones, le provocó conflictos con los poderosos, apropiadores de las tierras y las riquezas riojanas. Cuando la pastoral diocesana fomentó la organización de cooperativas agrícolas, y la sindicalización de peones rurales y empleadas domésticas, se instrumentó una campaña de difamación y falsas acusaciones a través del diario El Sol, instalado a mediados de 1972. No fue tolerado el despertar de la conciencia de los derechos como personas y como pueblo. Profundizó la fe evangélica en una catequesis encarnada, asumiendo la religiosidad popular y la devoción a San Nicolás y el Niño Alcalde, al valorizar el tradicional “Tinkunaco”. En 1973 los terratenientes de Anillaco, autoerigidos en “cruzados de la fe”, lo agredieron a pedradas cuando iba a presidir las fiestas patronales de San Antonio. La persecución se extendió a sacerdotes, religiosas y laicos con controles policiales y detenciones. Con el golpe militar de 1976 se intensificó la represión especialmente a los jóvenes y pobres de La Rioja. Muchos fueron detenidos y torturados por su actividad comunitaria, siempre alentada por la pastoral diocesana. En julio fueron asesinados los dos sacerdotes de Chamical y el laico Wenceslao Pedernera. El 4 de agosto de 1976 se cerró el espiral de violencia con el asesinato de Mons. Angelelli, simulado como accidente de tránsito.

Largo reclamo de verdad y justicia (el proceso judicial)

Los militares ordenaron publicar que fue “por el reventón de un neumático”, aunque la pericia mecánica policial dijo que esa no era la causa del vuelco. La policía del lugar fue apartada haciéndose cargo de las actuaciones funcionarios venidos de la ciudad, con militares y el juez Vigo, ex auditor de la policía federal. Al sumariante le ordenaron hacer tres copias: para el juez, el Tercer Cuerpo de Ejército y el ministro del interior Harguindeguy. Antes del mes la causa fue archivada como accidente fatal. El pueblo pobre y las comunidades afirmaron el crimen desde el mismo 4 de agosto.

En 1983 los obispos De Nevares, Novak y Hesayne difundieron el relato de los hechos según testigos del momento. El sobreviviente Arturo Pinto, que acompañaba al obispo dijo que un auto blanco les provocó una encerrona que obligó al obispo a una brusca maniobra que produjo el vuelco de la camioneta que conducía. El cuerpo de Mons. Angelelli quedó extendido en la ruta con los brazos abiertos en cruz y el cráneo destrozado. El vehículo blanco fue visto por otros testigos, entre ellos policías de Punta de Los Llanos, que llegaron al lugar encontrando al obispo muerto y a Pinto inconciente y gravemente herido. La justicia riojana promovió la reapertura del expediente y en base a los testimonios y pruebas colectadas el Juez Aldo Morales en 1986 resolvió que había sido un “homicidio fríamente premeditado y esperado por la víctima”.

Cuando el juez riojano citó para indagar a personal militar, el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas planteó la incompetencia, cuestión que resolvió la Suprema Corte de Justicia, derivando la causa a la Cámara Federal de Córdoba, que en 1990 aplicó la ley 23492, de “punto final” a los militares imputados. Después de la anulación de las leyes de impunidad, en el 2006 se reabrió la investigación. En el 2011 el juez federal de La Rioja Daniel Herrera Piedrabuena procesó como autores mediatos a los máximos responsables del terrorismo de estado en Argentina: Jorge R. Videla, Albano Harguindeguy, Luciano B. Menéndez, Fernando Estrella y el Comisario Juan Carlos “la Bruja” Romero, de La Rioja. El ex jefe de policía Edilio Di Cesare fue apartado por demencia senil. Por haber fallecido quedaron impunes: Osvaldo Pérez Battaglia, Jorge Malagamba, Lázaro Aguirre y otros militares de menor jerarquía. La causa fue elevada a juicio en diciembre del 2012 y en noviembre del 2013 el Tribunal Oral Federal de La Rioja abrió la audiencia para juzgar como autores mediatos sólo a Menéndez y Estrella. El resto murió impune. La Fiscalía y las querellas de Arturo Pinto; Marilé Coseano, sobrina del obispo asesinado; Luis M. Baronetto por el Centro Tiempo Latinoamericano; obispado de La Rioja y de las Secretarías de Derechos Humanos de la Nación y de la Provincia, aportaron pruebas documentales y testigos que declararon durante los siete meses que duró el juicio. El viernes 4 de julio de 2014 los jueces José C. Quiroga Uriburu, Carlos Julio Lascano y Juan Carlos Reynaga resolvieron la condena a prisión perpetua e inhabilitación absoluta a los dos responsables del asesinato del obispo Angelelli, dejando abierta la posibilidad de investigar la participación de otros militares y de civiles que instigaron el crimen. Y pasó a la Fiscalía los antecedentes para investigar por encubrimiento al coronel ® Eduardo José María De Casas y al General Jorge Norberto Apa, militares de inteligencia que pretendieron desviar la investigación con falsos informes para sostener la versión del “accidente fatal”, finalmente desvirtuados por la contundencia de las pruebas.

Aunque costó, la VERDAD triunfó. A 38 años se hizo JUSTICIA. El martirio de Mons. Enrique Angelelli y su testimonio de fe y compromiso, anima hoy el camino de los que luchan por una sociedad justa y fraterna, construyéndola con generosidad y esperanza.

Agosto de 2014

Luis Miguel Baronetto

CENTRO TIEMPO LATINOAMERICANO

tiempolati@gmail.com

CÓRDOBA

HOMICIDIO DEL OBISPO ENRIQUE ANGELELLI

 *************

VEREDICTO JUDICIAL – 4 DE JULIO DE 2014 (Extracto)

“El Tribunal Oral en lo Criminal Federal de La Rioja, por unanimidad RESUELVE:

(….)

4) Declarar que los hechos acontecidos el día 4 de agosto de 1976 a hs. 15 aproximadamente, oportunidad en la que se terminó con la vida del Obispo de La Rioja Monseñor ENRIQUE ÁNGEL ANGELELLI y se intentó terminar con la vida del Sacerdote ARTURO PINTO, fueron consecuencia de una acción premeditada, provocada y ejecutada en el marco del terrorismo de Estado y por lo tanto constituyen delitos de lesa humanidad, imprescriptibles e inamnistiables; en consecuencia, no hacer lugar al planteo de excepción de falta de acción por prescripción deducido por el señor Defensor Público Oficial Dr. Carlos Alberto Cáceres (arts. 59 inc 3° y 62 C.P. a contrario sensu.).

 5) Declarar a Luciano Benjamín Menéndez, ya filiados en autos, autor mediato (Dres. Reynaga y Lascano); coautor mediato (Dr. Quiroga) penalmente responsable de los delitos de homicidio doblemente calificado por el concurso premeditado de dos o más personas y para procurar la impunidad, en perjuicio de Monseñor Enrique Ángel Angelelli (arts. 45 y 80 incs. 6 y 7 del Código Penal vigente al tiempo de comisión de los hechos con las modificaciones introducidas por ley 14616), y homicidio calificado por el concurso premeditado de dos o más personas en grado de tentativa en perjuicio de Arturo Aido Pinto (Arts. 42 y 80 inc 6 del Código Penal vigente al tiempo de la comisión de los hechos con las modificaciones introducidas por ley 14616), en concurso real (art. 55 del Código Penal), e imponerle para su tratamiento penitenciario la pena de PRISIÓN PERPETUA E INHABILITACIÓN ABSOLUTA, accesorias legales y costas (arts. 12 y 19 del Código Procesal Penal de la Nación).

6) Declarar a Luis Fernando Estrella, ya filiado en autos, autor mediato (Dres. Reynaga y Lascano); coautor mediato (Dr. Quiroga) penalmente responsable de los delitos de homicidio doblemente calificado por el concurso premeditado de dos o más personas y procurar la impunidad, en perjuicio de Monseñor Enrique Ángel Angelelli (arts. 45 y 80 incs. 6 y 7 del Código Penal vigente al tiempo de la comisión de los hechos con las modificaciones introducidas por la ley 14616), homicidio calificado por el concurso premeditado de dos o más personas en grado de tentativa en perjuicio de Arturo Aido Pinto (arts. 42 y 80 inc. 6 del Código Penal vigente al tiempo de comisión de los hechos con las modificaciones introducidas por la ley 14616), y asociación ilícita agravada en calidad de organizador (art 210 del Código Penal (texto vigente en la actualidad) y art. 2 Código Penal) todo en concurso real (art. 55 del Código Penal), e imponerle para su tratamiento penitenciario la pena de PRISIÓN PERPETUA E INHABILITACIÓN ABSOLUTA, accesorias legales y costas (arts. 12 y 19 del Código Penal, 398, 403 primer párrafo, 530 y cc del Código Procesal Penal de la Nación).

(…..)

9) Atento a la solicitud de las querellas, sobre la remisión de antecedentes al Fiscal Federal para que se investigue la presunta comisión de delitos por Héctor Maximiano Payba, Capitán Juan Carlos Müller, Juan Fanor del Moral, Juan Carlos Cisterna, Amado Menem, Carlos Orellana, Fiore Cecona, Manuel Menem, César Menem, Manuel Yañez, Roberto Pastor Ávila, Simón Navarro, José Alberto Lucero, Luis María de la Puente, Humberto Páez, José Ricardo Furey, Luis Saavedra, Tomás Álvarez Saavedra, Cap. Norberto Maggi, Cap. Cerruti, disponer que las actuaciones se encuentran a disposición de las partes a los fines que estimaren corresponder.

10) Hacer lugar a la remisión de antecedentes al Fiscal Federal para que se investigue la presunta comisión del delito de encubrimiento (art. 277 C.P.) por parte del Coronel ® Eduardo José María De Casas y del General Jorge Norberto Apa.

11) Revocar la modalidad domiciliaria de cumplimiento de la prisión preventiva impuesta a los imputados Luciano Benjamín Menéndez y Luis Fernando Estrella, y en consecuencia, ordenar el inmediato traslado y alojamiento de los mismos en el establecimiento carcelario de la localidad de Bower, dependiente del Servicio Penitenciario de la Provincia de Córdoba, disponiendo la realización de un inmediato y exhaustivo examen por parte del Cuerpo Médico Forense de los Tribunales Federales de Córdoba, con control de partes, a efectos de informar al Tribunal si los imputados se encuentran en condiciones de permanecer alojados en tal establecimiento.

12) Remitir copia de los fundamentos de la sentencia al Ministerio de Defensa de la Nación por la condición de militares de los imputados.

13) Tener presente las reservas efectuadas por las partes.

Firman los jueces de Cámara: Dr. José Camilo Nicolás Quiroga Uriburu – Presidente;

Dr. Carlos Julio Lascano y Dr. Juan Carlos Reynaga – Vocales. Dra. Ana María Busleiman – Secretaria de Cámara.

***************

 LA VIGENCIA DE ANGELELLI

Luis Miguel Baronetto[1]

Si algo no pudieron lograr los asesinos de Mons. Angelelli fue borrarlo del mapa. Hoy está presente en muchos lugares donde en vida no llegó. Hay calles, rutas, escuelas, comedores escolares, guarderías, barrios, villas que enarbolan su nombre con orgullo. El mayor fracaso militar fue la resurrección del obispo asesinado. Cuando lo destinaron como obispo de La Rioja en agosto de 1968 pensaron lo mismo. Creían que se sacaban de Córdoba un estorbo que resultaba molesto al catolicismo tradicionalista de la ciudad de las campanas. El obispo, que primero fue asesor de la juventud obrera católica y luego encarnó un estilo episcopal de cercanía con los pobres, vio potenciada su actuación en aquella provincia empobrecida por la escandalosa hegemonía del poder feudal que concentraba tierras, poder y privilegios.

Esos fueron los sectores que plantaron la semilla de su asesinato. Y la hicieron crecer con la difamación y las mentiras, que se expandió en el diario El Sol, con escribas a los que todavía no les llegó la mano de la justicia. No fueron los únicos. Los dueños de los latifundios de La Costa y del oeste riojano hicieron su parte atacando las iniciativas de organización cooperativa que impulsaba el Movimiento Rural Diocesano. Fueron las cooperativas de Campanas, de producción y comercialización de la nuez, en el oeste, cerca de Chilecito. La Comisión de Productores “Severo Chumbita”, de Aimogasta, que pretendía proteger los precios de la aceituna contra los zánganos intermediarios que menospreciaban su trabajo. Y el proyecto más importante, la CODETRAL – Cooperativa de Trabajadores Amingueños Limitada – que quería la tierra para los peones y pequeños productores de Aminga y Anillaco, propugnando la expropiación del abandonado latifundio de Azzalini, el más rico en agua que garantizaba la producción suficiente de la vid como para salir de la esclavitud a la que estaba sometida la población de la zona. No fue casual la agresión más violenta sufrida por el obispo Angelelli, con improperios y pedradas, en las fiestas patronales de Anillaco el 13 de junio de 1973, en pleno gobierno democrático. Los terratenientes siempre trascienden los sistemas de gobierno. Soportan o compran las democracias y se sienten más cómodos en las dictaduras. Fue también un 13 de junio de 1976, cuando Anillaco fue declarada “capital de la Fe” por los “cruzados” que gestionaron el desfile militar encabezado por el coronel Osvaldo Pérez Battaglia, principal responsable de la represión en La Rioja que se fue impune a la tumba. El obispo diocesano alcanzó a impedir la celebración de la misa, en la digna reivindicación de su misión que pretendía ser usurpada por los militares. Pero el capellán Pelanda López bendijo el desfile.

Cuestionar la propiedad de la tierra en pocas manos fue el gran delito del obispo condenado a muerte por la mezquina ambición de los poderosos. No lo hacía desde ninguna ideología ajena a su fe y sus convicciones, que emanaban del Evangelio de Jesucristo y de la doctrina social de la Iglesia asumida en serio. No a media agua y para quedar bien con los pobres. “Si, tengo miedo – le confesó a sus padres en junio de 1976 cuando los visitó en Córdoba – pero no puedo esconder el Mensaje debajo de la cama”. Si ese mensaje hubiese quedado reducido a palabras, seguramente que molestaría a pocos. Y podía ser fácilmente acallado con prebendas. Lo peligroso fue que se transformó en acción, especialmente a partir de 1971. Su misa radial fue prohibida, algunos de sus sacerdotes detenidos. Y Angelelli pasó a ser “satanelli”, “tercermundista”, “marxista” para los planfletarios a sueldo. Fue cuando el obispo se extendió a lo largo y a lo ancho de la provincia, y se multiplicó en miles de riojanos que asumieron su protagonismo en las cooperativas. Y en los barrios se organizaron los centros vecinales. También en FATRE, el sindicato de los peones rurales en La Costa; o en AOMA, cuando los mineros se juntaron en la parroquia de Olta para defender su sindicalización y sus derechos, sumándose a la CGT de los Argentinos, que a nivel nacional lideraba Raimundo Ongaro y en La Rioja encabezaba Plutarco Schaler, del diario El Independiente con el asesoramiento del Dr. Ricardo Mercado Luna. La palabra se transformó en acción. Y la acción en organización colectiva.

No era el obispo en soledad, predicando en el desierto. Era el contagioso y entusiasmante testimonio que se agigantaba en el crecimiento de la conciencia liberadora de los pobres. Los riojanos escarbaban en su propia historia las antiguas luchas montoneras de Facundo, Felipe Varela y el Chacho Peñaloza. Y allí encontraban su raíz para fortalecerse en la organización y el reclamo.

Ese Angelelli multiplicado en miles de voces y brazos construyendo su propio destino era más peligroso que la violencia de las armas con que los poderosos acostumbraron a reprimir y acallar los reclamos de los desposeídos. Ese era el Obispo que necesitaban eliminar. Su crimen fue construido durante los años de su episcopado riojano, y encontró la mano ejecutora al instaurarse el terrorismo de estado. Pero no se asesina un obispo todos los días en un país que confiesa su catolicismo, hasta en su ley fundamental. Fue posible porque las cúpulas eclesiásticas abandonaron a su hermano de báculo y de mitra; y se lo entregaron en bandeja a los asesinos, que de esa forma purificaban con sangre la “civilización occidental y cristiana”. Fue el discurso del 25 de mayo de 1976 del vicecomodoro Fernando Luis Estrella, condenado a prisión perpetua por el crimen del obispo Angelelli: “Debemos adherirnos al occidentalismo cristiano…pero siempre que ese occidentalismo cristiano sea verdaderamente cristiano como Cristo quiere el mundo, y no como el hombre zorro disfrazado de oveja quiere que sea Cristo.” Con este subrayado se publicó al día siguiente. El modo de defender esos valores lo predicó el Nuncio Apostólico en Tucumán: “En ciertas situaciones la autodefensa exige tomar determinadas actitudes, y en este caso, habrá de respetarse el derecho hasta donde se puede.” (27-6-76). El crimen estaba autorizado. Y Pío Laghi no envió a Roma la carta de Mons. Angelelli del 5 de julio donde le decía que había sido “nuevamente amenazado”. La misma que encontró ahora el Papa Francisco aportándola a la causa judicial.

¿Para que sirve esta evocación? ¿Cuál es su vigencia? Las secuelas del neoliberalismo todavía exigen compromiso capaz de acompañar la marcha de los despojados, aunque los obstáculos sean poderosos. La memoria de Angelelli nos interpela recordándonos que los derechos no se obtienen por dádivas, sino por organización y lucha de los olvidados en las orillas de las ciudades o en las tierras donde viven amenazados por el arrebato. Esta memoria del obispo, pastor de tierra adentro, nos desafía a todos a “poner el oído en el pueblo”; e interpela a los que enarbolando un catolicismo ritualista, olvidan las exigencias simples y profundas del Evangelio predicado por Aquel que terminó crucificado, pero resucitó para contagiar la “vida y vida en abundancia.” (Juan,10,10).

Córdoba, 30 de julio de 2014

[1] Director de la Revista Tiempo Latinoamericano, Córdoba; y Querellante en la causa judicial por el asesinato de Mons. Angelelli. Autor de “Vida y Martirio de Mons. Angelelli”, Ed. Tiempo Latinoamericano, 2da. ed., 2006.

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