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Un intelectual cristiano en la transformación social: L. A. Gómez de Souza

09/11/2015

El cristianismo de naturaleza colonial, especialmente en las Américas, tenía además de su misión específicamente religiosa, una ineludible función social: por un lado, apaciguar a los pobres, disuadir a los revoltosos y hacerlos aceptar su condición de subordinados. Por otro lado, legitimar el poder de los gobiernos coloniales y los poderosos, y sacralizar sus decisiones políticas. Así se mantenía cierto orden que, bien analizado, era orden en el desorden, pues se fundaba en la desigualdad y en los privilegios, sin olvidar el carácter nefasto esclavista de la sociedad. A pesar de ello, no faltaron religiosos que rompieron esta alianza espuria en nombre de la libertad y de la independencia de Brasil. Es emblemática, entre otras, la figura de Fray Caneca, en Pernambuco, hombre que predicaba ideales republicanos y la autonomía de nuestro país. Fray Caneca articipó en la Revolución de Pernambuco (1817) y como líder en la Confederación de Ecuador (1822), movimientos liquidados a sangre y fuego, y fue fusilado en 1825 debido a que los verdugos se negaron a ahorcarlo
En Brasil no hubo durante siglos un laicado políticamente participativo y libertario. Pero a partir de los años 50 del siglo pasado irrumpieron muchos movimientos católicos: la JEC, la JOC, la JUC que se hacían presentes en los debates nacionales. En los años 60 surgieron otros de naturaleza claramente transformadora y revolucionaria como el AP y otros. Con el golpe militar de 1964 muchos fueron detenidos, torturados, enviados al exilio y asesinados por los organismos de represión militar.

En este contexto se inscribe la acción de un laico notable por su preparación académica en derecho, ciencias políticas y sociología, profundamente imbuido de los ideales cristianos que tradujo en el compromiso de transformar la sociedad injusta: el gaucho, y carioca por opción, Luiz Alberto Gómez de Souza.

Su libro autobiográfico Un andariego entre dos fidelidades: Religión y Sociedad (Educar/Ponteio, 2015) tiene un interés singular: no se entretiene en una narración donde él, como sujeto, proyecta su luz, sino que narra las condiciones materiales, políticas e ideológicas de las muchas realidades en las que vivió y trabajó: en Brasil, Chile, México, Francia e Italia.

Lo que caracteriza su relato es la capacidad de articular y vivir dos lealtades: la religión y la sociedad, pero filtrándolas siempre por los valores evangélicos y por una clara ética de solidaridad y compromiso con los marginados, con vistas a la transformación de las relaciones perversas que nos caracterizan.

Luiz Alberto plasma, en mi opinión, lo que es y debe ser el intelectual en el contexto del mundo de hoy: un intelectual que está siempre atento a la realidad como un todo y no sólo como un fragmento, capaz de un riguroso análisis para llegar a síntesis que iluminan y hacen avanzar la comprensión y la práctica.

Para llevar a cabo esto, el autor muestra un cierto distanciamiento necesario de la realidad para poder observarla desde una visión más elevada. El intelectual Luiz Alberto no aparece sólo como un hijo de su tiempo, sino de todos los tiempos en la medida en que analiza la realidad más allá del juego de intereses a corto plazo y busca las raíces más profundas en el pasado para hacer espacio al futuro.

Por esta razón, Luiz Alberto es un duro crítico de las modas y las ideologías fáciles en política o en religión. El lugar que eligió para pensar y actuar es la sociedad, las organizaciones populares, las comunidades eclesiales de base, donde se traba una dura lucha por la supervivencia y donde fermentan nuevas ideas y visiones. Siguiendo al inolvidable Betinho, se convenció de que las trasformaciones en nuestras sociedades complejas y dominadas por potencias antipueblo y anti-vida, sólo pueden irrumpir desde abajo, desde la sociedad. Es el sufrimiento el que te hace pensar y te permite crear. Por eso, un intelectual como Luiz Alberto es un hombre de la «segunda inocencia» (Hegel), aquel que según Gramsci, que él conoce muy bien, elabora críticamente lo que existe en cada persona.

Todo esto es la base que sustenta su compromiso histórico. Sería ingenuo imaginar que un intelectual está libre de las vinculaciones de las fuerzas sociales. Luiz Alberto hizo una clara opción por la sociedad, por las clases populares, dio la centralidad a los invisibles para que puedan aparecer y, que organizados, se convierten en fuerzas sociales de cambio. En función de eso, recorre el mundo dando cursos, asesorías, escribe libros e innumerables artículos sobre la situación histórica actual, pero siempre en la perspectiva estructural captando las tendencias más fundamentales más allá de lo meramente factual.

Soy consciente de que no he resumido el rico contenido del libro, pero he intentado captar el ductus, la inspiración básica que subyace en los distintos capítulos.

Vale la pena destacar al final del libro los diferentes retratos de personajes que han inspirado su vida, comenzando por su amada Lucia, inspiradora de tantas luces; Dom Helder con quien trabajó, Gustavo Gutiérrez, fundador de la teología de la liberación, el entrañable Betinho, su maestro Alceu Amoroso Lima y Candido Mendes, en cuya Universidad dirige el Programa de Estudios Avanzados en Ciencia y Religión.

Me siento honrado de pertenecer a su generación y celebrar con fe y utopía una cálida amistad.

* Leonardo Boff, columnista del JB online y escritor.

Traducción de MJ Gavito Milano

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