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Falta de vergüenza y ausencia de culpa en la corrupción brasilera

24/07/2016

Después del psicoanálisis, de la nueva hermenéutica y el estructuralismo no podemos seguir restringiéndonos al consciente y a los dictámenes de la razón en el análisis de los fenómenos humanos, personales y colectivos. Hay un universo pre-consciente, sub-consciente e inconsciente (personal y colectivo), subyacente a nuestras prácticas, que deben ser tenidos en cuenta.

Quiero atenerme solo a dos vertientes que influencian nuestros comportamientos: son los legados de las dos principales culturas ancestrales que subyacen a nuestro inconsciente colectivo y que nos ayudan a entender fenómenos actuales, como por ejemplo, la alucinante corrupción que atraviesa el cuerpo social brasilero: la cultura griega y la cultura judeocristiana .
De la cultura griega heredamos el sentimiento de vergüenza. El concepto correlacionado es el del héroe. Tener vergüenza para los griegos consistía en frustrarse en lo que se emprendía, tanto en la guerra como en la convivencia social. Perder una batalla constituía una vergüenza colectiva para todo un pueblo. Perder una competición en las Olimpíadas provocaba vergüenza. Triunfar y tener éxito cumplía los requisitos del héroe.

Esta categoría está presente hoy en nuestra sociedad. Es un héroe el jugador que consiguió el gol de la victoria del equipo de su predilección. Vergüenza colectiva es que Brasil perdiera 7a 1 en la Copa Mundial de futbol contra Alemania. Conseguir altos índices de crecimiento y de beneficio de una empresa hace del empresario un héroe. Perder una elección produce vergüenza.

La vergüenza tiene que ver con la imagen que proyectamos socialmente. Debe causar admiración y respeto, de lo contrario hace que las personas se avergüencen.

La otra vertiente es la de la tradición judeocristiana. La categoría central es la culpa. Generalmente atribuimos la culpa a los otros. Si fracasamos en un negocio es por culpa de la crisis económica. Si el matrimonio se deshace es por culpa del otro de la pareja. Si hay una desgracia ecológica es por culpa de los habitantes que se instalaron en áreas de riesgo. A veces ponemos la culpa en nosotros mismos, por un accidente de tráfico o por errores que producen una administración ruinosa.
La culpa alcanza la interioridad y afecta a la conciencia. La repercusión no es tanto ante los otros que tal vez no sepan lo que hicimos mal, sino ante el tribunal de la conciencia. Esta nos remite inmediatamente a Dios, pues entre la conciencia y Dios no hay mediación. Estamos directa e inmediatamente delante de Él.

La culpa nos causa remordimientos y sentimiento de culpa, que puede ocasionar un castigo.
Lo opuesto a la culpa es el sentimiento de ser justo y recto, dos conceptos definidores de una persona “justa” (santa) en el sentido bíblico.

Sentir vergüenza y darse cuenta de la culpa constituyen las bases de la consciencia ética. No tener que avergonzarse delante de los otros y no sentirse culpado delante de la conciencia y de Dios son señales de rectitud de vida y de una actitud ética correcta.

¿Cuál es nuestro problema concerniente a la escandalosa corrupción pasiva y activa de Brasil? Es la completa falta de vergüenza y ausencia de culpa de los corruptos y los corruptores ante sus acciones.

Aun sorprendidos en el acto de corrupción, oímos siempre el mismo ritornello: “no tengo culpa de nada”, “es injusto”, “soy completamente inocente”. Y se trata de personas clara y comprobadamente corruptas. Han perdido la noción total de culpa y no dan ninguna importancia a la vergüenza pública de sus actos. Siguen tranquilos y frecuentando los mejores restaurantes.
Algunas veces se oye la indignación ética con los gritos de “corrupto, ladrón”. Pero los corruptos ni se inmutan y siguen con su disfrute.

Ya Aristóteles en su Ética a Nicómaco establecía la vergüenza y el rubor del rostro como un indicativo de la presencia de una conciencia ética. Sin esa vergüenza la persona era realmente un “sin vergüenza”, un mal carácter, sin sentido de los valores.
Esa falta de vergüenza y de sentimiento de culpa se ha trasformado entre nosotros en Brasil en una especie de segunda naturaleza, convertida en una práctica usual. Por eso, casi todo el tejido social está contaminado por el virus de la corrupción, de los corruptores y de los corruptos.

Pero en los días actuales ha llegado a niveles tan escandalosos que ya no pueden ser tolerados por la sociedad y por los ciudadanos que aún guardan una conciencia ética, de lo que es recto y correcto, justo y bueno.

La corrupción como práctica personal y social, sin ser moralistas ni utópicos, tiene que ser prohibida y reducida a niveles compatibles con la condición humana decaída y corruptible. Hay que rescatar los sentimientos de vergüenza y de culpa, sin los cuales nuestros esfuerzos serán inútiles.

Leonardo Boff es articulista del JB on line, ha sido profesor de ética en la Universidad del Estado de Río de Janeiro (UERJ) y en Heidelberg en Alemania.

Traducción de MJ Gavito Milano

Leonardo Boff e articulista do JB on line y escritor

3 Comentários leave one →
  1. 30/07/2016 19:53

    Odeciomendesrocha Mendes Rocha
    3 min · Fortaleza, Ceará ·
    A MODERNIDADE TARDIA DO ORIENTE
    O Oriente não conheceu a Renascença de Galileu Galilei, permanecendo, portanto, no Feudalismo.
    O filósofo marroquino Mohramed Al-jabri foi infeliz por dizer em sua obra Crítica da Razão Árabe – em três vols.-, dizendo que a esquerda árabe não sabia marxismo, nem dialética.
    No feudalismo não poderia existir dialética, porque sua História é
    cíclica; enquanto a Modernidade é em formato de espiral.
    Mas enquanto se pensa que o Oriente é atrasado 500 anos, na prática ele é uma grande alternativa para o mundo. Disse que na práxis, eles já estão fabricando bombas nucleares – remonta ao século XX -, a revolução eletrônica está a passos largos. Basta dizer que a Índia superou os Estados Unidos em computação e toda micro eletrônica.
    O Oriente mescla-se à idade média, século XX e XXI.
    Não tardará o mundo islâmico ser a resposta para o mundo cadavérico.

  2. 31/07/2016 0:33

    Hoy en día la vertiente pedominante que influencia nuestros comportamientos es la de la neocultura que desarrolla el capitalismo contempóraneo (llamese neoliberalismo económico o globalización).
    Esta neocultura impulsa la admiración y respeto por la persona osada en transitar por los huecos de la ley con el fin de sacar provecho propio.
    A eso le llamo Barak Obama, cinismo. El cinismo que practica Wall Street, la que consumió sin pudor los impuestos de los contribuyentes durante el rescate bancario estadounidense. Lo recuerdan?
    Como bien dice usted Leonardo, la verguenza se aprende, pero también se puede desaprender. Eso hacen los codiciosos del poder económico y político. Desafortunadamente las virtudes griegas y la moral judeocristiana ya no tienen el aparato difusor de antagno para competir en el ahora mundo competitivo. El que sí lo tiene, claro, es el neoliberalismo que está carcomiendo al mundo. Un fuerte abrazo.

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