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El persistente bullying contra el PT, Lula y Dilma Rousseff

18/09/2016

Es conocido el bullyng, es decir, el acoso político y social que están sufriendo de manera persistente el PT, Lula y la expresidenta Dilma Rousseff. Una cosa es reconocer que hubo corrupción y errores políticos del PT y otra cosa es atribuir casi exclusivamente tales hechos y más a la crisis actual, al PT y a la expresidenta.

A entender este penoso fenómeno nos ayuda uno de los mayores pensadores de la actualidad, que dedicó gran parte de su obra a descifrar la agresividad humana y sus disfraces: René Girard (+2015), francés, profesor de Letras y antropólogo, que vivió en Estados Unidos. Su principal libro se titula justamente El chivo expiatorio (Le bouc émisaire, París 1982).

Constata Girad que todos los grupos así como las sociedades conocidas están atravesadas de tensiones y conflictos. El proceso civilizatorio, la educación, las leyes y las religiones proponen un punto de equilibrio que permita una convivencia mínimamente pacífica e impida que los conflictos sean destructivos.

Pero puede llegar un momento en el que los conflictos pierden las riendas y las fuerzas de lo Negativo se van acumulando, rompiendo el equilibrio mencionado. Comienzan los procesos de ruptura en las relaciones sociales y en las familias, y entre amigos; rechazos de unos a otros, deformaciones en la percepción de la realidad, difamaciones, deconstrucción de la imagen del otro, llegando incluso a un odio abierto. Los instrumentos más usados son los medios de comunicación, ya sean los periódicos, la televisión y hoy día las redes sociales de internet. Es el bullying en funcionamiento.

Lentamente surge el sentimiento de que así como se encuentra, la sociedad no puede continuar. Tiene que encontrar un nuevo equilibrio. Una de las formas, la más equivocada y persistente, es crear un chivo expiatorio. Los grupos más dominantes definen un chivo expiatorio y practican un terrible bullying contra él, para descargar todas las fuerzas de lo Negativo. Ese chivo expiatorio varía según las circunstancias históricas: pueden ser los comunistas, los sin-tierra, los pobres que ascendieron socialmente, los terroristas, los musulmanes, las izquierdas que quieren cambios estructurales y el PT entre otros.

En nuestro caso, el chivo expiatorio escogido fue y sigue siendo el PT y personalmente la expresidenta Dilma Rousseff, incluyendo al expresidente Lula. Aquel cumple una doble función: la de aplacar y la de ocultar. Toda la rabia y odio acumulados son lanzados sobre el chivo expiatorio. Él carga con todas las maldades y se le hace responsable de todos los desmanes ocurridos y de la crisis económico-financiera. Se olvidan, consciente o inconscientemente, todos los aciertos, en especial, la mayor transformación social pacífica hecha en nuestro país, que supuso la diminución de nuestra mayor vergüenza, la desigualdad social y, dicho en positivo, la integración de cerca de 40 milllones de personas, consideradas siempre peso muerto de la historia. Para el efecto de la construcción del chivo expiatorio todo eso no cuenta, en caso contrario no se cumpliría la función del chivo expiatorio de aplacar la furia colectiva. Todos se sienten libres de esta plaga, a ser exterminada, si es posible. Es la función de aplacar la carga negativa colocada sobre la víctima.

Pero hay otra función, la de ocultar. Al colocar toda culpa y todos los males sobre el PT y la expresidenta, convertidos en chivos expiatorios, esos grupos dominantes ocultan su propia perversidad y su culpa. Se presentan, farisaicamente, como paladines de la moralidad y llenos de indignación contra la corrupción. Sin embargo, haciendo honor a la verdad, justamente entre esos grupos dominantes se encuentran los mayores corruptos, corruptores y evasores de impuestos, al estilo de la FIESP (La Federación de las Indústrias del Estado de São Paulo), soporte del impeachment, la que más impuestos evade, del orden de miles de millones, como lo ha denunciado el Sindicato Nacional de la Hacienda Nacional, sin contar los casi 600 mil millones de reales brasileros que mantiene en el exterior en paraísos fiscales y en offshores.

La Biblia conoce también la figura del chivo expiatorio, sobre el cual la comunidad colocaba todas las ofensas a Yahvé y lo llevaba al desierto para que muriera allí. Lo mismo hacían los griegos, llamando chivo expiatorio a una persona o animal, phármacon, que como un remedio farmacéutico purificaba la sociedad de sus desaciertos. El cristianismo ve en la figura del cordero inmolado al que vicariamente quita los pecados del mundo, como se reza tres veces en la misa. El efecto es siempre el mismo: aplacar a la sociedad para que, rehecha, pueda equilibrar sus conflictos hasta que estos se agraven nuevamente y acaben creando algún otro chivo expiatorio.

Así funciona torpemente nuestra historia sacrificialista. Gerard ve una salida sensata: coordinar los intereses alrededor del bien común, con total transparencia e inclusión de todos, sin sacrificar a nadie. Pero reconoce que este no es el camino seguido por la mayoría de las sociedades conocidas. Lo más fácil es crear chivos expiatorios, como se practica actualmente en Brasil. Para infelicidad general.

*Leonardo Boff es teólogo y filósofo, articulista del JB online.
Traducción de Mª José Gavito Milano

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