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El hambre como desafío ético y espiritual

19/05/2017

Nada más humanitario, social, político, ético y espiritual que saciar el hambre de los pobres de la Tierra.

Un místico medieval de la escuela holandesa, John Ruysbroeck (1293-1381), decía acertadamente: «Si estuvieras en éxtasis delante de Dios y un hambriento llamase a tu puerta, deja al Dios del éxtasis y vete a atender al hambriento. El Dios que dejas en el éxtasis es menos seguro que el Dios que encuentras en el hambriento». De ahí se deriva el carácter sagrado del pobre y del hambriento.

Jesús mismo se llenó de compasión y sació con pan y pescado a cientos de personas con hambre que le seguían. En el núcleo central de su mensaje se encuentra el Padre Nuestro y el Pan Nuestro, en la famosa oración del Señor. Solamente está en la herencia de Jesús quien mantenga siempre unidos el Padre Nuestro con el Pan Nuestro. Sólo ese podrá decir Amén.

Los niveles de pobreza mundial son estremecedores. Oxfam, que mide anualmente los niveles de desigualdad en el mundo, en enero de 2017 concluyó que solo 8 personas poseen la misma renta que 3,6 mil millones de personas, es decir, cerca de la mitad de la humanidad. Tal hecho es más que la fría palabra “desigualdad”. Ético-políticamente traduce una atroz injusticia social y, para quien se mueve en el ámbito de la fe judeocristiana, esta injusticia social representa un pecado social y estructural que afecta a Dios y a sus hijos e hijas.

La pobreza es sistémica, pues es fruto de un tipo de sociedad que tiene por objetivo acumular más y más bienes materiales sin ninguna consideración humanitaria (justicia social) ni ambiental (justicia ecológica). Ella presupone personas crueles, cínicas y sin ningún sentido de solidaridad, por lo tanto en un contexto de alta deshumanización y hasta de barbarie.

En Brasil, por mucho que se haya hecho sacando al país del mapa del hambre, existen aún 20 millones de personas viviendo en extrema pobreza. Con su programa “Brasil cariñoso” la presidenta legítima Dilma Rousseff se proponía sacar a toda esta gente de esa situación inhumana.

Las interpretaciones que se dan a la pobreza son múltiples. A mí me resulta iluminadora la posición del premio Nobel de economía, el indio Amartya Sen, que creó la economía solidaria. Para él la pobreza, inicialmente, no se mide por el nivel de ingresos, ni por la participación en los bienes y servicios naturales. El economista define la pobreza en el marco del desarrollo humano que consiste en la ampliación de las libertades sustantivas, como él las llama, es decir, la posibilidad y la capacidad de producir y realizar el potencial humano productivo de su propia vida. Ser pobre es ver-se privado de la capacidad de producir la cesta básica o de acceder a ella. De esta forma siente negados los derechos de vivir con un mínimo de dignidad y la libertad básica de poder proyectar su propio camino de vida.

Ese desarrollo posee un eminente grado de humanismo y una decidida naturaleza ética. De ahí que el título de su principal obra se llame “Desarrollo como libertad”. La libertad es entendida como libertad “para” tener acceso al alimento, a la salud, a la educación, a un ambiente ecológicamente saludable, a la participación en la vida social y a espacios de convivencia y de ocio.

La Teología de la Liberación, y la Iglesia que le subyace, nació a partir de un estudio cuidadoso de la pobreza. La pobreza se lee como opresión. Su opuesto no es la riqueza, sino la justicia social y la liberación. La opción por los pobres contra la pobreza es la marca registrada de la Teología de la Liberación.

Distinguíamos tres tipos de pobreza. La primera es la de los que no tienen acceso a la cesta básica y a los servicios sanitarios mínimos. La estrategia tradicional era hacer que los que tienen ayuden a los que no tienen. De ahí nació una vasta red de asistencialismo y paternalismo. Ayuda puntualmente a los pobres pero los mantiene dependientes de los demás.

La segunda lectura del pobre afirmaba que el pobre tiene, posee inteligencia y capacidad de profesionalizarse. Con eso entra en el mercado de trabajo y arregla su vida. Esta estrategia es correcta, pero políticamente no se da cuenta del carácter conflictivo de la relación social, manteniendo a quien sale de la pobreza dentro del sistema que continúa produciendo pobres. Lo refuerza inconscientemente.

La tercera interpretación parte de que el pobre tiene y cuando toma conciencia de los mecanismos que lo hacen pobre (son empobrecidos y oprimidos), se organizan, proyectan un sueño nuevo de sociedad más justa e igualitaria, se transforman en una fuerza histórica capaz de, junto con otros, dar un nuevo rumbo a la sociedad. De esta perspectiva nacieron los principales movimientos sociales, sindicales y otros grupos concientizados de la sociedad y de las iglesias. De ellos se pueden esperar transformaciones sociales.

Por último, para la mirada de fe bíblica el pobre siempre será la imagen desfigurada de Dios, la presencia del pobre de Nazaret, crucificado, que debe ser bajado de la cruz. Al final, al atardecer de la historia universal, los pobres serán los jueces de todos, porque hambrientos, desnudos y encarcelados no fueron reconocidos como la presencia anónima del propio Juez Supremo ante el cual, un día, compareceremos todos.

Leonardo Boff es articulista del JB online y escribió: Pasión de Cristo, pasión del mundo, Sal Terrae.

Traducción de Mª José Gavito Milano

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2 Comentários leave one →
  1. Marízia Costa Carmo Lippi permalink
    19/05/2017 14:17

    Perfeita a colocação Frei Leonardo! Desafio Ético e Espiritual. Deus é Amor. Religião é Amor. Vida : “Amai-vos uns aos outros como Eu vos amei !” (Jesus Cristo).

  2. 20/05/2017 12:54

    Mientras insistamos en medir la pobreza por los ingresos monetarios seguiremos “estando al horno con papas y todo…”.
    El “Dios Dinero” no es nada mas que una ilusión sobre el cual se edifico (a sangre y fuego…) esta sociedad globalizada perversa.
    Lo único que vale social y culturalmente es la oportunidad, cantidad y calidad de los “paquetes de energía” que el hombre le “arranca” a la naturaleza como manifestación de un flujo cósmico con sus propias leyes termodinámicas
    Y su indiscutible finalidad sobre este diminuto, infinitesimal, inexistente paraje cósmico llamado Tierra: ¡¡la Vida!!

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