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Importancia de derrotar a las élites del atraso

03/12/2017

Por más críticas que se hagan y haya que hacer al PT, con él ocurrió algo inédito en la historia política del país. Alguien del piso de abajo consiguió perforar el blindaje que las clases del poder, de la comunicación y del dinero montaron durante siglos para minimizar al máximo las políticas públicas en beneficio de millones de empobrecidos. El lema era: políticas ricas para los ricos y políticas pobres para los pobres. Así estos no se rebelarían.

La verdad es que las élites adineradas nunca aceptaron que un obrero, elegido por voto popular, llegase al poder central. Es un hecho que ellas también se beneficiaron, pues la naturaleza de su acumulación, una de las más altas del mundo, ni siquiera fue tocada.

Pero permanecía aquella espina dolorosa: tener que aceptar que el lugar supuestamente de ellos fuese ocupado por alguien venido de afuera, sobreviviente de la gran tributación impuesta a los pobres, negros, indígenas, obreros durante todo el tiempo de la existencia de Brasil. El nombre de su horror es Luiz Inácio Lula da Silva.
Ahora esta élite despertó. Se dio cuenta de que estas políticas de inclusión social podrían consolidarse y modificar la lógica de su acumulación abusiva.

Como es conocido por los historiadores que leyeron y leen nuestra historia apartir de las víctimas, es el caso del mulato Capistrano de Abreu, del académico José Honório Rodrigues y del sociólogo Jessé Souza entre otros, diferente de la historia oficial, escrita siempren por mano blanca, todas las veces que las clases subalternas levantaron la cabeza buscando mejorar sus vidas, su cabeza fue pronto golpeada y los pobres reconducidos a la marginalidad, de donde nunca deberían haber salido.

La violencia en las varias fases de nuestra historia fue siempre dura, con prisiones, exilios, fusilamientos y ahorcamientos de los revoltosos y particularmente en lo que se refiere a los pobres y negros, cientos de estos últimos asesinados todavía en este año.

La política de conciliación de las clases opulentas, a contracorriente de las reclamaciones populares, detentó siempre el poder y los medios de control y represión. Y lo usaron ampliamente.

No es diferente en el actual golpe jurídico-parlamentario de 2016 que injustamente apeó del poder a la Presidenta Dilma Rousseff.

El golpe no necesitó esta vez de garrotes y de tanques. Bastó atraer a las élites adineradas, a las 270 mil personas (menos del 1% de la población) que controlan más de la mitad del flujo financiero del país, asociadas a los medios de comunicación de masas, claramente golpistas y antipopulares, para asaltar el poder del Estado y a partir de ahí hacer las reformas que los benefician absurdamente.

Brasil ocupa una posición importante en el escenario geopolítico mundial. Es la séptima economía del mundo, controla el Atlántico Sur y está frente a Africa. Esta área estaba descubierta en la estrategia del Pentágono que cuida, al sur, de la seguridad del Imperio norteamericano. Había ahí un país, llamado Brasil, clave para la economia futura basada en la ecología, que intentaba conducir un proyecto de nación autónomo y soberano, más abierto a la nueva fase planetaria de la humanidad. Tenía que ser controlado.

La Cuarta Flota que había sido suspendida en 1950 volvió a ser activada partir de los años 90 con todo un arsenal bélico capaz de destruir cualquier país oponente. Ella vigila especialmente la zona del pré-sal, donde se encuentran los yacimientos de petróleo y de gas, los más prometedores del planeta.

Según la propia estrategia del Pentágono, bien estudiada por el recién fallecido Moniz Bandeira y denunciada en Estados Unidos por Noam Chomsky, era decisivo desestabilizar los gobiernos progresistas latinoamericanos, desfigurar a sus líderes, desmoralizar la política como el mundo de lo sucio y lo corrupto y forzar la disminución del Estado en favor de la expansión y del mercado, el verdadero conductor, creen ellos, de los destinos del país. Pertenece a esta estrategia difundir el odio al pobre, al negro y a los opositores de este proyecto entreguista.

Este es el proyecto actual de las élites del atraso (al decir de Jessé Souza). No piensan en un proyecto de nación, prefieren la incorporación aunque sea subalterna al proyecto imperial. Aceptan sin mayores reticencias su recolonización para ser meros exportadores de commodities para los países centrales.

Argumentan: ¿para qué tener una industria propia y un camino propio para el desarrollo, si todo está ya construido y montado por las fuerzas que dominan el mundo?

El capital no tiene patria, solo intereses en Brasil y en cualquier parte del mundo. Estas élites del atraso se sitúan decididamente del lado del imperio y de sus intereses globales.

Detrás del vergonzoso desmantelamiento de los avances sociales con el propóstito de trasferir la riqueza de la nación y de los pobres a los ya superricos, están estas voraces élites del atraso. Están reconduciendo a Brasil a las condiciones del siglo XIX hasta con trabajo semejante al esclavo.

Bien intuía pesaroso Celso Furtado al atardecer de su vida, que las fuerzas contrarias a la construcción de Brasil como nación fuerte, vigorosa y ecuménica, podrían triunfar y así interrumpir nuestro proceso de refundación de Brasil. Basta leer sus dos libros: Brasil: la construcción interrumpida (1993) y El largo amanecer (1999).

En las próximas elecciones debemos derrotar democráticamente a estas élites del atraso, porque quieren implacablemente acabar de desmontar el Brasil social, pues no muestran ningún interés por el país ni por el pueblo, solo como oportunidad de negocios.

Si para nuestra infelicidad triunfasen, podrán arrastrar consigo a otros países latinoamericanos hacia el mismo camino fatal. Tendríamos sociedades altamente controladas, ricas por un lado y paupérrimas por otro, temblando de miedo ante la violencia que fatalmente surgiría, como está efectivamente surgiendo, con la polícia militar realizando la obra represiva de los militares en tiempo de la dictadura civil-militar de 1964.

Entonces, ¿seríamos todavía positivamente cordiales?

* Leonardo Boff es articulista del JB online y ha escrito: Brasil: concluir a refundación o prolongar a dependencia?, que será publicada proximamente por la editorial Vozes de Petrópolis.

Traducción de Mª José Gavito Milano

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L’essere umano entro i limiti di un’ecologia integrale

03/12/2017

Nella sua enciclica “la cura della Casa Comune” Papa Francesco ha sottoposto a severa critica il classico antropocentrismo della nostra cultura a partire dalla visione di un’ ecologia integrale, con al centro il cosmo. In essa l’essere umano compare come parte del Tutto e della natura. Questo ci invita a rivedere la nostra comprensione dell’essere umano nei limiti di questa ecologia integrale. Dobbiamo sottolineare che i contributi delle scienze della Terra e della vita, soggiacenti al testo papale, vengono inglobati dalla teoria dell’evoluzione ampliata. Esse ci hanno portato visioni complesse e totalizzatrici, inserendoci come un momento del processo globale, fisico, chimico, biologico e culturale.

Dopo tutte queste conoscenze ci domandiamo, non senza una certa perplessità: chi siamo, insomma, in quanto umani? Tentando di rispondere, andiamo subito al punto: l’essere umano è una manifestazione dell’Energia del Fondo, da dove tutto proviene (il vuoto Quantico o Fonte Originaria di tutto l’essere); un essere cosmico, parte di un universo, probabilmente tra altri universi paralleli, articolato in undici dimensioni (teoria delle corde); formato dagli stessi elementi fisico-chimici e dalle stesse energie che compongono ogni essere; siamo abitanti di una galassia media, una su duecento miliardi, girando intorno al Sole, che è una stella di quinta categoria, una tra altri trecento miliardi, situata a 27 mila anni luce dal centro della Via Lattea, nel braccio interiore della spirale di Orione; e abitiamo in un pianeta , la Terra, un superorganismo vivo, chiamato Gaia, che funziona come un sistema che si regola da solo.

Siamo un perno della corrente della vita, un animale del ramo degli vertebrati, sessuato, della classe dei mammiferi, dell’ordine dei primati, della famiglia degli ominidi, del genere homo, della specie sapiens/demens; dotato di un corpo di 30 miliardi di cellule e di 40 miliardi di batteri, continuamente rinnovato da un sistema genetico che si formò circa 3,8 miliardi di anni fa, l’età della vita; portatori di tre livelli di cervello con circa cento miliardi di neuroni, sorto 600 miliardi di anni fa, che risponde attraverso movimenti istintivi intorno al quale si è formato il cervello limbico, responsabile della nostra affettività, circa duecento milioni di anni fa, e infine, completato dal cervello neocorticale, sorto circa da 7-8 milioni di anni con il quale organizziamo concettualmente il mondo.

Portatore della psiche come la stessa età remota del corpo, che gli permette di essere soggetto, di avere una psiche riservata alle emozioni e attraverso la struttura del desiderio, di archetipi ancestrali e coronata dallo spirito che è quel momento della coscienza attraverso il quale percepisce di essere parte di un Tutto più grande, che lo fa sempre aperto all’altro e all’infinito; capace di intervenire sulla natura, e così di fare cultura, di creare e captare significati e valori da studiare sul senso ultimo del Tutto e della Terra oggi nella sua fase planetaria, in direzione della noosfera per la quale i cuori e le menti convergeranno in una Umanità unificata.

Nessuno meglio di Pascal (+ nel 1662) per esprimere l’essere complesso che noi siamo: “che cos’è l’essere umano nella natura? Un nulla davanti all’infinito, e un tutto di fronte al nulla, un raccordo tra il nulla e il tutto, ma incapace di vedere il nulla dal quale è stato tratto e l’infinito verso cui tende”. In questo si incrociano tre infiniti: l’infinitamente piccolo, l’infinitamente grande, e l’infinitamente complesso (Chardin). Essendo tutto questo, ci sentiamo incompleti e ancora da nascere poiché ci sentiamo pieni di virtualità. Siamo sempre nella preistoria di noi stessi. E nonostante questo, ci cimentiamo in un progetto infinito che reclama il suo oggetto adeguato, pure infinito, che siamo soliti chiamare Dio o con altro nome.

E siamo mortali. Ci pesa accogliere la morte dentro la vita e la drammaticità del destino umano. Con l’amore, con l’arte e con la fede abbiamo il presentimento che saremo trasfigurati attraverso la morte. E sospettiamo che nel bilancio finale delle cose, un piccolo gesto di amore vale più che tutta la materia e l’energia dell’universo insieme. Per questo è importante unicamente parlare, credere e sperare in Dio, che lui sarà avvertito come prolungamento dell’amore nella forma dell’infinito.

Appartiene alla specificità dell’essere umano non soltanto avvertire una Presenza, Dio, sorpassando tutti gli esseri, ma anche intrattenere con lui un dialogo di amicizia e di amore. Intuisce di essere il corrispondente all’infinito del desiderio che sente, Infinito che gli è adeguato e nel quale può trovare pace.

Questo Dio non è un oggetto come gli altri e nemmeno un’energia come le altre. Se così fosse potrebbe essere scoperto dalla scienza. Appare come quello che regge, la cui natura è Mistero, che tutto sostenta, alimenta e mantiene in esistenza. Senza di lui tutto tornerebbe a essere niente o vuoto quantico dal quale tutti gli esseri sono scaturiti. Lui è la forza con cui il pensiero pensa, ma non può essere pensato. L’occhio che tutto vede ma che non può vedere. Lui è il mistero sempre conosciuto e sempre da conoscere indefinitamente. Lui sorpassa e penetra alle viscere ogni essere umano e dell’universo. Possiamo pensare, meditare e interiorizzare questa complessa Realtà, fatta di tante realtà. Ma è in questa direzione che deve essere percepito l’essere umano. Chi è, e qual è il suo destino ultimo che si perde nell’inconoscibile, sempre in qualche modo conoscibile, che è lo spazio del Mistero di Dio o del Dio del Mistero. Per questo è come un‘equazione che mai si chiude e che rimane sempre aperta. Chi ci rivelerà chi siamo?

*Leonardo Boff è columnist del JB Online
Traduzione di Romano Baraglia e Lidia Arato

La concepción del ser humano en el marco de una ecología integral

28/11/2017

En su encíclica sobre “el Cuidado de la Casa Común” el Papa Francisco sometió a una rigurosa crítica el clásico antropocentrismo de nuestra cultura a partir de una visión de ecología integral, cosmocentrada, dentro de la cual el ser humano aparece como parte del Todo y de la naturaleza. Esto nos invita a revisar nuestra comprensión del ser humano en el marco de esta ecología integral. Cabe subrayar que las contribuciones de las ciencias de la Tierra y de la vida subyacentes al texto papal vienen englobadas en la teoría de la evolución ampliada. Ellas nos han traído visiones complejas y totalizadoras, insertándonos como un momento del proceso global, físico, químico, biológico y cultural.

Después de todos estos conocimientos nos preguntamos, no sin cierta perplejidad: ¿quiénes somos, al final, en cuanto humanos? Intentando responder diríamos: el ser humano es una manifestación de la Energía de Fondo, de donde todo proviene (Vacío Cuántico o Fuente Originaria de todo Ser); un ser cósmico, parte de un universo, posiblemente entre otros paralelos, articulado en once dimensiones (teoría de las cuerdas), formado por los mismos elementos físico-químicos y por las mismas energías que componen todos los seres; somos habitantes de una galaxia media, una entre doscientos mil millones y de un planeta que circula alrededor del Sol, una estrella de quinta categoría, una entre otras trescientas mil millones, situada a 27 mil años luz del centro de la Vía Láctea, en el brazo interior de la espiral de Orión; que vive en un planeta minúsculo, la Tierra, considerada un superorganismo vivo que funciona como un sistema que se autorregula, llamado Gaia.

Somos un eslabón de la cadena de la vida; un animal de la rama de los vertebrados, sexuado, de la clase de los mamíferos, del orden de los primates, de la familia de los hominidas, del género homo, de la especie sapiens/demens, dotado de un cuerpo de 30 mil millones de células y 40 mil millones de bacterias, continuamente renovado por un sistema genético que se formó a lo largo de 3.800 millones de años, la edad de la vida; que tiene tres niveles de cerebro con cerca de cien mil millones de neuronas: el reptiliano, surgido hace 300 millones de años, que responde de los movimientos instintivos, en torno al cual se formó el cerebro límbico, responsable de nuestra afectividad, hace 220 millones de años, y completado finalmente por el cerebro neo-cortical, surgido hace unos 7-8 millones de años, con el que organizamos conceptualmente el mundo.

Portador de una psique con la misma ancestralidad del cuerpo, que le permite ser sujeto, psique ordenada por emociones y por la estructura del deseo, de arquetipos ancestrales, y coronada por el espíritu que es aquel momento de la conciencia por el cual se siente parte de un Todo mayor, que lo hace siempre abierto al otro y al infinito; capaz de intervenir en la naturaleza, y así de hacer cultura, de crear y captar significados y valores y de preguntarse sobre el sentido último del Todo y de la Tierra, hoy en su fase planetaria, hacia la noosfera, por la cual mentes y corazones confluirán en una Humanidad unificada.

Nadie mejor que Pascal (Ϯ1662) para expresar el ser complejo que somos: “¿Qué es el ser humano en la naturaleza? Una nada delante del infinito, y un todo ante la nada, un eslabón entre la nada y el todo, pero incapaz de ver la nada de donde viene y el infinito hacia donde va. En él se cruzan los tres infinitos: lo infinitamente pequeño, lo infinitamente grande y lo infinitamente complejo (Chardin). Siendo todo eso, nos sentimos incompletos y todavía naciendo pues nos percibimos llenos de virtualidades. Estamos siempre en la prehistoria de nosotros mismos. Y a pesar de ello experimentamos un proyecto infinito que reclama su objeto adecuado, también infinito, que solemos llamar Dios o con otro nombre.

Y somos mortales. Nos cuesta acoger la muerte dentro de la vida y la dramaticidad del destino humano. Por el amor, por el arte y la fe presentimos que nos transfiguramos a través de la muerte. Y sospechamos que en el balance final de las cosas, un pequeño gesto de amor verdadero e incondicional vale más que toda la materia y la energía del universo juntas. Por eso, sólo vale hablar, creer y esperar en Dios si Él es sentido como prolongación del amor, en forma de infinito.

Pertenece a la singularidad del ser humano no sólo aprehender una Presencia, Dios, pasando a través de todos los seres, sino entablar con Él un diálogo de amistad y de amor. Intuye que Él es el correspondiente al deseo infinito que siente, Infinito que le es adecuado y en el que puede reposar.

Ese Dios no es un objeto entre otros, ni una energía entre otras. Si así fuera podría ser detectado por la ciencia. Comparece como aquel soporte, cuya naturaleza es Misterio, que todo sostiene, alimenta y mantiene en la existencia. Sin Él todo volvería a la nada o al Vacío Cuántico de donde irrumpió cada ser. Él es la fuerza por la que el pensamiento piensa, pero que no puede ser pensada. El ojo que ve todo pero que no puede verse. Él es el Misterio siempre conocido y siempre por conocer indefinidamente. Él atraviesa y penetra hasta las entrañas de cada ser humano y del universo.

Podemos pensar, meditar e interiorizar esa compleja Realidad, hecha de realidades, pero es en esa dirección como debe ser concebido el ser humano. Quien es y cuál es su destino final se pierde en el Incognoscible, siempre de alguna manera cognoscible, que es el espacio del Misterio de Dios o del Dios del Misterio. Somos seres siendo sin cesar. Por eso es una ecuación que nunca se cierra y que permanece siempre abierta. ¿Quién revelará quiénes somos? No lo sabemos, pero lo intuimos: un proyecto infinito que sin descanso busca encontrar su Objeto adecuado, que encontrado, puede  finalmente descansar. Y entonces no preguntará más nada sobre si mismo por que todo llegó a su culminancia y plenitud.

*Leonardo Boff es articulista del JB online, filósofo, teólogo y escritor.

Traducción de Mª José Gavito Milano

 

É importante derrotar as elites do atraso

25/11/2017

Por mais críticas que se façam e se tenha que fazer ao PT, com ele ocorreu algo inédito na história política do país. Alguém do andar de baixo conseguiu furar a blindagem que as classes do poder, da comunicação e do dinheiro, por séculos, montaram, para minimizer ao máximo políticas públicas em benefício de milhões de empobrecidos. O mote era: políticas ricas para os ricos e políticas pobres para os pobres. Assim estes não se rebelariam.

A verdade é que as elites endinheiradas nunca aceitaram um operário, eleito por voto popular e chegar ao poder central. É fato que elas também se beneficiaram, pois a natureza de sua acumulação, uma das mais altas do mundo, sequer foi tocada.

Mas permanecia aquele espinho dolorido: ter que aceitar que o lugar supostamente deles, fosse ocupado por alguém vindo de fora, sobrevivente da grande tribulação, imposta aos pobres, negros, indígenas, operarios durante todo o tempo da existência do Brasil. O nome de seu horror é Luiz Inácio Lula da Silva.

Agora esta elite despertou. Deu-se conta de que estas políticas de inclusão social poderiam se consolidar e modificar a lógica de sua abusiva acumulação.

Como é conhecido pelos historiadores que leram e leem a nossa história a partir das vítimas, como é o caso do mulato Capistrano de Abreu, do acadêmico José Honório Rodrigues e do sociólogo Jessé Souza entre outros, diferente da história oficial, sempre escrita pela mão branca, todas as vezes que as classes subalternas ergueram a cabeça, buscando melhorar a vida, esta cabeça foi logo golpeada e os pobres reconduzidos à margem, de onde nunca deveriam ter saído.

A violência nas várias fases de nossa história, foi sempre dura, com prisões, exílios, fuzilamentos e enforcamentos ao revoltosos e particularmente com referência aos pobres e negros, este últimos centenas deles assassinados ainda neste ano.

A politica de conciliação entre si das classes opulentas, à revelia dos reclamos populares, sempre detiveram o poder e os meios de controle e repressão. E o usaram vastamente.

Não é diferente no atual golpe jurídico-parlamentar de 2016 que injustamente apeou do poder a Presidenta Dilma Rousseff. O golpe não precisou mais de cassetetes e de tanques. Bastou aliciar as elites endinheiradas, as 270 mil pessoas (menos de 1% da populace) que controlam mais da metade do fluxo financeiro do país, associdas aos meios massivos de comuinicação, claramente golpistas e anti-populares, para assaltar o poder de Estado e a partir daí fazer as reformas que os beneficiam absurdamente.

O Brasil ocupa uma posição importante no cenário geopolítico mundial. É a sétima economia do mundo, controla o Atlântico Sul e está voltada para a Africa. Esta área, na estratégia do Pentágono que cuida, ao sul, pela segurança do Império norte-americano, estava a descoberto. Havia aí um país, chamado Brasil, chave para a economia futura, baseada na ecologia, que tentava conduzir um projeto de nação autônomo e soberano, mas aberto à nova fase planetária da humanidade. Precisava ser controlado.

A Quarta Frota que fora suspensa em 1950, voltou a partir dos anos 90 a ser ativada com todo um arsenal bélico, capaz de destruir qualquer país oponente. Ela vigia especialmente a  zona do pré-sal, onde se encontram as jazidas de petroleo e de gás, as maispromissoras do planeta.

Consoante a própria estratégia do Pentágono, bem estudada pelo recém falecido Moniz Bandeira e denunciada nos EUA por Noam Chomsky, era decisivo desestabiizar os governos progressitas latino-americanos, desfigurar suas lideranças, desmoralizar a política como o mundo do sujo e do corrupto e forçar a diminuição do Estado em favor da expansão do mercado, o verdadeiro conductor, creem eles, dos destinos do país. Pertence à esta estratégia difundir o ódio ao pobre, ao negro e aos opositores deste  projeto entreguista.

Pois este é o projeto atual das elites do atraso (no dizer de Jessé Souza). Não pensam num projeto de nação, preferem uma incorporação, mesmo subalterna, ao projeto imperial. Aceitam, sem maiores reticências, a sua recolonização para serem meros esportadores de commodities para os países centrais.

Argumentam: para que termos uma indústria própria e um caminho próprio para o desenvolvimento, se tudo já está construído e montado pelas forças que dominam o mundo? Para que reinventar a roda? Esquecem que sem um projeto nacional com sua indústria própria e sua forma de realizar o desenvolvimento social se confere dignidade, autonomia e grandeza ao país. Ademais, ele não apenas copia, senão que cria através de nossos centros de pesquisa que, em algumas áreas, são pioneiros no mundo. Por isso há estudantes europeus e norte-americanos que vêm estudar em nossos centros acadêmicos.

O capital não tem pátria, apenas interesses no Brasil e em qualquer parte do mundo. Estas elites do atraso colocam-se decididamente do lado do Império e de seus interesses globais.

Atrás do vergonhoso desmonte dos avanços sociais com o propósito de transferir a riqueza da nação e dos pobres para os já super-ricos, estão estas vorazes elites do atraso. Estão reconduzindo o Brasil às condições do século XIX até com trabalho semelhante ao escravo.

Bem intuíu, pesaroso, Celso Furtado no entardecer de sua vida, que as forças contrárias à construção do Brasil como nação forte, vigorosa e ecumênica, poderiam triunfar e destarte interromper o nosso processo de refundação do Brasil. Basta ler seus dois livros: Brasil: a construção interrompida (1993) e o outro O longo amanhecer (1999).

Nas próximas eleições devemos derrotar democraticamente estas elites do atraso, porque querem implacavelmente acabar de desmontar o Brasil social, pois não mostram nenhum interesse pelo país e pelo destino do povo, apenas na medida em que cria oportunidades de negócios.

Se por nosso infelicidade, triunfarem, poderão levar consigo outros países latino-americanos para o mesmo caminho fatal. Teríamos sociedades altamente controladas, ricas por um lado e paupérrimas por outro, tremendo com medo da violência que fatalmente surgeriria como está efetivamente surgindo com a polícia militar fazendo a obra repressiva dos militares no tempo da ditadura civil-militar de 1964.

Então, seríamos ainda positivamente cordiais? Que a lucidez do povo nos livre deste desastre.

Leonardo Boff é articulista do JB on line e escreveu: Brasil: concluir a refundação ou prolongar a dependência? a sair em breve pela Vozes de Petrópolis.

Um novo paradigma para a análise de conjuntura: Pedro A.Ribeiro de Oliveira

23/11/2017

 

Pedro A.Ribeiro de Oliveira é um excelente sociólogo com uma sólida formação acadêmica, seja no Brasil, seja em Louvain onde se doutorou. Tem sempre unido reflexão teórica com contactos orgânicos com as bases da sociedade. Coordena o movimento Fé e Política, que em suas sessões reune algumas centenas de pessoas para articularem melhor a fé com a política, o sentido de sua transformação. Poucos são os sociólogos que em suas análises de conjuntura inserem o fator Terra. Isso é um vazio lamentável. O objeto da sociologia não pode se restringir às sociedades com todas as suas relações. Deve inserir a Terra viva, suporte de todos os projetos. Na crise econômica de 1929 e em outras subsequentes, se partia do pressuposto de que a Terra detinha todos os bens e serviços necessários para a manutenção e expansão da vida. Dava-se isso por descontado. Hoje a realidade mudou: a Terra mostrou-se um planeta pequeno, limitado, com recursos excassos, incapaz de suportar um projeto de crescimento ilimitado. O fato de ocorrer o aquecimento global e tantos eventos extremos (terremotos, estiagens prolongadas,  degelo das calotas polares, frequência maior de tufões e mudanças climáticas inegáveis) demonstram que a Terra, Casa Comum está ficando doente e perdendo sustentabilidade. Se não cuidarmos de seu equilíbrio e não contivermos nossa voracidade depredadora de seus escassos bens e serviços, poderemos, num futuro não muito distante, conhecer graves tragédias ecológico-sociais. Foi com esta consciêcia que Pedro Ribeiro, um dos primeiros no país de operar esta mudança  paradigmática, introduziu a Terra viva como dado a ser tomado em conta em qualquer análise que fizermos. Temos a ver com um dado sistêmico, vale dizer, afeta todos os sistemas da realidade, dos saberes e das políticas nacionais e mundiais. Esse texto do autor, límpido e didático, poderá nos ajudar a  seguirmos o mesmo caminho de análise, ganhando mais concretude em nossa leitura da realidade eco-sócio-econômica: Lboff

Apresentação

A percepção da espécie humana como força capaz de impactar significativamente a superfície da Terra e seus processos vitais levou importantes cientistas a propor a hipótese do antropoceno. Embora não haja consenso sobre ela, nem sobre o início dessa era geológica, assumo como ponto de partida que em meados do século 20 a Terra já estava em pleno antropoceno. Isso deveria provocar enorme mudança em nosso método de análise de conjuntura, que até então podia desconsiderar as relações entre a espécie e o ambiente por não afetarem significativamente os processos históricos das sociedades humanas. Tal mudança metodológica, porém, ainda não ocorreu, apesar de algumas tentativas nesse sentido. A proposta aqui apresentada é mais uma tentativa de ampliar o horizonte temporal e espacial da análise de conjuntura, para nela incluir as relações entre a nossa espécie e o Planeta em que vivemos.

  1. A espécie homo sapiens e seu impacto na Terra

O surgimento do homo sapiens deve ter ocorrido entre 200 e 300 mil anos, certamente na África, de onde iniciou sua migração para outros continentes entre os anos 100.000 e 20.000 AEC (antes da era comum). Formou pequenas sociedades caçadoras-coletoras que, beneficiadas pela estabilização do clima após a última glaciação (10.000 AEC), passaram a fixar-se em territórios onde iniciaram a domesticação de plantas e animais. A hipótese mais difundida é que até então não havia a dominação patriarcal e as relações de gênero variavam de uma sociedade para outra (matri ou patrilineares). É com a revolução neolítica, que dá origem às sociedades agrícolas e pastoris que, juntamente com a domesticação dos animais se dá a domesticação das mulheres. A partir de 5.000 AEC, com a criação das primeiras cidades, começam a se constituir impérios na Ásia, África, Europa e América, com relações geralmente turbulentas. Novidade relevante é a constituição do sistema-mundo, a partir da Europa, no “longo século 16”, porque nele a dominação não passa necessariamente pela conquista militar, mas por relações de trocas assimétricas. Aí situa-se a grande colonização europeia, com a conquista da África, da América, da Ásia e da Oceania, e a submissão de seus povos à civilização ocidental-cristã e seu modo de produção e consumo.

A expansão europeia por meio do sistema-mundo regido pelo mercado cada vez mais submetido ao capital dá início ao processo de destruição ambiental, cultural e humana (escravismo) que vai culminar na globalização atual. A revolução industrial em meados do século 18 acelera aquele processo com o uso de energias fósseis, a produção de materiais artificiais (como plástico, concreto, alumínio etc) que a natureza não consegue reciclar, e a energia nuclear e seus resíduos. Em 1945 o crescimento econômico acelera-se em todo o mundo, até a crise de 1974. É nessa época que se constitui a juventude como categoria social distinta das demais por seu padrão de consumo e sua liberdade (porque seu ingresso na idade adulta é adiado). A partir de então diminui o ritmo, mas não o crescimento absoluto da produção, hoje consumida por 7,4 bilhões de pessoas. (Para efeito de comparação, outras espécies de grandes mamíferos são as domesticadas: bovinos, ovinos e caprinos que perfazem menos de 4 bilhões de cabeças). Atravessamos hoje a 6ª grande extinção de espécies da Terra.

É conveniente fazer essa brevíssima história da nossa espécie, porque temos muita dificuldade de perceber nossa temporalidade. Para nós, dois séculos é o tempo que o indivíduo normalmente consegue perceber (três gerações antes e três gerações depois dele); já a temporalidade da Terra se mede em milênios. O que para Terra é ritmo acelerado, para nós parece ser lentíssimo, quase estagnado. Por isso temos dificuldade de perceber fenômenos evidentes como:

  • Aumento da área de degelo do Ártico
  • Aumento da desertificação (solos e mar)
  • Aumento do nível dos oceanos (Bangladesh)
  • Aumento de eventos climáticos extremos
  • Morte de rios (São Francisco)
  • Diminuição das áreas de florestas > savanização

Embora especialistas alertem para o risco de aquecimento em espiral devido ao metano liberado pela tundra, o degelo polar e o desmatamento, parecemos não acreditar que o clima que há 12 mil anos é favorável à nossa espécie possa mudar substancialmente. Cabe portanto um alerta drástico: 2020 é a data-limite para se evitar a grande catástrofe climática. Este foi o alerta dado pela conferência do clima, em Paris, em 2016: se até lá não forem cortadas as emissões de carbono na atmosfera, o aquecimento ultrapassará 1,5º C, e fugirá do controle humano. O problema é que até agora as emissões não foram cortadas… Ao contrário, voltaram a aumentar. As grandes corporações e grupos financeiros que sustentam no governo Trump, Temer e outros irresponsáveis estão a pavimentar o caminho para a catástrofe enquanto o mundo se cala.

A catástrofe ambiental afetará principalmente as populações mais pobres e mais vulneráveis, como mulheres, crianças e jovens. Para o sistema capitalista, porém, ela abrirá a oportunidade de sua renovação pela destruição criativa. (É a “doutrina do choque” de que fala Naomi Klein). Preventivamente, a economia verde é apresentada como solução: a pretexto de evitar o aumento dos danos ambientais pelo mecanismo da precificação (quem causar danos pagará por eles) ela abre o caminho para a privatização de bens comuns (como a água, florestas e conhecimentos tradicionais) fazendo deles objeto de aplicação do capital e assim concentrando a riqueza.

Por isso termino esta parte citando J. M. Vigil: “Se simplesmente não fazemos nada – ainda que seja não deixar de falar no assunto – a catástrofe está garantida. Continuar tendo medo em dizê-lo é um erro”. (Agenda latino-americana e mundial 2017, p. 33).

  1. 2008: a crise de longa duração do sistema-mundo

O item anterior deve ter-nos feito entender que crise climática não é fenômeno meteorológico, mas resultado do modo de produção e consumo que rege o sistema-mundo. Por essa razão, sua solução só pode vir por outra política econômica (mundial). Vamos focar então o sistema-mundo regido pelo modo de produção capitalista.

A relação desse modo de produção com o ambiente – tratado como mera fonte de recursos naturais – segue o roteiro de extrair > transformar > consumir > descartar. (Note-se a diferença com as outras espécies vivas, que também extraem, consomem e descartam, mas só muito gradualmente transformam o ambiente). É enorme a quantidade de riqueza assim produzida, devido aos avanços da tecnociência. Segundo Ladislau Dowbor, se a produção mundial total fosse igualmente repartida, teríamos “cerca de R$ 11 mil de bens e serviços por mês por família de quatro pessoas”. O mesmo valeria para a economia brasileira, que está exatamente na média mundial. A realidade, porém, é de grande concentração de riqueza: 147 grupos controlam 40% do sistema corporativo mundial, sendo 75% deles bancos. Escapam ao controle governamental pelo uso de paraísos fiscais (US$20 tri, dos quais US$520 bi saídos do Brasil) e são os principais financiadores dos organismos internacionais que seriam a única instância capaz de controlá-los. Resultado é que 1% dos habitantes da Terra detêm riqueza igual àquela dos 99% restantes, e 8 homens têm riqueza igual a de metade da população mundial. Esse gigantismo das corporações transnacionais não impede, porém, que esteja em curso uma crise de grandes proporções.

Tudo indica que chegou ao fim o ciclo de acumulação puxado pelos EUA desde o início do século 19 e que esta é uma nova crise de longa duração. Essas crises são bem conhecidas[1]: caracterizam-se pela financeirização do capital (torna-se mais lucrativo emprestado do que investido na produção) e marcaram a transição do polo capitalista de um país para outro: de Gênova (sec. 15) para Amsterdã (sec. 16-17), depois Londres (sec.18-19), e atualmente Nova Iorque. Há sinais de que neste século 21 o polo vai se transferir para Pequim, onde o capitalismo poderia retomar seu desenvolvimento baseado na economia verde.

Nesse contexto situa-se a crise de época que analisaremos no item seguinte. Antes, porém, devemos destacar dois componentes da atual crise do sistema-mundo: o clima de guerra e o impasse ecológico da economia global.

  • A história das transições no interior do sistema-mundo mostra que elas só se tornam viáveis ao substituir as formas de produção vigentes por novas formas capazes de dar mais vigor ao capital. É o que os economistas chamam de “destruição criativa”, que combina destruição – e sua forma mais eficaz é a guerra – e criatividade na geração da nova forma de produção. Assim foi, por exemplo, a criação da bolsa de valores em Amsterdam, a revolução industrial na Inglaterra, e o new deal nos EUA. O problema é que o advento das armas nucleares multiplica tanto a capacidade destrutiva da guerra que ela ameaça a própria sobrevivência da espécie humana. Não é sem motivo que o papa Francisco refere-se à atualidade como a da Terceira Guerra Mundial “em capítulos”. São guerras localizadas, ditas de baixa intensidade porque envolvem pequenas potências (p. ex. Qatar, Coreia do Norte, Síria, Ucrânia, Irã) mas respaldadas pelas grandes potências. A política externa de Trump só faz aumentar o risco de expansão dessas guerras. Além delas, uma nova forma é a guerra de 4ª geração que visa destruir o inimigo por meio de aparelhos de informação, do Judiciário, do Ministério Público e de acordos multilaterais (contra as drogas, o terrorismo, a corrupção, ou em defesa de Direitos Humanos ou da Democracia). A criação da Agência Nacional de Segurança dos EUA após os atentados de 11/set. 2001 possibilitou o controle das informações que circulam por internet colocando-as a serviço de sua Política Externa. (Denúncia de Snowden e Assange). O uso da informação (inclusive a pós-verdade e os fake news) permite a destruição do inimigo quase sem intervenção das Forças Armadas.
  • O impasse ecológico reside numa evidência incontestável: a economia capitalista do sistema-mundo só produz resultados positivos quando cresce. O problema é que o crescimento econômico atual ultrapassou os limites de reposição da Terra. E ela não cresce. A tecnociência promete encontrar saída, mas até agora tem devorado as matérias-primas do Planeta, transformando-as em objeto de compra e venda, e nada indica que parará de fazê-lo enquanto não esgotar todos os recursos potenciais (como o petróleo do pré-sal ou do Ártico, as minas da Amazônia ou as fontes hídricas do Cerrado). Diante dessa realidade, toda projeção de futuro torna-se uma grande interrogação porque uma catástrofe climática destruiria não somente o modo de produção e consumo capitalista como grande parte da espécie humana. E a Laudato si’ de Francisco ainda é voz que clama no deserto, sem o respaldo massivo dos cristãos.
  1. Crise de direção intelectual e moral.

Crise de época foi a expressão foi usada no documento dos bispos católicos da América Latina e Caribe (Documento de Aparecida, de 2007) para sinalizar a gravidade do momento histórico atual. Ela quer enfatizar que está terminando a época histórica na qual a civilização ocidental cristã impôs sua hegemonia ao mundo. De fato, a crise financeira de 2008 sinaliza que neste século 21 o polo vai se transferir para a Ásia (Pequim), onde o capitalismo poderia retomar seu desenvolvimento tendo por base a economia verde. Essa transferência de centro do sistema-mundo para a China – e não se pode esquecer a Índia – implica também a perda de hegemonia da civilização europeia de origem greco-romana que se expandiu pelo mundo sob a forma de sistema-mundo. A Europa – acrescida dos EUA, o “extremo Ocidente” – e sua cultura dá sinais claros de decadência, perdendo gradativamente a função exercida nos últimos cinco séculos: imprimir a direção intelectual e moral do conjunto da população humana. Em reação a essa perda de hegemonia, o pensamento liberal recrudesce e tenta esmagar qualquer pensamento alternativo, como se retorno ao passado e a eliminação da oposição pudesse fazê-lo sobreviver.

É gigantesca a quantidade de informações hoje difundidas no mundo por meio da internet e outros meios de comunicação de massa, mas o excesso de informações resulta em anulação da informação e pode piorar a qualidade do conhecimento. Embora a produção científica, cada vez mais especializada, desvende os segredos da natureza e da história humana, ela é incompreensível para o grande público, que se torna dependente das interpretações oferecidas pela mídia. Quem é incapaz de distinguir informações falsas das verdadeiras, ingenuamente consome fake-news e produtos da propaganda. Por isso fala-se hoje da pós-verdade: diante de informações as mais diversas, a pessoa tender a aceitar como verdadeiro aquilo que corrobora sua opinião. A complexidade das modernas sociedades só reforça essa dificuldade de discernir. A experiência do indivíduo – que ignora a complexa teia de relações envolvidas na produção e distribuição dos bens que consome – mostra que tudo que ele necessita encontra-se no mercado e que tendo dinheiro suficiente terá tudo que desejar. É a forma atual de alienação: ignora-se os processos de funcionamento dos sistemas social, econômico, político e ecológico, mas essa ignorância não faz diferença na vida cotidiana. Cabe aqui referência especial à juventude: criada no ambiente virtual da internet, tende a considera-lo como se natural fosse. Daí sua dócil aceitação do pensamento liberal embutido na propaganda e difundido pelas redes sociais de forma atraente (até um Bolsonaro faz sucesso).

Esse pragmatismo do pensamento, que vê o mercado como algo tão natural quanto a lei da gravidade (já dizia Delfim Netto), representa o triunfo do pensamento liberal que justifica o modo de produção e consumo capitalista. Seus valores – progresso, liberdade individual, competitividade, intocabilidade da propriedade e dos contratos, eficiência etc – continuam a dominar o imaginário/ideário ocidental moderno. Em contrapartida, valores contestatários de justiça social, socialismo, democracia, igualdade, humanismo e outros já não mais ameaçam a ordem estabelecida. A própria religião, relegada ao foro privado, nada mais tem a dizer diante desse mundo ordenado pela lógica do capital. As vozes proféticas não ganham repercussão, enquanto fazem sucesso as religiões que prometem prosperidade, curas e proteção individual.

Nesse contexto entende-se a pertinência da afirmação do bilionário estadunidense Warren Buffet: “A luta de classes existe e a minha classe está ganhando”. Agora em situação de vantagem, essa classe dos grandes ricos propõe a paz, entendida como fim da luta dos oprimidos e oprimidas e não como harmonia social baseada no triunfo da justiça. Um poema catalão citado por D. Pedro Casaldáliga bem expressa essa derrota das classes oprimidas no plano das ideias: “Combatentes derrotados de uma causa invencível”.

  1. Brasil: o golpe de 2016.

É preciso situar o golpe de 2016 no Brasil no contexto de realidades mais amplas – a Terra, o sistema-mundo e o fim de hegemonia do Ocidente – para entender seu significado histórico.

As grandes corporações mundiais têm o objetivo estratégico de garantir suas fontes de energia e de matérias-primas a baixo custo, para fazer face à financeirização do capital. Esse interesse associa-se ao objetivo estratégico dos EUA de impedir avanço da China no Continente. Embora os governos de Lula e Dilma não fossem obstáculo a esses objetivos, tampouco se alinhavam automaticamente aos rumos definidos pelos EUA, como mostram a política externa de abertura ao Sul (o chamado Terceiro Mundo) e a parceria econômica com a China. Aí reside, em meu entender, a razão principal do golpe de 2016, da mesma estirpe dos golpes contra M. Zelaya em Honduras (2009), F. Lugo no Paraguai (2012), e as sucessivas tentativas de tirar N. Maduro na Venezuela. (Argentina só não sofreu golpe porque ao eleger Macri aceitou favorecer as grandes corporações).

O processo golpista teve seu início durante as mobilizações sociais de junho de 2013, quando a resposta negativa do Governo às demandas populares abriu o caminho para os grupos organizados para derrubá-lo assumirem a voz das ruas. É relevante o papel da grande mídia e de ONGs tipo MBL e Vem pra rua que contam com financiamento externo (entre outros, o bilionário brasileiro Jorge. P. Lemann). A crise econômica artificialmente estimulada em 2014/16 para desestabilizar o governo Dilma, incapacitada de encontrar uma saída resposta eficaz, foi o estopim do processo que culminou com o impeachment em abril de 2016. Foi então usado o método da guerra de 4ª geração, já referida[2].

É preciso destacar que o golpe teve por objetivo romper o pacto social que gerou a ordem constitucional de 1988 para dar resiliência ao projeto elitista das classes dominantes. Vejamos brevemente o que é isso.

  • A desigualdade social no Brasil expressa-se pela concentração da renda e da riqueza.

Quanto à renda, são expressivos os dados da Receita Federal de 2013: do total de 26.500.000 declarantes, 208.000 declararam renda igual ou superior a 80 salários-mínimos / mês (= R$75.000 hoje) e 71.500 declararam renda igual ou superior a 160 salários mínimos mês (= R$150.000 hoje). Se fossem considerados os rendimentos não declarados, ficaria ainda maior a sua concentração em mãos de uma minoria privilegiada. Os 5% mais ricos abocanham o mesmo que os outros 95%

Também acentuada é a concentração da riqueza: 1% da população concentra 48% da riqueza nacional e 10% têm 74%. Na ponta estão 31 bilionários (em 2016; eram 10 em 2000). Em 2017: os 6 maiores bilionários do País juntos possuíam riqueza equivalente à da metade mais pobre da população. Na outra ponta está a população em condições de extrema pobreza: 8,5 milhões de pessoas vivendo com até R$140 mensais (estimativa para 2017).

  • As classes dominantes têm um projeto histórico elitista contrário ao projeto de Nação.

Herdeiras da casa-grande escravista e detentoras do poder de Estado (por eleição e por corrupção), elas se compõem no jogo político excluindo as forças que postulam a necessidades de reformas estruturais (v.g. agrária, política, fiscal, urbana etc). Detém o capital que controla as empresas e os meios de comunicação de massa. São, porém, submissas às metrópoles neocoloniais (empresários aceitam ser gerentes do capital externo). Contam com a cumplicidade de economistas e pensadores (institutos como Casa das Garças, Millenium e outros) e têm forte presença no Judiciário e nos altos postos de poder que dependem de concurso público (que exigem muito estudo). Sua hegemonia cultural e religiosa, que fora abalada durante a ditadura empresarial-militar de 1964-84, está sendo recuperada por intelectuais que se assumem de direita e têm forte penetração na grande mídia e nas redes sociais. Conquistou a conivência da maioria das Igrejas evangélicas e do setor majoritário da Igreja católica ao reforçar propostas conservadoras no campo da moral sexual e familiar e manter as isenções fiscais para instituições religiosas. Enfim, sua tranquilidade é assegurada pela polícia e pela segurança privada (inclusive milícias) e habita espaços exclusivos (condomínios fechados, alphavilles, resorts, Miami, Portugal etc).

  • A ruptura do pacto social que está na base da Constituição de 1988.

Golpe uniu diferentes setores da sociedade brasileira: empresários e ruralistas que propunham reformas neoliberais para recuperar ou aumentar a taxa de lucro, políticos profissionais que queriam estancar a Lava-jato e livrar-se de Lula e do PT, setores da pequena burguesia temerosos da ascensão econômica dos pobres, igrejas cristãs em oposição a propostas inovadoras na legislação referente ao aborto, às drogas, políticas de gênero e ensino laico. Na prática, o regime político tornou-se na parlamentarista devido à fragilidade do poder executivo, embora seja este o Parlamento mais ilegítimo desde 1984: H. Meireles concentra poderes semelhantes ao de primeiro-ministro apoiado pela maioria absoluta da Câmara e do Senado. Assim vai-se colocando em prática o projeto do PMDB “uma ponte para o futuro”, de 2015. Hoje desmorona a coalizão que possibilitou o golpe e cada setor busca tirar o maior proveito que consegue, mas não aparece quem tenha a respeitabilidade moral exigida para exercer o governo da república. Agrava-se a situação política devido à desmoralização que atinge os três Poderes. Desenha-se então uma intervenção militar como se ela fosse capaz de encontrar a saída para a crise das instituições republicanas. Nesse contexto, o projeto das classes dominantes para 2018 é manter as aparências da democracia sem perder o controle do governo e do Estado. Em caso de risco de derrota, serão suprimidas as eleições.

  1. Brasil: as classes populares diante e após o golpe de 2016.

O golpe pegou a maioria das Organizações e Movimentos populares – com exceção daqueles que tinham feito oposição aos projetos de Lula e Dilma – mais próximos dos órgãos de governo do que do cotidiano vivido nas bases. Esse efeito do lulismo enfraqueceu a resistência ao golpe, porque as classes populares pouco se mobilizaram contra ele (diferentemente dos setores médios, que se mobilizaram massivamente sob o comando do MBL, Vem pra rua, FIESP e outros grupos oportunistas para desalojar o PT do governo federal). Não tendo percebido a extensão do golpe, os Movimentos e Organizações populares tiveram sua força política desgastada a cada embate vencido pelos golpistas. Fragilizadas, até agora elas só impediram a implementação de medidas muito impopulares e o avanço da proposta de reforma da previdência. Neste contexto, empate tem sabor de vitória…

De fato, a constituição cidadã de 1988 tem sido interpretada pelo Poder Judiciário de modo unilateral, de modo a ser rigorosamente garantida quando em prol das classes dominantes, mas não quando se trata de preservar direitos de povos indígenas, trabalhadores e trabalhadoras do campo e da cidade, e seus representantes políticos. A isso se somam os assassinatos e abusos policiais, chacinas (nas periferias urbanas, no campo e de indígenas) configurando-se o que Paulo Sérgio Pinheiro chamou “terrorismo preventivo de Estado”: manter as classes dominadas, potencialmente perigosas para a ordem pública, recolhidas em seu domicílio por medo de serem objeto da violência policial.

Apesar disso, pode-se perceber a emergência de várias propostas no sentido de desfazer os danos sociais e políticos causados pelo golpe de 2016 e estabelecer uma nova ordem social que faça justiça às classes e setores sociais oprimidos. Aponto aqui três delas:

  • plano popular de emergência, da Frente Brasil Popular, com 76 propostas de políticas públicas distribuídas em 10 campos de ação;
  • referendo revogatório das medidas abusivas posteriores ao impeachment;
  • eleição livre e democrática de constituinte soberana, para redigir nova Constituição.

Não há dúvidas de que as três merecem consideração, porque de forma diferente encaminham soluções concretas para o problema da desordem institucional pós-golpe. Sua fragilidade reside no fato de que o golpe não foi uma simples troca de governo, mas sim a retomada do poder absoluto pelos representantes das classes dominantes e submissas às grandes corporações internacionais. Ele só pode ser derrubado por um amplo consenso nacional (que foi rompido e nada indica que possa ser refeito, dado o clima de ódio social) ou por uma insurreição popular (que não está no horizonte). Aliás, pode-se perguntar se alguém ou algum grupo teria poder convocatório para liderar uma insurreição que revertesse inteiramente a atual correlação de forças. Tudo isso nos obriga a

prever longo tempo para criar laços sociais que resultem em força política popular.

  1. Com os pés no chão da História, olhar para frente

Toda essa análise da realidade nacional, considerada em seu contexto planetário e sistêmico, só tem sentido para quem luta por um mundo onde reinem a Justiça, a Paz e a integridade da Casa Comum, na medida em que descortina o horizonte para a ação política libertadora. Por isso, termino a análise apontando os caminhos que hoje vislumbro como viáveis, os novos obstáculos a superar e a necessidade de elaborar-se uma nova compreensão do mundo.

  • Conscientização: para superar a situação de alienação e descontrole da informação, impõe-se a retomada do trabalho de conscientização popular. O método de Paulo Freire – que une o aprendizado à autoformação da consciência de quem somos, qual nosso lugar no mundo, quem são nossos aliados e quem são nossos adversários e inimigos – é um excelente instrumento para isso. Outro excelente instrumento é a leitura popular da Bíblia, sempre confrontada à realidade vivida pelo grupo. Quem toma gosto pela Palavra de Deus inserida na vida do povo torna-se incansável na luta pela construção do Reino de Deus na história humana.
  • Organização: neste momento histórico em que os donos da riqueza e do poder reforçam sua posição, é necessário reunir quem partilha o mesmo projeto, tendo em vista ações conjuntas. É preciso mirar no longo prazo – “outro mundo possível e necessário” – sabendo que vivemos uma conjuntura desfavorável no curto e médio prazo. Por isso, é preciso saber dosar as forças: não jogar tudo nas lutas imediatas, mas fazer delas pontos de apoio para as lutas de longo prazo. Isso é favorecido pela opção por objetivos imediatos bem concretos e que aglutinem o maior número de pessoas (por exemplo lutas pela água, pelo ambiente, pela saúde).

É preciso retomar o método da Formação na ação, que implica a reflexão em grupo sobre a prática do mesmo grupo. É o método ver, julgar e agir ao qual se acrescentou o celebrar.

  • Novos obstáculos: as transformações do modo de produção e consumo capitalista – fala-se em 4ª revolução industrial, com o advento da inteligência artificial – trouxeram dificuldades antes desconhecidas, como a diluição dos laços sociais oriundos da participação no processo de trabalho, cada vez mais individualizado e controlado pela informática (uberização), e a redução da mobilidade urbana, que torna as famílias e as pessoas mais isoladas em seu espaço doméstico. Outro obstáculo a ser destacado são as redes sociais que em vez de espaço de diálogo e debates se tornaram comunidades virtuais de quem pensa da mesma maneira.
  • Nova compreensão do mundo: o pensamento iluminista sistematizado na Europa do século 19 e desenvolvido no século 20 – agora globalizado – mostra-se incapaz de fundamentar projetos de construção de uma civilização planetária que substitua a civilização ocidental-moderna. Buscamos hoje um novo paradigma – ou uma nova base hermenêutica – de pensamento carregado de valores que impulsionem a construção da Paz e da Justiça no mundo. A sabedoria do Bem-Viver (Sumak Kawsay) é um desses pensamentos que hoje vem ganhando espaço entre os Movimentos e Organizações sociais, porque (i) inclui a Terra como sujeito de Direitos, (ii) assume a dimensão espiritual e mística (a capacidade de ver o que está por detrás do perceptível e que energiza o real), (iii) reconhece as diferenças de gênero, étnicas, culturais, de geração e outras ao pensar as condições de existência e (iv) inclui outras espécies além da humana como parceiras na comunidade de vida.

A sabedoria ou utopia do Bem-Viver tem sua origem na experiência de lutas populares contra o capitalismo neoliberal e tem seu fundamento nas raízes culturais dos povos originários da América, mas não é um retorno ao passado e sim um projeto pós-capitalista. Por isso tem afinidades com o ecossocialismo, a economia solidária e outras propostas de superação histórica do capitalismo. Importante notar que ele brota da prática popular, mas não é espontâneo: requer elaboração teórica para desvendar os processos de dominação e colonização, e para dar legitimidade a novas práticas sociais e políticas.

  • Para as comunidades cristãs fica uma questão: a que está baseia nossa Esperança é ingenuidade? Ou temos razões para afirmar nossas convicções na possibilidade de uma civilização planetária, justa e pacífica?

Juiz de Fora, 23 de novembro de 2017

[1] ARRIGHI, Giovanni: O longo século XX: dinheiro, poder e as origens de nosso tempo; Contraponto e UNESP, 1996

[2] A guerra de 4ª geração visa destruir o inimigo por meio de aparelhos de informação, do Judiciário, do Ministério Público e de acordos multilaterais (contra as drogas, o terrorismo, a corrupção ou em defesa de Direitos Humanos e da Democracia). A criação da Agência Nacional de Segurança dos EUA após os atentados de 11/set. 2001 possibilitou o controle das informações que circulam por internet colocando-as a serviço de sua Política Externa. (Denúncia de Snowden e Assange). O uso da informação (inclusive a pós-verdade e os fake news) permite a destruição do inimigo sem o uso das Forças Armadas.

I Diritti di Madre Terra e la sua Dignità

21/11/2017

Abbiamo scritto in precedenza sui diritti degli animali. Ora è necessario discorrere sui diritti di Madre Terra e della sua dignità. Il tema è relativamente nuovo, perché dignità e diritti erano riservati soltanto agli esseri mani, portatori di coscienza e di intelligenza, come fece Kant nella sua Etica. Predominava ancora la visione antropocentrica, come se soltanto noi fossimo portatori di dignità. Dimentichiamo che siamo parte di un tutto maggiore. Come dicono rinomati cosmologi, se lo spirito sta in noi è segno che c’era anche prima nell’universo del quale sono parte.

Esiste una tradizione risalente ad epoche remote che sempre ha considerato la Terra come la grande Madre che ha generato tutti gli esseri che in essa esistono. Le scienze della Terra e della vita, per via scientifica ci hanno confermato questa visione. La Terra è un superorganismo vivo, Gaia (Lovelock) che si autoregola per essere sempre idonea a mantenere la vita sul pianeta.

La biosfera non è una realità precedente, sino un prodotto biologico, dato che scaturisce dalla sinergia degli organismi vivi con tutti gli elementi della Terra e del cosmo hanno creato l’habitat adeguato della vita, la biosfera. Pertanto non c’è soltanto vita sulla Terra. La Terra stessa è viva e come tale possiede un valore intrinseco che dev’essere rispettata e curata come un essere vivente. Questo è uno dei titoli della sua dignità e la base reale del suo diritto di esistere e di essere rispettata.

Gli astronauti ci hanno lasciato questo messaggio: vista da fuori, la Terra e l’umanità si fondono in una unica entità, non possono essere separate. La Terra è un momento dell’evoluzione del cosmo; la vita è un momento dell’evoluzione della Terra; e la vita umana, un momento dell’evoluzione della vita. Per questo possiamo dire perfettamente a ragione, l’essere umano è quella porzione della Terra in cui essa ha cominciato a prendere coscienza, a sentire, a pensare, e ad amare. Siamo una porzione cosciente e intelligente.

Se gli esseri umani posseggono dignità e diritti, come dicono concordemente tutti i popoli, e se la Terra e gli esseri umani costituiscono una unità indivisibile, allora possiamo dire che la Terra partecipa della dignità e dei diritti degli esseri umani e viceversa.

Per questo non può essere sottoposta a una sistematica aggressione. Sfruttamento e rapina per un progetto di civiltà come il nostro che non appena la considera non come qualcosa di intelligente e per questo la tratta senza nessun rispetto, negandole valori intrinsechi in funzione dell’accumulazione di beni materiali.

E’ una offesa alla sua dignità e una violazione dei suoi diritti di potere rimanere integra, pulita e con capacità di riproduzione e di rigenerazione. Per questo è in discussione un progetto all’ONU di un Tribunale della Terra che punisce chi viola la sua dignità, distrugge le foreste e contamina i suoi oceani e distrugge i suoi ecosistemi vitali per una manutenzione dei climi e del ciclo della vita.

Infine, c’è un ultimo argomento, derivato dalla visione quantica della realtà. Questa constata, sulle orme di Einstein, Bohr e Heisenberg che non esiste materia, perché tutto in fondo è energia in distinti gradini di identità. La cosiddetta materia è energia altamente interattiva. La materia partendo dagli adrioni e dai topquarks, non possiede soltanto massa e energia. Tutti gli esseri sono portatori anche di informazione, frutto di interazione tra di loro.

Ogni essere si relaziona con gli altri a modo suo, ma in forma che si può parlare che arriva a livelli di soggettività e di storia. La Terra nella sua lunga storia di 4,5 miliardi di anni conserva questa memoria ancestrale della sua traiettoria evoluzionistica. Essa ha soggettività e storia. Logicamente è differente dalla soggettività e storia umana. Ma la differenza non è di principio (tutti stanno connessi con tutti) ma di grado (ma ognuno a modo suo).

Una ragione in più per capire con i dati della scienza cosmologica più avanzata, è che la Terra possiede dignità e per questo è portatrice di diritti il ché corrisponde da parte nostra, al dovere di averne cura, amarla e mantenerla in buona salute e continuare a generarsi e offrirci i beni e i servizi che ci offre.

Questo è uno dei messaggi centrali del Papa Francesco “Sulla cura della Casa Comune” (2015). Ma nella stessa linea corre la Carta della Terra (2000), uno dei documenti portanti della nuova visione portante della realtà (2000) e dei valori che è importante per garantire la sua vitalità.

Il sogno collettivo che propone non è “lo sviluppo sostenibile”, frutto dell’economia politica dominante, anti-ecologica. Ma “uno stile di vita sostenibile” che risulta dalla cura verso la vita della Terra. Questo sogno suppone che si comprenda “l’umanità come parte di un vasto universo in evoluzione” e la “Terra come nostro focolare e viva”; implica pure di “vivere lo spirito di parentela con la vita tutta, “e con reverenza, il mistero dell’esistenza, con gratitudine il dono di vivere e con umiltà,  il nostro posto nella natura” (Preambolo).

La Carta propone una etica della cura che utilizza razionalmente i beni scarsi per non danneggiare il capitale naturale e nemmeno le generazioni future; anch’esse hanno diritto a un pianeta sostenibile e con buona qualità di vita. Questo avverrà solo se rispetteremo la dignità della Terra e i diritti che lei possiede di essere curata e conservata per tutti gli esseri anche futuri.

Adesso può cominciare un tempo di una biociviltà in cui la Terra e l’umanità, degne e con diritti riconosceranno la reciproca appartenenza di origine e di destino comune.

Traduzione di Romano Baraglia e Lidia AratoI

Los derechos de la Madre Tierra y su dignidad

21/11/2017

Anteriormente hemos escrito sobre los derechos de los animales. Ahora procede discurrir sobre los derechos de la Madre Tierra y de su alta dignidad. El tema es relativamente nuevo, pues la dignidad y los derechos estaban reservados solamente a los seres humanos, portadores de conciencia y de inteligencia, como lo hace Kant en su ética.

Predominaba todavía la visión antropocéntrica, como si nosotros exclusivamente fuésemos portadores de dignidad. Olvidamos que somos parte de un todo mayor. Como dicen renombrados cosmólogos, si el espíritu está en nosotros es señal de que estaba antes en el universo del cual somos parte.

Hay una tradición que viene desde la más remota antigüedad que siempre ha entendido a la Tierra como la Gran Madre que ha generado a todos los seres que existen en ella. Las ciencias de la Tierra y de la vida, por vía científica, nos confirmaron esta visión. La Tierra es un superorganismo vivo, Gaia (Lovelock), que se autorregula para ser siempre apta para mantener la vida en el planeta.

La propia biosfera es un producto biológico pues se origina de la sinergia de los organismos vivos con todos los demás elementos de la Tierra y del cosmos. Crearon el hábitat adecuado para la vida, la biosfera. Por lo tanto, no sólo hay vida sobre la Tierra. La Tierra misma está viva y como tal tiene un valor intrínseco y debe ser respetada y cuidada como todo ser vivo. Este es uno de los títulos de su dignidad y la base real de su derecho de existir y de ser respetada.

Los astronautas nos dejaron este legado: vista desde fuera, Tierra y Humanidad fundan una única entidad; no pueden ser separadas. La Tierra es un momento de la evolución del cosmos; la vida es un momento de la evolución de la Tierra; y la vida humana, un momento de la evolución de la vida. Por eso podemos decir con razón que el ser humano es aquella porción de la Tierra en que ella empezó a tomar conciencia, a sentir, a pensar y a amar. Somos su porción consciente e inteligente.

Si los seres humanos tienen dignidad y derechos, como es consenso entre los pueblos, y si Tierra y seres humanos constituyen una unidad indivisible, entonces podemos decir que la Tierra participa de la dignidad y de los derechos de los seres humanos y viceversa.

Por eso no puede sufrir una sistemática agresión, explotación y depredación por un proyecto de civilización como el nuestro que sólo la ve como algo sin inteligencia y por eso la trata sin ningún respeto, negándole valor intrínseco en función de la acumulación de bienes materiales.

Es una ofensa a su dignidad y una violación de su derecho de poder continuar íntegra, limpia y con capacidad de reproducción y de regeneración. Por eso, está en discusión en la ONU el proyecto de un Tribunal de la Tierra que castigue a quien viola su dignidad, contamina sus océanos y destruye sus ecosistemas, vitales para el mantenimiento de los climas y del ciclo de la vida.

Finalmente, hay un último argumento que se deriva de una visión cuántica de la realidad. Esta constata, según Einstein, Bohr y Heisenberg, que la materia no existe, pues todo, en el fondo, es energía en distintos grados de densidad. La llamada materia es energía altamente interactiva. La materia, desde los hadrones y los topquarks, no tiene solamente masa y energía. Todos los seres son portadores también de información, fruto de la interacción entre ellos.

Cada ser se relaciona con los otros a su manera de tal forma que se puede decir que surgen niveles de subjetividad y de historia. La Tierra en su larga historia de 4,5 mil millones de años guarda esta memoria ancestral de su trayectoria evolutiva. Ella tiene subjetividad e historia. Lógicamente, es diferente de la subjetividad y de la historia humana, pero la diferencia no es de principio (todos están conectados entre sí) sino de grado (cada uno a su manera).

Una razón más para entender, con los datos de la ciencia cosmológica más avanzada, que la Tierra posee dignidad y por eso es portadora de derechos, lo que corresponde por nuestra parte a los deberes de cuidarla, amarla y mantenerla saludable para continuar generándonos y ofreciéndonos los bienes y servicios que nos presta.

Este es uno de los mensajes centrales de la encíclica del Papa Francisco “sobre el cuidado de la Casa Común” (2015). En la misma línea va la Carta de la Tierra, uno de los documentos axiales de la nueva visión de la realidad (2000) y de los valores que es importante asumir para garantizar su vitalidad.

El sueño colectivo que propone no es “desarrollo sostenible”, fruto de la economía política dominante, antiecológica, sino “un modo de vida sostenible” que resulta del cuidado de la vida y de la Tierra. Este sueño supone entender a “la humanidad como parte de un vasto universo en evolución” y a la “Tierra como nuestro hogar y viva”. Implica también “vivir el espíritu de parentesco con toda la vida”, “con reverencia el misterio de la existencia, con gratitud el don de la vida y con humildad nuestro lugar en la naturaleza” (Preámbulo).

Propone una ética del cuidado que utiliza racionalmente los bienes escasos para no perjudicar el capital natural ni a las generaciones futuras; ellas también tienen derecho a un Planeta sostenible y con buena calidad de vida.

Esto solamente ocurrirá si respetamos la dignidad de la Tierra y los derechos que ella tiene de ser cuidada y guardada para todos los seres, también los futuros.

Ahora puede comenzar el tiempo de una biocivilización en la cual Tierra y Humanidad, dignas y con derechos, reconocen su recíproca pertenencia, de origen y de destino común.

*Leonardo Boff es articulista del JB online, eco-teólogo y escritor.

Traducción de María José Gavito Milano

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