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Peligros de la “flexiseguridad”: crónica de un desastre anunciado

18/06/2017
O atual governo, fruto de um grolpe parlamentar, está introduzindo medidas político-sociais, que se submetidas à eleição democrática, nunca ganhariam o voto popular: a flexibilização das relações de trabalho, dando prevalência aos patrões sobre os operários, em negociações que são feitas individualmente no chão da fábrica e não mais via sindicato. Isso não é novo. Trata-se do novo avanço do neolibrealismo numa perspectiva global, em países europeus e em outras partes. Aqui se faz um balanço desta política anti-oporária, nos países em que foi implatada. Ela é altamente negativa. Serve de advertência ao nosso país, especialmente, aos sindicatos, pois a precarização dos empregos anula os direitos trabalhitas, destrói a cultura do trabalho e impossibilita fazer carreiras nas diversas profissões. Lboff

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Hace ya varias décadas que las normas que regulan las relaciones de trabajo remunerado, el Derecho del Trabajo, están sufriendo una profunda mutación genética y no precisamente hacia una mejora de las condiciones de vida de las mayorías sociales. El discurso bajo el cual se ha camuflado la destrucción de los derechos laborales tiene un nombre: flexiseguridad.

Esta mutación hacia la precariedad ha sido especialmente acusada en los últimos años y se ha producido en particular en los países europeos caracterizados por tener normas laborales orientadas a proteger a la clase trabajadora y a garantizar los derechos colectivos de las organizaciones de los trabajadores y trabajadoras. Con el objetivo de destruir esta voluntad protectora, y en un caldo de cultivo perfecto (el desempleo masivo y las recurrentes crisis económicas) en los países de la Europa del antiguo estado del bienestar, se ha promovido el discurso suicida de que la reducción de los derechos de las y los asalariados es el único medio para alcanzar un mayor nivel de bienestar económico. El derecho del trabajo sería, según el discurso proveniente de los sectores empresariales y de las instituciones financieras, el culpable de la elevada tasa de destrucción del empleo. Las normas laborales son, en opinión de estos sectores económicos, anticuadas y rígidas, un obstáculo para las “exigencias de flexibilidad de las empresas”.

Flexibilidad, he ahí la gran palabra de moda entre las organizaciones empresariales que exigen que el trabajador se convierta en una mercancía flexible, adaptable a las exigencias del infalible mercado, que todo lo puede. Se exige que sean las y los trabajadores quienes carguen con los riesgos económicos que asume el empresario en el mercado y para ello pretenden que la empresa pueda desprenderse de la fuerza del trabajo como quien se deshace del mobiliario que ya no le sirve.

Este discurso se instaló con rapidez en las agendas políticas estatales con el auspicio fundamental de las instituciones de la Unión Europea. Evidentemente, fue necesario maquillar el término flexibilidad y para ello se inventaron un nuevo círculo virtuoso: la flexiseguridad. En apariencia, este concepto contenía la voluntad de crear un equilibrio en el mercado de trabajo para conseguir una combinación entre las medidas flexibilizadoras y aquellas orientadas a dar seguridad a los trabajadores, no en el puesto de trabajo sino en el empleo. Los documentos relativos a la política de empleo europea pronto integrarían este discurso, que justifica la flexibilización del mercado de trabajo a cambio de estrategias que protejan al trabajador en las transiciones entre distintos empleos y no en el puesto de trabajo. Sin embargo, más allá de las declaraciones de intenciones, lo cierto, y así lo demuestran las reformas laborales realizadas en Europa bajo el signo de la flexiseguridad, es que este término es fundamentalmente una cara “amable” de la flexibilidad, y que su utilización por la Comisión Europea y por los gobiernos de numerosos Estados miembros (en especial el español) se vincula fundamentalmente con la precarización, es decir, con la reducción de los derechos de las personas que trabajan y de las organizaciones que las representan, con la conversión de la fuerza de trabajo convirtiéndola en una mercancía.

Esta percepción se consolida al analizar la recepción del concepto en la normativa española, mediante las grandes reformas laborales realizadas entre el 2010 y el 2014, muchas de las cuales ya utilizaron expresamente como eje central el término flexiseguridad. Esta palabra se constituía como concepto guía de las modificaciones normativas orientadas a aumentar la triple vía de la flexibilidad: precarización en la entrada (contratos laborales temporales, de muy corta duración y con figuras atípicas como un periodo de prueba de un año); precarización en las condiciones de trabajo (posibilidad del empresario de reducir salarios y modificar las condiciones de trabajo con facilidad) y precarización en la salida, es decir, despido libre con indemnización reducida y sin visto bueno. De manera paralela, se quebró la columna vertebral de los sindicatos, al destrozar la estructura de la negociación colectiva y priorizar el ámbito de la empresa frente al ámbito del sector para la negociación de los convenios y de los salarios. Esto ha provocado una devaluación generalizada de los salarios en España. Ahora sí se ha conseguido lo que querían, no sólo han flexibilizado el trabajo, han flexibilizado la vida. La cuestión de la seguridad se quedó por el camino. La flexiseguridad a la española se ha convertido así en un claro ejemplo de “flexi-inseguridad”.

¿Cuáles han sido los resultados de este experimento de la flexi-inseguridad instaurado en España con las reformas realizadas entre el 2010 y el 2014? Para comenzar es necesario recordar que desde inicios de 2008 hasta el final del año 2013 hubo en España una destrucción neta de casi 3 millones setecientos mil empleos, lo que representa un 17,8% del empleo total del país. El desempleo aumentó hasta casi el 27% de la fuerza de trabajo y entre las y los jóvenes hasta el 57%. Quedó así demostrado que la economía española es, dentro de la UE, la que más empleo crea en las expansiones económicas y la que más empleo destruye en las recesiones, por eso sorprende que alguien pueda decir que el mercado español es rígido, cuando en realidad es todo lo contrario.

Pero las políticas de precarización (flexibilización) fueron “efectivas” al menos para los objetivos de un gobierno preocupado únicamente por maquillar las cifras del desempleo. Desde 2014 se viene incrementando el volumen de ocupados en España, el desempleo ha pasado del ya mencionado 27% a un 18,75%. Las razones de este crecimiento tienen que ver mayoritariamente con factores externos como la recuperación económica europea que tira de la demanda española, y la bajada del precio del petróleo, pero también, desde luego, la devaluación salarial y la precarización provocada por las reformas normativas “flexibilizadoras”, que han reducido drásticamente la calidad del empleo y han dado forma a este crecimiento de la ocupación en España.

¿Merece la pena sacrificar los derechos a un trabajo digno y estable, a un salario adecuado, a cambio de la creación de puestos de trabajo precarios? La respuesta es NO, la precarización es un fenómeno que se enraíza en la fuerza de trabajo, que la corroe, que impide la evolución profesional de las y los jóvenes, su emancipación, la dignidad de la vida de las familias y que provoca pobreza, desmotivación, desilusión, y que acaba con generaciones enteras que emigran o desafectan de un sistema que les recorta los derechos por los que lucharon generaciones enteras.

Lo ocurrido en España demuestra que tras los discursos y los términos en apariencia amables se esconden dinámicas de destrucción de derechos que son diametralmente opuestas al buen vivir y a los derechos reconocidos en la Constitución ecuatoriana de 2008, donde se reconoce con claridad el derecho a un trabajo digno y estable y la prohibición de aplicar políticas recesivas de los derechos laborales. La experiencia comparada, no solo española, también la italiana, portuguesa, griega o francesa nos demuestra que el camino no pasa por una receta mágica fallida, la “flexiseguridad”, sino por políticas que apuntalen el buen vivir y el trabajo digno.

 Adoración Guamán, profesora de derecho del trabajo. Universidad de Valencia.
fonte:http://www.alainet.org/es/articulo/186202

La forza politica della speranza nell’attuale congiuntura

17/06/2017

Tempi di sprotezione sociale. C’è stata una specie di terremoto, provocato, questa volta non dalla natura ma proprio dalla politica.
C’è stato un golpe di classe degli arricchiti che vedevano i loro privilegi intaccati dalle migliorie introdotte dalle politiche sociali dei governi del PT che avevano permesso agli esclusi di occupare posti a loro prima interdetti.
Per questo hanno usato il Parlamento, come i militari nel 1964.
La destituzione della Presidentessa Dilma, eletta democraticamente, è servita ai progetti di queste élites economiche (0,05% della popolazione, secondo i dati IPEA) implicava l’occupazione degli organi dello Stato e così garantiva il loro status storico sociale fatto sulla base di privilegi e compromessi. Sdoganata lo corruzione, non avevano più scrupoli a modificare la Costituzione e a introdurre riforme che hanno strappato ai lavoratori i loro diritti e hanno cambiato radicalmente i benefici della Previdenza.
La corruzione in un primo momento scoperta dallo spionaggio statunitense e perfezionata dal nostro sistema giuridico ha permesso di istituire un processo giudiziale identificato col nome di Lava Jato. Così si è scoperta una trama inimmaginabile di corruzione che attraversa tutte le grandi imprese, dalle statali a quelle private, fondi e altri¡ organi nella logica del patrimonialismo. La corruzione identificata è stata di tal ordine da scandalizzare il mondo. E’ arrivata a trascinare al fallimento Stati come Rio de Janeiro.
Io stesso con molti altri, dal mese di dicembre del 2016 non stiamo ricevendo le nostre spettanze di professori universitari in attività o in pensione.
La conseguenza è la rovina politica, giuridica e istituzionale. E’ ingannevole dire che le istituzioni funzionano. Sono tutte contaminate dalla corruzione. La giustizia è vergognosamente parziale specialmente il giustiziere Sergio Moro e buona parte del Pubblico Ministero, appoggiati da una stampa reazionaria con zero obblighi verso la verità. Questa giustizia rivela senza imbarazzo una furia incontrollabile di persecuzione nei riguardi del’ex Presidente Lula e del suo partito, il PT, il maggiore del paese. Il vero obiettivo è la volontà di fiaccare la sua incontestabile leadership, macchiare la sua biografia e in ogni modo impedire che si ricandidi. Si vuole spremere forzosamente una condanna, fondata più su opinioni che su prove concrete, il che impedirebbe la sua candidatura che gode della preferenza della maggioranza.
La conseguenza è un sofferto vuoto di speranza. Ma è necessario riscattare il carattere politico-trasformatore della speranza. Ernst Bloch, il grande pensatore della speranza parla del principio-speranza che è più della virtù comune della speranza. E’ quell’impulso che ci abita, che sempre ci tiene in movimento, che progetta sogni e utopie e dai suoi fallimenti sa distillare motivi di resistenza e di lotta.
A sant’Agostino che è forse il maggior pensatore cristiano, grande creatore di slogan dobbiamo questa sentenza: “La speranza ha due care figlie: l’indignazione e il coraggio: l’indignazione c’insegna a rifiutare le cose come stanno; il coraggio c’insegna a cambiarle”.
In questo momento dobbiamo evocare, in primo luogo la figlia-indignazione contro quello che il governo Temer sta perpetrando in modo criminale contro il popolo, contro gl’indigeni, contro i lavoratori della terra, contro le donne, contro gli anziani, privandoli dei loro diritti, ributtando indietro milioni che dalla povertà stanno scivolando nella miseria. E non sfugge a questo, processo la sovranità nazionale, visto che il governo Temer permette di vendere a stranieri terre nazionali.
Se il governo offende il popolo, questo ha il diritto di evocare la figlia-indignazione e non dargli tregua, ma nelle strade e nelle piazze esigere che se ne vada a casa,visto che è accusato di crimini di corruzione e frutto di un golpe e pertanto mancante di legittimità.
La figlia-coraggio si mostra nella volontà di cambiamento, nonostante gli scontri che potranno essere pericolosi. E’ lei che ci mantiene su di giri, ci sostiene nella, lotta e può condurci alla vittoria.
Dobbiamo seguire il consiglio di don Chisciotte: “no hay que aceptar las derrotas sin antes dar todas las batallas”.
C’è un dato di cui bisogna tener conto sempre: la realtà non è soltanto ciò che sta a portata di mano come fatto. Il reale è più che il fattuale. Il reale nasconde in sé delle virtualità e possibilità nascoste che possono essere tirate fuori, per farne fatti nuovi.
Una di queste possibilità è evocare il primo articolo della Costituzione che recita: “Ogni potere emana dal popolo”. Governanti e politici sono soltanto delegati del popolo. Quando questi tradiscono, non rappresentano più gl’interessi generali, ma quelli delle imprese che finanziano la loro elezione. Il popolo ha diritto di allontanarli dal potere mediante elezioni dirette subito.
“Via Temer, elezioni dirette subito”, non è uno slogan di gruppettari, ma di grandi moltitudini. La figlia-coraggio deve esigere per diritto questa opzione, l’unica che può garantire autorità e credibilità a un governo, capace di tirarci fuori da questa crisi.
Le due figlie della speranza potranno utilizzare come propria questa frase di Camus: “Nel pieno dell’inverno ho imparato che dentro di me abita una primavera invincibile”.

Traduzione di Romano Baraglia e Lidia Arato

O porquê da violência no ser humano e na sociedade

17/06/2017

 Vivemos no nível nacional e mundial situações de violência que desafiam nosso entendimento. Não apenas de seres humanos contra outros seres humanos, especialmente no Norte da África, no Sudão, no Oriente Médio e entre nós mas também contra a natureza e a Mãe Terra. O Papa Francisco em sua encíclica ecológica Sobre o Cuidado da Casa Comum escreveu acertadamente:”Nunca maltratamos e ferimos a nossa Casa Comum como nos últimos dois séculos”(n.53). Não sem razão que está se impondo a ideia de que inauguramos uma nova era geológica, o antropoceno segundo o qual o grande meteoro rasante ameaçador da vida no planeta é o próprio ser humano. Ele se fez o Satã da Terra quando foi chamado a ser o anjo bom e cuidador do Jardim do Éden.

A existência da violência, não raro sob forma de aterradora crueldade, representa um desafio para o entendimento. Teólogos, filósofos, cientistas e sábios não encontraram até hoje uma resposta convincente.

Quero apresentar, sumariamente, a proposta de notável pensador francês que viveu muitos anos nos EUA e que faleceu em 2015: René Girard (1923-2015). Apreciava meus textos e a Teologia da Libertação em geral a ponto de ele mesmo ter organizado em Piracicaba-SP um encontro (25-29 de junho de 1990) com vários teólogos e teólogas, pois via nos propósitos deste tipo de teologia a possibilidade da superação da lógica da violência.

De sua vasta obra destaco duas principais: “O sagrado e a violência” (Rio 1990) e “Coisas escondidas desde o princípio do mundo”(Rio 2005). Qual é a singularidade de Girard? Ele parte da tradição filosófico-psicanalítica que afirma ser o desejo uma das forças estruturantes do ser humano. Somos seres de desejo. Este não conhece limites e deseja a totalidade dos objetos. Por ser o desejo indeterminado, o ser humano não sabe como desejar. Aprende a desejar, imitando o desejo dos outros (“desejo mimético” na linguagem de Girard).

Isso se vê claro na criança. Não obstante os muitos brinquedos que possui, o que mais ela quer, é o brinquedo da outra criança. E aí surge a rivalidade entre elas. Uma quer o brinquedo só para si, excluindo a outra. Se outras crianças entrarem nesse mimetismo, origina-se um conflito de todos contra todos.

Esse mecanismo, afirma Girard, é paradigmático para toda a sociedade. Supera-se a situação de rivalidade-exclusão, quando todos se unem contra um, fazendo-o bode expiatório. Ele é feito culpado de querer só para si o objeto. Ao se unirem contra ele, esquecem a violência entre eles e convivem com um mínimo de paz.

Com efeito, as sociedades vivem criando bodes expiatórios. Culpados são sempre os outros: o Estado, o PT, os políticos, a polícia, os corruptos, os pobres e por ai vai. Importa não esquecer que o bode expiatório apenas oculta a violência social, pois todos continuam rivalizando entre si. Por isso, a sociedade goza de um equilíbrio frágil. De tempos em tempos, com ou sem sem bode expiatório explícito, a violência se manifesta especialmente naqueles que se sentem prejudicados e buscam compensações.

Bem o expressou Rubem Fonseca em seu livro “O Cobrador”. Um jovem de classe média empobrecida, por força das circunstâncias, pratica atos ilícitos. Sente-se roubado pela sociedade dominante e confessa: “Estão me devendo colégio…sanduíche de mortadela no botequim, sorvete, bola de futebol…estão me devendo uma garota de vinte anos, cheia de dentes e perfume. Sempre tive uma missão e não sabia. Agora sei… sei que se todo fodido fiezesse como eu o mundo seria melhor e mais justo”.

Aqui busca-se uma solução individual para um problema social. Na medida em que permanece individual não causa grande problema. Pelo contrário, os causadores principais da violência estrutural  são as classes dominantes que acumulam para si à custa do empobrecimento dos outros. Quanto mais duramente se aplicam as leis contra os empobrecidos mais seguras se sentem. Destarte, conseguem ocultar o fato de serem  elas as principais causadoras de uma situação permanente de violência que o empobrecimento implica.

Mais ainda, vivemos num tipo de sociedade cujo eixo estruturador é a magnificação do consumo individualista. A publicidade enfatiza que alguém é mais alguém quando consome um produto exclusivo que os outros não têm. Suscita-se um desejo mimético de se apossar do bem do outro.  Esta lógica perpetua a violência.

Mas o desejo não é só concorrencial, diz Girard. Ele pode ser cooperativo. Todos se unem para compartilhar do mesmo objeto. De concorrentes se fazem aliados. Tal propósito gera uma sociedade mais cooperativa que competitiva e uma democracia participativa. Aqui Girard via o sentido político da Teologia da Libertação porque propõe uma educação que não imita o oppressor, mas se faz livre e ensina a não criar bodes expiatórios mas a assumir a tarefa de construir uma sociedade mais igualitária e  inclusiva. Então sim haverá mais paz que violência.

Leonardo Boff é teólogo, filósofo e autor de “A violência da sociedade capitalista e do mercado mundial” e articulista do JB on line

Francesco e i suoi nemici-o Papa Francisco e seus inimigos

15/06/2017

A revista MicroMega é um dos principais veículos intalianos do novo pensamento filosófico e político que se propõe discutir as questões atuais num claro enfrentamento com o pensamento único. Dei uma entrevita a uma conhecida jornalista Claudia Fanti, especializada em teologia e religião com particular atenção à América Latina e à África. Atua no semanário Adista, conhecido mundialmente por tratar de forma sistemática os temas religiosos, culturais e políticos atinentes às  Igrejas. Reproduzo a entrevista no nº3/2017 pp.93-204. Lboff

 

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A Wojtyła e Ratzinger rimprovera di aver concepito la Chiesa come una fortezza assediata da ogni lato da nemici da combattere, nonché di aver formato tre generazioni di vescovi, preti e cristiani più preoccupati della dottrina e della sontuosità delle liturgie che del destino di milioni di vittime dell’ingiustizia sociale. Ma l’arrivo sul soglio pontificio di papa Francesco – nonostante tutti quelli che remano contro – ha rappresentato una totale inversione di rotta. Perché per il teologo brasiliano, tra i principali esponenti della teologia della liberazione, Francesco è espressione di un altro progetto di Chiesa e di mondo. Una Chiesa che è casa aperta a tutti e che, in nome degli sfruttati, denuncia le cause del loro sfruttamento.

LEONARDO BOFF

in conversazione con

CLAUDIA FANTI

Molta acqua è passata sotto i ponti da quando Leonardo Boff, padre fondatore della teologia della liberazione e massimo esponente dell’eco- teologia, fu costretto a sedersi, nel 1984, nel posto che fu di Galileo, in quel Sant’Uffizio che oggi prende il nome di Congregazione per la dot- trina della fede, laddove, dopo essere state torturate, le vittime subivano

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MicroMega

il pesante interrogatorio degli inquisitori. Processato da una commissio- ne presieduta dall’allora cardinale Ratzinger per le presunte tesi marxiste contenute nel suo libro Chiesa: carisma e potere 1, Boff era stato allora punito con l’obbligo del silenzio ossequioso, finché, nel 1986, a causa delle pressioni internazionali, la sanzione non era stata parzial- mente revocata. Ma non era, purtroppo, finita lì. Nel 1992, nel momento in cui Giovanni Paolo II lo aveva minacciato di ulteriori provvedimenti disciplinari nel caso avesse preso parte al Summit della Terra, Boff ave- va abbandonato l’Ordine dei francescani e rinunciato al sacerdozio, continuando però infaticabilmente a svolgere la sua attività di teologo della liberazione, scrittore e docente. Insignito nel 2001 del premio Right Livelihood Award, meglio noto come Premio Nobel Alternativo, «per le sue intuizioni ispiratrici sul connubio tra spiritualità umana, giustizia sociale e cura dell’ambiente e per il suo decennale impegno per la causa dei poveri e degli esclusi», il teologo brasiliano ha ottenuto di fatto la sua riabilitazione all’interno della Chiesa grazie a papa Francesco, il quale ha richiesto anche il suo aiuto per elaborare l’enciclica Laudato si’, fino a citare, nel documento, il titolo di uno dei suoi libri più noti, Grido della terra, grido dei poveri 2.

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Hai riconosciuto a papa Francesco il merito di aver trasformato in un patrimonio comune della Chiesa quella teologia della liberazione che, tra persecuzioni e martirî, è stata tante volte data per moribonda (da chi, ovviamente, fremeva per seppellirla). Cos’è che distingue il suo pro- getto di Chiesa rispetto a quello dei suoi predecessori?

Papa Francesco è frutto del brodo di coltura ecclesiale del Conci- lio Vaticano II (1962-1965) e principalmente della sua innovativa ricezione in America Latina, il cui inizio risale alla riunione del Consiglio episcopale latinoamericano (Celam) svoltasi nel 1968 a Medellín, in Colombia. È in questa storica assemblea generale dell’episcopato dell’America Latina, infatti, che i vescovi assunse- ro ufficialmente la tematica della liberazione come alternativa allo sviluppo, inteso, quest’ultimo, come «sviluppo del sottosviluppo». È a partire da qui che prende avvio la teologia della liberazione, il cui marchio di fabbrica è rappresentato dall’opzione per i poveri, contro la povertà e a favore di una liberazione che derivi dalla

1 L. Boff, Chiesa: carisma e potere, Edizioni Borla, Roma 1984. Tutte le note sono redazionali.
2 L. Boff, Grido della terra, grido dei poveri. Per una ecologia cosmica, Cittadella Editrice, Assisi 1996.

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giustizia sociale. Se mancasse tale opzione, infatti, non potrebbe mai esistere una teologia della liberazione. Così come non potrebbe mai esserci un’autentica liberazione se non fossero i poveri stessi, intesi come oppressi, ad assumere nella loro prassi il ruolo di protagonisti. Perché non ci sono dubbi che la Chiesa, i preti, i religiosi, le religiose e i teologi non sono nulla di più che alleati passati per una porta secondaria.

I due papi precedenti, Giovanni Paolo II e Benedetto XVI, sotto cui questa teologia ha sofferto ripetuti attacchi, intendevano la Chiesa come una nave ancorata tranquillamente nel porto, al riparo da ogni pericolo. Il fatto, però, è che una nave non viene costruita per- ché se ne resti sicura in porto, ma affinché solchi gli oceani, sfidan- do le onde più alte. Ed è anche quello che pensa Francesco, vesco- vo di Roma e papa, il quale intende appunto la Chiesa come una nave in mezzo all’oceano, esposta alla violenza dei flutti. Di modo che non chiede a Dio: «Signore, liberaci da onde paurose». Bensì: «Dacci il coraggio di essere più forti di queste».

Per usare un’altra metafora, la Chiesa dei due papi precedenti era come una fortezza circondata da alte mura e assediata da ogni lato da nemici da combattere e da cui difendersi. Una Chiesa in guer- ra con la modernità, con le sue nuove modalità di essere nel mon- do. Una Chiesa, insomma, tutta rivolta al suo interno. Per Bergo- glio, invece, la Chiesa deve essere una casa aperta a tutti. Ancora meglio, deve essere un ospedale da campo in grado di accogliere tutti i feriti, nel corpo e nell’anima, poco importa se musulmani, atei o cristiani. Si tratta di una Chiesa rivolta verso il mondo e verso i molti altri, particolarmente i più vulnerabili. La prima, la Chiesa di papa Wojtyła e di papa Ratzinger, è simile alla Chiesa giudaico-cristiana di Pietro, che ancora non si era liberata dai le- gacci del giudaismo. La seconda, quella di Bergoglio, è la Chiesa di Paolo inviato «ad gentes». Il primo modello può difficilmente risultare significativo per gli uomini e le donne contemporanei che non si sentono compresi dalla Chiesa; il secondo, al contrario, è universale ed ecumemico e può essere apprezzato non solo dai cristiani ma anche dai non cristiani.

A più di 45 anni dalla sua nascita, la teologia della liberazione ha an-cora qualcosa da dire? Incompresa, diffamata, perseguitata e condan- nata dai poteri di questo mondo, cosa ha conservato delle intuizioni originarie e in cosa è cambiata?

La Chiesa si è sempre mostrata preoccupata nei riguardi dei pove- ri. Ma lo ha fatto all’interno di una strategia che consideriamo

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sbagliata, in quanto ha operato per i poveri, ma raramente con i poveri e mai a partire dai poveri. Ha guardato ai poveri, insomma, con lo sguardo dei ricchi. Per questo, ciò a cui si è assistito è stato un forte assistenzialismo e un forte paternalismo. Chi ha deve aiutare chi non ha. È una strategia che ha mantenuto i poveri sempre dipendenti. La teologia della liberazione, invece, ha segui- to un’altra visione e un’altra strategia. Il povero non è mai soltan- to povero. Ma ha una sua cultura e, organizzato e unito ad altri poveri, rappresenta una forza storica in grado di modificare le relazioni sociali. La teologia della liberazione parte, insomma, dal valore del povero. Per questo assume la strategia di lavorare con i poveri e a partire dai poveri. Non ci sarà mai, infatti, una libera- zione per i poveri senza i poveri. Devono essere loro i soggetti della propria liberazione. Mai nella storia della Chiesa i poveri hanno avuto tanta centralità. E questo è il merito della teologia della liberazione.

A partire dagli anni Ottanta del secolo scorso, poi, è apparso chia- ro a molti teologi che la stessa logica che sfrutta l’operaio, le clas- si sociali, le minoranze etniche, calpesta anche la natura e tutto il pianeta Terra. Gridano gli alberi, gridano gli animali, gridano le acque, grida l’intero pianeta sotto l’oppressione di quel processo di industrializzazione che porta a esaurimento i limitati beni e servizi della natura in funzione di un progetto di accumulazione illimitata. Un pianeta limitato come è la Terra non può sostenere un progetto illimitato.

Allora, fintantoché ci saranno poveri che gridano, fintantoché la Terra sarà sistematicamente aggredita, ci saranno cristiani in gra- do di indignarsi, di commuoversi e di schierarsi dalla parte degli oppressi e della Madre Terra devastata. Cristiani che daranno inizio a pratiche di liberazione insieme con gli oppressi ed elabo- reranno una riflessione a partire da tale prassi. Una riflessione che si chiamerà teologia della liberazione. E che, oggi, è diventata un patrimonio della Chiesa universale, la quale si è risvegliata alla responsabilità della salvaguardia di tutto il creato. Una coscienza liberatrice, questa, che si mostra viva e attiva sotto il pontificato di papa Francesco, il quale viene da un tipo di teologia della libera- zione che è stato elaborato in Argentina e che si configura come teologia del popolo oppresso e della negazione della sua cultura. Non dobbiamo mai dimenticare che siamo eredi di un prigioniero politico, perseguitato, catturato, torturato e crocifisso fuori dalla città: Gesù di Nazaret. È lui che ci ha lasciato in eredità il sogno di una liberazione totale, tale da includere la stessa creazione. È

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lui il massimo riferimento della teologia della liberazione. Marx non è mai stato il padre o il padrino di questa teologia. E questo sta risultando chiaro persino in Vaticano, se consideriamo il libro che il prefetto della Congregazione per la dottrina della fede Gerhard Ludwig Müller ha scritto insieme a Gustavo Gutiérrez con il significativo titolo Dalla parte dei poveri. Teologia della libe- razione, teologia della Chiesa 3. Ma bisogna essere chiari: ciò che è importante non è la teologia ma la liberazione concreta degli op- pressi. È la liberazione intesa come un bene del Regno di Dio, il grande sogno del Gesù storico, non la riflessione su questa libera- zione che prende il nome di teologia.

Affiorano in ogni parte del corpo ecclesiale le speranze di una riforma strutturale della Chiesa, riemergendo dal panorama di desolazione la- sciato, come sottolinei tu, dai pontificati di Giovanni Paolo II e di Bene- detto XVI, da quel «ritorno alla grande disciplina» che ha richiuso vio- lentemente le finestre aperte dal Concilio. Non ti sembra però che la di- scontinuità espressa da papa Bergoglio si situi su un piano più simbolico che dottrinario? E, soprattutto, basterà che il papa sia diverso, per rendere diversa la Chiesa?

Non sono le dottrine a occupare il centro delle preoccupazioni del vescovo di Roma in quanto, dal punto di vista teologico, le dottri- ne, in sé, non salvano nessuno. Ciò che salva, come insegnano i Concili, è «la fede informata dall’amore». Una fede senza amore persino i demoni ce l’hanno. Quello che non hanno è l’amore. Chi ha l’amore, ha tutto. Per il vescovo di Roma, la cosa importante è l’incontro con il Cristo vivente e con la sua prassi di amore e di misericordia, di accoglienza verso ogni genere di persone. France- sco recupera così la «tradizione del Gesù storico», che viene prima dell’elaborazione dei Vangeli con le loro varie teologie soggiacen- ti. Così, le categorie della «misericordia», della «gioia», della «belezza», della «cura», della «tenerezza» assumono un’importanza fondamentale. Non è un caso che egli abbia diverse volte invitato a compiere «la rivoluzione della tenerezza». Ed essendo un grande lettore di Fëdor Dostoevskij, sicuramente sarà rimasto colpito dalla celeberrima frase del principe Myškin nell’Idiota: «La bellezza salverà il mondo».

Poiché la struttura della Chiesa è segnata dalla «cefalizzazione», nel senso che tutto è concentrato nel vertice, che è il papa, se questo

3 G. Gutiérrez, G.L. Müller, Dalla parte dei poveri. Teologia della liberazione, teo- logia della Chiesa, Emi, Bologna 2013.

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vertice muta, molte cose sono destinate a cambiare nella Chiesa. Ciò viene percepito in maniera chiara in riferimento ai due papi precedenti, conservatori e dottrinari. È sul loro pontificato che ri- cade la responsabilità della formazione di tre generazioni di vescovi, preti e cristiani che si caratterizzano per la preoccupazione per la dottrina e per la sontuosità delle liturgie, espressione di un cristia- nesimo devozionale e poco attento al destino di milioni e milioni di vittime dell’ingiustizia sociale a livello mondiale. Espressione di una Chiesa, cioè, che non ama parlare dei poveri e della loro liberazione. Papa Francesco, al contrario, rappresentando un diverso tipo vertice, caratterizzato dall’apertura, dalla delicatezza e dal buon umore, sta cambiando l’immagine della Chiesa: una Chiesa vicina al popolo e ai poveri, amorevole, «con l’odore delle pecore». Ma si tratta di un cambiamento per nulla facile dopo tanti anni di assimi- lazione del cristianesimo, ancorato al passato e per nulla contempo- raneo, dei due papi precedenti.

Questo tuttavia dobbiamo riconoscerlo: Francesco è più che un nome. È espressione di un altro progetto di Chiesa e di mondo. Di una Chiesa che, in nome degli sfruttati, denuncia la causa del loro sfruttamento: il sistema che accumula illimitatamente e adora il denaro. Il papa non parla esplicitamente di capitalismo, ma è evi- dente che si riferisce ad esso. Al punto che, lo scorso luglio, du- rante il volo di ritorno dalla Polonia, in occasione della XXXI Giornata mondiale della gioventù, è arrivato a dire, a proposito di terrorismo, che il nemico della vita, il vero terrorismo contro l’u- manità, è dato proprio da questo sistema di accumulazione. E, cosa inedita nella storia del pontificato, per tre volte (due in Vati- cano e una a Santa Cruz de la Sierra in Bolivia) ha convocato i rappresentanti dei movimenti popolari mondiali, per ascoltare dalla loro bocca quali sofferenze vengono loro inflitte e chi sono coloro che le provocano. Si tratta, insomma, di una Chiesa profe- tica che denuncia l’iniquità sociale del mondo di oggi e conferisce centralità alle vittime. Decidendo di alloggiare non nei palazzi pontifici ma alla Casa di Santa Marta e scegliendo di non indossa- re la mozzetta, la mantellina corta che è il simbolo pagano e impe- riale del potere assoluto, Bergoglio esprime una Chiesa spogliata, secondo lo stile del suo patrono, il «poverello» di Assisi, sicura- mente convinto che Cristo non costruirebbe mai la sua Chiesa sulle pietre dei palazzi del Vaticano. E se tornasse a Roma andreb- be certamente ad abitare nelle borgate della periferia.

Quanto al suo progetto di mondo, papa Francesco è colui che maggiormente esorta al dialogo, all’incontro e alla cultura della

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pace e che denuncia con durezza le guerre attuali, da lui conside- rate come l’inizio di una terza guerra mondiale che si combatte a pezzetti. E la sua enciclica Laudato si’ indica come la sua preoccu- pazione principale non sia quella per il destino del cristianesimo, ma quella per l’umanità e la Casa comune. Che è il motivo per cui è rivolta a tutti gli esseri umani e non solo ai cristiani.

La questione che gli sta a cuore è la seguente: come possono il cristianesimo e le Chiese contribuire a salvare la vita e a garantire un futuro di speranza alla nostra civiltà? D’altra parte, bisogna ri- conoscere che nessuna riforma nella Chiesa è possibile se non si comincia dal suo vertice, che è il papa. La riforma è cominciata e
sono sicuro che arriverà al corpo della Chiesa, il vecchio sogno dei riformatori, i quali chiedevano una riforma «in capite et in membris». E dico questo perché ritengo che il vescovo di Roma, Francesco, darà avvio a una nuova genealogia di papi provenienti dalla periferia, dall’Africa, dall’Asia e dall’America Latina, dove vive la maggioranza dei cattolici. La vecchia cristianità europea concentra appena il 25 per cento dei cattolici e oso dire che non possiede più 1 una vitalità che possa consentirle di rappresentare il messaggio di Cristo in un mondo totalmente cambiato, immerso in un processo 9 di «pianetizzazione», e destinato a essere percepito come l’unica
Casa comune, la Terra, sovrasfruttata e ferita. Le Chiese nuove affondano le loro radici nelle culture locali, dialogano con le altre 9 religioni, elaborano le proprie liturgie e i propri modi di fare teologia in dialogo con le sfide legate all’ambiente.

Come interpreti la dura opposizione di alcuni settori al pontificato di Francesco? Una ribellione contro il papa come quella dei quattro cardi- nali guidati da Raymond Leo Burke appare come un fatto quantomeno insolito nella storia della Chiesa 4. Che conseguenze può avere il fatto che un papa venga addirittura accusato di incorrere in errori teologici? Questa opposizione al vescovo di Roma, Francesco, rivela qualco- sa di positivo: le esigenze di riforma connesse a stili di vita più evangelici, più semplici e vicini ai fedeli, danno fastidio a quei gruppi conservatori che sono ostaggio di una Chiesa di prìncipi e di abitudini medievali. Il cardinal Burke ne offre un significativo

4 Si fa riferimento ai quattro cardinali (Raymond Leo Burke, Joachim Meisner, Walter Brandmüller e Carlo Caffarra) che hanno espresso al papa cinque dubbi a proposito dell’ortodossia del documento post-sinodale sulla famiglia Amoris laeti- tia (circa l’accesso dei divorziati risposati all’eucarestia), chiedendogli di fare chia- rezza. Di fronte al silenzio del papa, il cardinal Burke è giunto a ventilare una «correzione formale».

esempio: ama le sontuose forme rinascimentali, gli abiti vistosi, la cappa magna [abito a forma di campana con strascico posteriore lungo alcuni metri], gli anelli d’oro, tutto ciò che Cristo ha critica- to e respinto. È una sorta di Trump della Chiesa cattolica: rude e provocatore. Rivela un tale livello di arroganza da pensare di sot- tomettere il papa a un processo dottrinario pur sapendo che, in base al diritto canonico, nessun papa può essere giudicato. E, per conquistare forza, è arrivato ad allearsi con Steve Bannon, il capo stratega del presidente degli Stati Uniti, cattolico ultraconservato- re (ma divorziato già tre volte) legato a gruppi conservatori della curia che mirano a destabilizzare Francesco. Tuttavia, si tratta, a mio giudizio, di un fenomeno che non avrà maggiori conseguenze: pare che il gruppo stia implodendo, in quanto si è esposto al ridi- colo, non ha un fondamento teologico e, quel che è peggio, è privo di qualunque riferimento al povero di Nazaret e alla tradizio- ne degli apostoli.

La dimensione «religiosa», con i suoi tre pilastri della legge, del tempio e della casta sacerdotale, ha soffocato innumerevoli volte nella storia la radicalità del messaggio evangelico. Eppure il Gesù descritto dai Van- geli non solo non è venuto a fondare una nuova religione, ma ha anche avuto con il potere religioso uno scontro durissimo e alla fine mortale. Come è possibile una tale incomprensione da parte di coloro che pure si professano suoi seguaci?

I Vangeli narrano le tre tentazioni di Gesù, tutte legate al potere, come esplicitato più tardi da Max Weber: la tentazione del potere profetico, quella del potere religioso e quella del potere politico. Il potere profetico è la parola, in grado di trasformare le pietre in pa- ne; il potere religioso è quello legato al tempio e al sacro in relazio- ne a costumi e tradizioni; il potere politico è quello relativo alla dominazione del mondo. Gesù ha superato le tre tentazioni. Pur- troppo, nel corso della sua storia, la Chiesa a queste tre tentazioni ha invece ceduto. È caduta nella tentazione profetica moltiplicando i miracoli e trasformando i propri ministri in soggetti dal potere magico che impongono le mani e impartiscono benedizioni curative anziché farne degli evangelizzatori in grado di inaugurare ciò che nel secondo secolo si chiamava «tertium genus», il terzo genere op- posto ai romani e ai giudei, quello dei cristiani che amavano i nemici, erano al servizio dei poveri e andavano con gioia incontro al martirio. È caduta nella tentazione del tempio creando la «sacra potestas» come asse di articolazione della struttura della Chiesa, con una vera casta sacerdotale, gerarchizzata, piena di privilegi, titoli

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onorifici e palazzi, lontana da un popolo destituito di partecipazio- ne. Quanto al potere politico, questo è ancora rappresentato dallo Stato Pontificio, ultimo residuo del vasto potere detenuto da papi come Innocenzo III, al quale quasi tutta l’Europa, al tempo di san Francesco di Assisi, era sottomessa attraverso diversi patti di vassal- laggio. È assai difficile veder ritratta in queste forme ecclesiastiche di potere la figura del Nazareno, falegname e contadino mediterra- neo, senza potere, povero, perseguitato e crocifisso. Gli è stato pre- ferito il Pantocrator, coronato come un re. Gesù non è venuto a fondare una nuova religione tra le molte che esistevano a quel tempo. Voleva insegnare a vivere, a vivere specialmente quei beni del Regno di Dio che sono l’amore incondizionato, la misericordia, la compassione, l’amore per i poveri e la totale apertura a Dio, chia- mato papà, Abbà, un Padre con caratteristiche di madre.

Una delle più avanzate frontiere teologiche è oggi quella impegnata nel compito di riformulare la fede cristiana in un linguaggio che possa risul- tare ancora significativo per gli uomini e le donne contemporanei. È possibile colmare il fossato che si è aperto tra ciò che accettiamo come verità scientifica e ciò che afferma la dottrina tradizionale della Chiesa? La Chiesa cattolica soffre di una grave lacuna per ciò che riguarda il linguaggio. E ciò si deve al modo in cui si è organizzata: anziché nella forma della comunione e della partecipazione di tutti e di dialogo con la cultura attuale, in quella della subordinazione e dell’obbedienza alle autorità. Non esiste propriamente un proces- so di iniziazione all’esperienza cristiana. Al suo posto, troviamo invece i dogmi, le dottrine e i catechismi. La teologia è ancora, in gran parte, riservata al clero. E i laici, i teologi e le teologhe ven- gono guardati con sospetto dalle autorità ecclesiastiche perché non possono essere controllati. Quello che è emerso è un cristia- nesimo mediocre che ha paura dei saperi moderni ed evita il dia- logo con le varie scienze. La morale cattolica è ancora assai debi- trice di sant’Agostino, il quale non è mai riuscito a superare total- mente il manicheismo da lui professato durante una buona parte della sua vita. È la sua visione etica ad aver preso il posto di quel- la della prassi di Gesù, delle beatitudini e dell’amore incondizionato, specialmente verso quegli invisibili che per Gesù erano il vero prossimo. La Chiesa non ha mai dialogato con Freud, con Wilhelm Reich o con Donald Winnicott e ancora meno con Darwin, Heisenberg/Bohr e con Marx. E, se lo ha fatto, è stato in maniera negativa.

In tal modo, la grandezza del messaggio di Gesù non viene perce- pita dalle persone. Ma, grazie al vescovo di Roma, Francesco, si è

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dato ora inizio a un dialogo con gli intellettuali, con gli atei e con qualunque persona che mostri interesse alla questione del senso della vita e dell’universo, come è avvenuto con il fondatore del quotidiano la Repubblica Eugenio Scalfari. Credo che per superare tale deplorevole situazione sia necessario dare la parola ai laici, agli scienziati, ai letterati, agli intellettuali e a tutti coloro che ab- biano qualcosa da dire. La Chiesa non deve sentirsi detentrice della verità e non ha neppure bisogno di esserlo. Deve, al contra- rio, confidare nello spirito umano, sempre accompagnato dallo spirito di intelligenza e di comprensione. Tutti partecipano della verità. È un atto blasfemo contro lo Spirito Santo immaginare che gli altri, tanto in Oriente quanto in Occidente, abbiano solo pro- dotto errori. Mi vengono in mente gli ispiratori versi del poeta spagnolo Antonio Machado: «La tua verità?/ No, la Verità,/ vieni con me a cercarla./ La tua, tienitela».

Quanto sono ancora plausibili le religioni nel mondo postmoderno?

Ritengo che il fattore religioso sia un dato antropologico del fon- damento utopico dell’essere umano. Oggi, dopo il riflusso della marea critica nei riguardi della religione, possiamo dire che i critici non lo sono stati abbastanza. In fondo, tutti sono incappa- ti in un equivoco. Hanno voluto collocare la religione all’interno della ragione, producendo così ogni tipo di impasse. Perché non si sono resi conto che il luogo della religione non è all’interno della ragione, ma nell’intelligenza cordiale, nell’emozione pro- fonda, nel sentimento oceanico, in quella sfera dell’umano in cui emergono i sogni e le utopie. Lo spiegava bene Blaise Pascal, nel frammento 278 dei suoi Pensées: «Il cuore, e non la ragione, sente Dio». Credere in Dio non è pensare Dio, ma sentire Dio a partire dalla totalità del nostro essere. La religione è la voce di una co- scienza che non può trovare riposo nel mondo così com’è e che ha come progetto quello di trascenderlo. Ricordo un’affermazio- ne di Émile Durkheim nel suo famoso libro Le forme elementari della vita religiosa (1912): «Nella religione c’è quindi qualcosa di eterno, destinato a sopravvivere a tutti i simboli particolari di cui il pensiero religioso si è successivamente circondato». In questo senso, essa è sovratemporale, perché affonda le sue radici nel profondo dell’essere umano, sia nel passato, sia nella modernità, sia nella postmodernità.

Hai dedicato la tua intera vita al servizio della causa della liberazione: quella dei poveri e quella del «grande povero» che è il nostro pianeta

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devastato e ferito. E ora il loro duplice – e congiunto – grido ha trovato accoglienza nella Laudato si’, a cui tu stesso hai collaborato. Dopo più di trent’anni di lavoro diretto ad articolare teologia della liberazione ed ecologia, cosa significa per te il fatto che il papa, citando il titolo di uno dei tuoi libri più conosciuti, abbia evidenziato la necessità di ascoltare il grido dei poveri insieme a quello della Terra?

Concentrandosi non solamente su quella parte della realtà che è la Chiesa, ma sul tutto che è la Casa comune e la specie umana, papa Francesco mostra grande sensibilità per la sofferenza della Terra, della natura e di gran parte dell’umanità impoverita e affa- mata. Così, ha raccolto i dati più affidabili delle scienze e ha elaborato un’enciclica sui problemi ecologici che possono minacciare la vita sulla Terra e il futuro della specie umana. Non è corretto definirla un’enciclica verde, un’enciclica che tratta di ambiente. Perché abbiamo a che fare con un’ecologia integrale che com- prende le quattro grandi tendenze della riflessione ecologica mon- diale: quella ambientale, quella politico-sociale, quella mentale- culturale e quella spirituale. Ed è curioso che il papa utilizzi non soltanto la ragione analitica, ma anche, e principalmente, l’intelli- genza cordiale e sensibile. Solo attraverso questo tipo di intelli- genza, infatti, le persone possono sentire come proprio il dolore della Terra e degli altri fratelli e sorelle. È l’intelligenza cordiale che muove le persone a impegnarsi sul versante della salvaguardia della Terra. Per questo Francesco chiede che si articoli sempre il grido della Terra con il grido dei poveri, citando il titolo del mio libro che ha inaugurato, a metà degli anni Novanta, il dialogo tra la teologia della liberazione e l’ecologia. Un dialogo che ho appro- fondito poi, insieme al cosmologo nordamericano Mark Hatha- way, nel volume Il Tao della liberazione 5, il quale ha ricevuto, nel 2010, negli Stati Uniti, il premio Nautilus Gold Medal in scienza e cosmologia. Se prima quasi nessuno mi prestava ascolto, oggi questo è diventato un discorso generale delle Chiese e di gran parte della società. Per me si è trattato di una mera conseguenza del principio di base della teologia della liberazione: l’opzione per i poveri, contro la loro povertà e per la loro liberazione. È all’interno di questa opzione che occorre collocare il Grande Povero che è la nostra generosa Madre Terra, sovrasfruttata e sofferente, anch’essa bisognosa di liberazione. Con la sua enciclica, secondo vari esperti, come Edgar Morin, il papa si pone all’avanguardia della discussione ecologica mondiale.

5 L. Boff, M. Hathaway, Il Tao della liberazione, Fazi Editore, Roma 2014.

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Nella tua riflessione teologica hai preso enormemente sul serio le tante minacce di distruzione lanciate contro Gaia, il pianeta vivente che è la nostra Casa comune, ma sempre coltivando la speranza che l’evoluzione sia plasmata in modo tale da convergere verso livelli di complessità e di autocoscienza sempre maggiori, annunciando un nuovo inizio per quell’unica entità indivisibile Terra-umanità che gli astronauti per pri- mi hanno colto, con emozione e riverenza, guardando il nostro pianeta azzurro e bianco dallo spazio. Lo scenario attuale, pur così drammatico, autorizza a sperare nell’avvento di una nuova era della Terra?

Penso che ci troviamo alla fine di un’epoca e agli albori di una nuova. Si tratta di una crisi di proporzioni planetarie che sarà destinata a smantellare questo tipo di mondo in cui l’essere umano si è trasformato nel Satana della Terra anziché nel suo angelo custode. Se continuassimo in questa direzione, potremmo andare incontro al peggio. Ma questo sentimento è tipico dei tempi di crisi, quando scompaiono i punti di riferimento e sorgono allora idee apocalittiche, timori di grandi tragedie. Io credo che ci troviamo di fronte non a una tragedia inevitabile, ma a una transizione verso un nuovo modo di abitare la Casa comune. Le sofferenze che proviamo non sono quelle di un moribondo sul letto di morte, ma quelle di un parto da cui emergerà una nuova creatura. Non finirà il mondo, ma solo questo tipo di mondo, il quale è condanato a morire in quanto eccessivamente crudele e nemico della vita. Faccio mie le parole conclusive dell’enciclica Laudato si’ di papa Francesco: «Camminiamo cantando! Che le nostre lotte e la nostra preoccupazione per questo pianeta non ci tolgano la gioia della speranza».

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La fuerza política de la esperanza ante la situación actual

13/06/2017

Vivimos tiempos de gran desamparo social. Se ha producido una especie de terremoto, esta vez no provocado por la naturaleza sino por la propia política.

Hubo un golpe de clase de los adinerados, amenazados en sus privilegios por los beneficiados por las políticas sociales de los gobiernos del PT, que los llevó a ocupar lugares de los que antes estaban excluidos. Para ello usaron el parlamento, como en 1964 los militares. La destitución de la presidenta Dilma, democráticamente elegida, sirvió a los propósitos de estas élites económicas (el 0,05% de la población según el IPEA), lo cual implicaba ocupar los aparatos del Estado y garantizar así su status histórico-social hecho a base de privilegios y de negocios turbios. Habiendo naturalizado la corrupción, no tuvieron escrúpulos en modificar la constitución e introducir reformas que eliminaron derechos de los trabajadores y modificaron profundamente los beneficios de la Seguridad Social.

La corrupción, detectada primeramente por los órganos de espionaje de Estados Unidos y traspasada a nuestro sistema jurídico, permitió instaurar un proceso judicial que recibió el nombre de Lava-Jato. Ahí se detectó la trama inimaginable de corrupción que atraviesa las grandes empresas, desde las estatales a las privadas, los fondos y otros órganos, dentro de la lógica del patrimonialismo. La corrupción identificada fue de tal orden que escandalizó al mundo. Llegó a quebrar estados de la federación, como por ejemplo el de Río de Janeiro.

Yo mismo y otros muchos estamos sin recibir nuestros sueldos de profesores universitarios, retirados o no, desde diciembre de 2016.

La consecuencia es el descalabro político, jurídico e institucional. Es falaz decir que las instituciones funcionan. Todas ellas están contaminadas por la corrupción. La justicia es vergonzosamente parcial especialmente el justiciero Sergio Moro y buena parte del Ministerio Público, apoyados por una prensa reaccionaria sin compromiso con la verdad. Esta justicia revela sin tapujos una furia incontrolable de persecución al expresidente Lula y a su partido, el PT, el mayor del país. Se quiere destruir su indiscutible liderazgo, desfigurar su biografía e impedir de cualquier modo que sea candidato. Se fuerza su condenación, fundada más en convicciones que en pruebas materiales, lo que impediría su candidatura, que goza de la preferencia de la mayoría.

La consecuencia es un sufrido vacío de esperanza. Pero es importante recuperar el carácter político-transformador de la esperanza. Ernst Bloch, el gran pensador de la esperanza, habla del principio-esperanza, que es más que la virtud común de la esperanza. Es ese impulso que habita en nosotros, que nos mueve siempre, que proyecta sueños y utopías, y sabe sacar de los fracasos motivos de resistencia y lucha.

De san Agustín, tal vez el mayor genio cristiano, gran formulador de frases, nos viene esta sentencia: “la esperanza tiene dos hijas queridas: la indignación y la valentía; la indignación nos enseña a rechazar las cosas así como están y la valentía, a cambiarlas”.

En este momento debemos evocar en primer lugar a la hija-indignación frente a lo que el gobierno Temer está perpetrando criminalmente contra el pueblo, contra los indígenas, contra la población del campo, contra las mujeres, contra los trabajadores y contra las personas mayores, quitándoles derechos y rebajando a millones de personas, que de la pobreza están pasando a la miseria. No se escapa ni la soberanía nacional, pues el gobierno Temer está permitiendo vender tierras nacionales a extranjeros.

Si el gobierno ofende al pueblo, este tiene derecho a evocar a la hija-indignación y no darle paz, sino exigir en las calles y plazas su salida, ya que está acusado de delitos de corrupción y es fruto de un golpe, y por eso carece de legitimidad.

La hija-valentía se muestra en el deseo de cambio, no obstante los enfrentamientos que pueden ser peligrosos. Ella nos mantiene animados, nos sostiene en la lucha y puede llevarnos a la victoria. Es importante seguir el consejo del Quijote: no hay que aceptar las derrotas sin antes dar todas las batallas.

Un dato que debemos tener en cuenta siempre es que la realidad no es solo lo que está ahí, como un hecho al alcance de nuestra mano. Lo real es más que lo factual. Lo real esconde dentro de sí virtualidades y posibilidades ocultas que pueden ser sacadas afuera y volverse hechos nuevos.

Una de estas posibilidades es evocar el artículo primero de la constitución que reza: “todo poder emana del pueblo”. Los gobernantes y los políticos solo son delegados del pueblo. Cuando le traicionan, ya no representan los intereses generales sino los de las empresas que financian sus elecciones. El pueblo tiene derecho de sacarlos del poder mediante elecciones directas ya.

“Fuera Temer y directas ya” no es un slogan de grupos sino de grandes multitudes. La hija-valentía debe exigir, por derecho, esta opción, la única que garantizará autoridad y credibilidad a un gobierno capaz de sacarnos de la presente crisis.

Las dos hijas de la esperanza podrían hacer suya esta frase de A. Camus: «En medio del invierno descubrí que había, dentro de mí, un verano invencible».

*Leonardo Boff es articulista del JB online, profesor y escritor.

Traducción de Mª José Gavito Milano

 

François Houtart e Miguel d’Escoto: servos dos oprimidos: Frei Betto

13/06/2017

Associo-me ao Frei Betto na homenagem de dois grandes amigos comuns que tínhamos e que concluiram, na semana passada, a sua peregrinação por este mundo: o teólogo e sociólogo belga vivendo no Equador, François Hourtart e o ex-chanceler da Nicaragua e ex-presidente da ONU 2008-2009, o padre Miguel d’Escoto. Foram os servos dos oprimidos duante toda a vida. Dele aprendemos a política unida à espiritualidade e a reconhecer a diplomacia como caminho para a paz entre os povos. Sentiremos sua falta, pois estavam sempre presentes em nossos encontros intervindo com judiciosas intervenções. Foram nossos mestres e doutores e sempre permanecerão em nossa memória e em nosso coração:Lboff

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François Houtart transvivenciou no último 6 de junho, no Equador. Tinha 92 anos, e o entusiasmo revolucionário de um jovem de 20. Nosso último encontro foi em março deste ano de 2017, quando fiz uma série de palestras em Quito a convite do presidente Rafael Correa. François me acompanhou todo o tempo. Fomos juntos a Pucahuaico, onde se encontra enterrado o corpo de monsenhor Leônidas Proaño, bispo indígena identificado com a Teologia da Libertação. A capela, aos pés do vulcão Imbabura, estava repleta de índios e gente do povo. Houtart presidiu a celebração eucarística.

No dia seguinte, Rafael Correa nos ofereceu um almoço. Havia sido aluno de François em Lovania, Bélgica, onde durante anos Houtart formou, em Sociologia e Ciências da Religião, alunos oriundos da periferia do mundo, entre os quais o colombiano Camilo Torres e o brasileiro Pedro Ribeiro de Oliveira, que nos relata:

“Em 1975, voltei à Bélgica para iniciar o doutorado. A primeira reunião de trabalho com Houtart, meu orientador, desmontou tudo que eu tinha preparado para a tese sobre catolicismo popular. Disse que ela era insuficiente, porque não trazia uma explicação sociológica. Para aumentar meu espanto, acrescentou: ‘Como você não deve ignorar, só a teoria marxista é realmente explicativa. As outras são apenas descritivas.’ Saí dali atordoado, sem entender como um padre, que havia sido perito no Concílio, tendo colaborado até na redação da Gaudium et Spes, havia se tornado marxista sem deixar a Igreja. Aos poucos fui entendendo: ele fazia oposição ativa à guerra dos EUA contra o Vietnam, e foi assim que descobriu, na teoria da luta de classes, um instrumento teórico capaz de elucidar o que estava em jogo naquela guerra, nos movimentos anticolonialistas da África e da Ásia, e nas ditaduras latino-americanas. O melhor é que me convenceu de uma vez por todas. Na última vez em que participamos juntos de um congresso de Sociologia da Religião, éramos os únicos sociólogos a usar o instrumental marxista para explicar fatos religiosos. Brinquei com ele, pedindo que demorasse bastante a morrer, para eu não ficar sozinho usando Marx para entender a religião…”

François era alto, tinha os olhos muito claros e sorria com facilidade, mesmo ao manifestar, no Fórum Social Mundial de Porto Alegre, em 2005, pertinentes críticas ao governo brasileiro na presença do presidente Lula. De fala pausada, seu raciocínio científico era didático, pois abandonara a Europa para viver na América Latina e se dedicar aos movimentos sociais de países de nosso continente, da África e da Ásia. Em 2016, assessorou o congresso nacional do MST, em Brasília.

Convivemos em várias ocasiões ao participar de eventos no Brasil, em Cuba, na Nicarágua e na Bolívia. Eu sempre me perguntava como um homem acima dos 80 anos encontrava tanto ânimo para viajar mundo afora, muitas vezes carregando uma pesada mala com livros de sua autoria, sem jamais se queixar de se hospedar em uma tenda indígena no alto dos Andes, em um assentamento do MST no Brasil ou em uma cabana de plantadores de arroz no Vietnam.

Em seus anos de estudo em Roma, François teve como colega um jovem chamado Karol Wojtyla. Contou-me que o seminarista polonês tinha obsessão por aprender idiomas. Aproveitava as férias para se deslocar para as regiões da Europa nas quais lhe fosse ensinada uma nova língua. Certa ocasião, acompanhou Houtart até a Bélgica, interessado em aprimorar seu francês e conhecer o flamengo.

Uma noite, Wojtyla retornou à casa sob forte chuva. Seus sapatos poloneses haviam sido arruinados pela água. François encontrou um seminarista belga que, por calçar o mesmo número do polonês, pode lhe ceder um novo par. Décadas depois, já sacerdote, o doador dos sapatos quis ser recebido pelo papa João Paulo II. A burocracia alegou falta de agenda. Ao encaminhar uma nota ao pontífice, recordando os sapatos, as portas do Vaticano se abriram.

Em 2016, Houtart me convidou ao Equador para um seminário sobre a encíclica socioambiental Louvado Sejas, do papa Francisco. Do trabalho conjunto naqueles dias resultou a publicação, assinada por nós dois, Laudato Si – Cambio Climático y Sistema Económico (Quito, Centro de Publicaciones, Pontifícia Universidad Católica del Ecuador, 2016).

Na viagem que, em março último, fizemos à região andina do Equador, François me narrou sua participação, aos 15 anos, na resistência contra a ocupação nazista na Bélgica. Ele e um amigo decidiram fabricar uma bomba caseira para descarrilar um trem de soldados de Hitler. Não tiveram êxito e o atentado lhe valeu um puxão de orelhas da mãe. Contou-me ainda que tinha mais de dez irmãos. Há uma década, com todos vivos, se reuniram para comemorar os 1.000 anos da soma de suas idades.

Na visita de João Paulo II a Cuba, em janeiro de 1998, Fidel convidou Houtart para assessorá-lo, em companhia de Pedro Ribeiro de Oliveira, do teólogo italiano Giulio Girardi e de mim. Foram dias de intenso trabalho comunitário.

Formação operária
Em 2016, François me remeteu um interessante relato sobre a sua formação, que aqui transcrevo em espanhol:
“Durante mis años de seminário en Malines (Bélgica), participaba en numerosas reuniones de la JOC (Juventud Obrera Católica) en Valonia y en Bruselas, durante las vacaciones. Ahí fue donde descubrí la situación de la clase obrera de esa época (1944-1949). Justo después de la postguerra, el esfuerzo de reconstrucción de Europa estuvo acompañado por una sobre explotación del trabajo, y las condiciones sociales de los jóvenes eran particularmente escandalosas.”

“Los congresos de la JOC regionales y nacionales permitían informarse sobre el marco más general de la situación económica y social. Además, pude visitar diferentes fábricas y minas de carbón. La JOC belga me puso en contacto con el movimiento en Francia, en los Países Bajos, en Inglaterra, en Alemania, en España, y poco a poco la dimensión internacional se convirtió también en una parte importante de mi introducción en el mundo del trabajo.”

“En numerosas ocasiones, me entrevisté con Monseñor Cardijn (fundador de la JOC) y estuve muy impresionado por su combatividad, su insistencia sobre la incompatibilidad entre la injusticia social y la fe Cristiana, y sobre su conocimiento de la vida de los jóvenes trabajadores. Descubrí también el método pedagógico, el no partir de arriba imponiendo un saber, sino de abajo, descubriendo la realidad: ver, juzgar, actuar.”

“Esta experiencia me incitó a pedir, después de mi ordenación sacerdotal, iniciar estudios de Ciencias Sociales y Políticas en la Universidad Católica de Lovaina. Me pasé 3 años ahí, quedándome en permanente contacto con la JOC, siguiendo ciertas secciones, viajando por Europa para encuentros con el movimiento. Mi tesis de licenciatura estuvo dedicada al estudio de las estructuras pastorales de Bruselas, habiendo descubierto, por una parte, su ausencia en los medios obreros, y por otra la identificación de la cultura religiosa cristiana con la cultura burguesa, creando un divorcio con la clase obrera y, particularmente, los jóvenes.”

“Durante el último año de mis estudios en Lovaina, fui el capellán del Hogar de los Jóvenes Trabajadores en Bruselas, un servicio de la JOC para los jóvenes que habían estado confrontados a la Justicia de la Juventud.”

“En el plan europeo, es en Francia donde tuve más contactos, particularmente en la región parisina: St Denis y otros suburbios. Me hice amigo de algunos sacerdotes obreros, e incluso me quedaba a vivir en sus casas.”

“Después de conseguir una beca por estudios para la Universidad de Chicago (1952-1953), con el fin de continuar la Sociología Urbana y la Sociología de la Religión, residí en una parroquia donde trabajaba al capellán de la JOC de la ciudad. Fue también la ocasión de bastantes encuentros con la JOC de los Estados Unidos. Durante las vacaciones de Pascua de 1953, fui a La Habana para asistir a un Congreso de la JOC de América Central y del Caribe, donde estuvo presente Cardijn. Pude tener reuniones con secciones locales y entrevistarme con el capellán nacional de Cuba. Esto me metió en la problemática latinoamericana, que deseaba conocer desde hacía tiempo. Después del congreso acompañé al capellán de la JOC de Haití a Puerto Príncipe, y me pasé una semana en el país en visitas y reuniones con el movimiento haitiano.”

“Luego di clases durante un semestre en la Universidad de Montreal, y también participé en actividades del movimiento. De ahí me trasladé de nuevo a América Latina y durante 6 meses recorrí casi todos los países, desde México hasta Argentina, siempre con la JOC, gracias a los contactos conseguidos durante los congresos internacionales. Fue una gran escuela el descubrir el continente desde abajo. Una vez más, descubrí los abismos entre los ricos y los pobres y la explotación increíble de los jóvenes urbanos y rurales. Fui golpeado por el papel de los sacerdotes apegados al movimiento en la renovación de una Iglesia tan alejada del pueblo y tan próxima a las élites y oligarquías sociales. Eran activos en todos los campos: social, litúrgico, pastoral, bíblico. Una gran parte de estos sacerdotes pertenecían a las órdenes religiosas y bastante de ellos habían estudiado en Europa.”

“Este contacto con América Latina fue el que me hizo iniciar, en 1958, un estudio socio-religioso sobre el conjunto del continente, con equipos en cada país, varias veces con miembros de la JOC. Se terminó en 1962 y fue publicado en unos cuarenta volúmenes, lo que llevó al Consejo Episcopal Latinoamericano pedirme una síntesis en tres lenguas para distribuir en la entrada del Concilio Vaticano II al conjunto de los obispos y a acompañarle como peritus durante los 4 años del trabajo conciliar.”

“El cardenal Cardijn me había pedido entre tanto si aceptaría ser el capellán internacional del movimiento, lo que evidentemente me interesaba mucho, pero mi obispo, el cardenal Van Roey no aprobó esta idea.”

“Después, habiendo trabajado en Asia, durante las vacaciones de la Universidad de Lovaina, donde impartía Sociología de la Religión, me puse en contacto también con la JOC en Sri Lanka, en la India, en Vietnam, en Corea del Sur, en Filipinas. Con mi colega, Geneviève Lemercinier, nos hicimos cargo de un seminario de formación para el análisis social para los militantes de la JOC de Hong Kong. En África del Sur, en pleno apartheid, participé durante 3 días en una reunión nacional con jóvenes trabajadores blancos, negros y mestizos, lo cual en principio estaba prohibido, en un convento de los Padres Oblatos, en Bloemfontein.”

“En cualquier parte, de América Latina, Ásia y África, me he reunido en los años siguientes con antiguos miembros de la JOC, tanto en los sindicatos, como en las ONG de desarrollo, o en el seno de partidos políticos progresistas y también revolucionários, como en Nicarágua o en Bolívia.”

“Las enseñanzas que sacado de la JOC han sido numerosas y fundamentales. En primer lugar, fue el conocimiento del mundo obrero, de sus luchas, de sus organizaciones. Después, fue el método: ver, juzgar, actuar, que da un marco de reflexión muy eficaz para el análisis de las realidades y para la puesta en marcha de una acción que les sea adaptada. Si estudié Sociología y si continué constantemente el trabajo de investigación, era para afinar el “ver” en sociedades muy diferentes y complejas. Esto también me permitió descubrir que se podía leer la sociedad desde arriba, pero también desde abajo, y que la opción del Evangelio era leer el mundo con los ojos de los pobres y de los oprimidos. No existe una ciencia neutra, sobre todo en el marco de las ciencias humanas.”

“La pedagogía de la JOC y su adaptación a un medio específico de jóvenes trabajadores, a menudo a duras penas alfabetizados, me ha enseñado a utilizar un lenguaje sencillo, a estructurar correctamente el raciocinio para que sea comprendido, en una palabra a bajarse del pedestal académico y también de aprender de los que tienen un saber práctico a menudo despreciado por el saber llamado “sabio”.”

“Por fin, es también la JOC que me ha llevado a profundizar la dimensión social del Evangelio, y a comprender que lo que pide el Señor es el amor eficaz. No se trata únicamente de una actitud personal, sino que este amor implica la construcción de una sociedad justa y de seguir el ejemplo de Jesús en su sociedad, donde anunció los valores del Reino de Dios, el amor al prójimo, la justicia, la igualdad, la misericordia, la paz, y combatió todos los poderes opresores, económicos, sociales, políticos e incluso religiosos. No en vano murió (ejecutado) sobre la cruz.” (Quito, 01.03.16)

A transvivenciação
Nidia Arrobo Rodas, que trabalhava com François na Fundação Povo Indígena do Equador, relata os últimos momentos dele:
“Nuestro querido François se fue como vivió, con una serenidad total, entero, lúcido, diáfano, de pie…. En la víspera, luego de un Acto de Denúncia en el IAEN (Instituto de Altos Estudios Nacionales) sobre el genocídio Tamil, cenamos como de costumbre la “sopita” que tanto le gustaba y para él era imprescindible al caer la tarde tomarla en comunión en nuestra mini residencia y, como de costumbre, se fue a dormir… Claro que en su habitación siguió trabajando… No sabemos hasta que hora… Porque hasta las once de la noche aún recibimos sus emails.”

“Al amanecer, intuimos que se ha levantado para ir a la ducha y las fuerzas le faltaron… Se ha puesto la salida de cama, se ha sentado en su sillón relax muy próximo a su cama, y con su mano en el corazón se quedó durmiendo el sueño más profundo de su vida, muy plácidamente, sin hacer ningún ruido, muy calladito.. Un infarto masivo… A las siete y media de la mañana… se despertó en Dios.”

“Precisamente en el mes de abril fuimos al cardiólogo, a instancias mias, porque sentía que se agitaba mucho y como que le faltaba el occígeno… El cardiólogo le pidió hacerse una cirugía de la arteria del corazón, pues se había estrechado, y el marca pasos ya no respondía como hace cuatro años que se lo puso. Le dije: François, la cirugía es inminente… El optó por hacercela en Bélgica por sugerencia del mismo cardiólogo… Pero por más que le insistia, no tomó la decisión de viajar enseguida: ‘Tengo muchos compromisos, tengo que terminar la cátedra Houtart en el mes de junio y me voy’ me dijo. De nuevo le dije que era mucho tiempo de espera… Pero él era dueño absoluto de su voluntad y de sus decisiones… Optó por terminar aquí todo lo previsto y viajar en junio a Bélgica para su cirugía, que deportivamente decía, es algo muy pequeño.”
“Con esto, tenía pasajes comprados y maletas listas, para viajar ayer (9 de junio), pero primero a Bogotá, luego una semana en Cuba, luego una semana en Brasil y llegar a finales de junio a su Bélgica…”

“Yo sabía que él libremente optó por vivir con nosotros, se sentía feliz, vivió feliz… y pienso que en el fondo de su corazón quizó terminar aquí mismo sus días.”

“La última celebración tuvo lugar – a pedido mio – en el IAEN, el propio miércoles, exactamente a las cinco de la tarde, día y hora en la que tenía terminar el programa de su cátedra este año.”

“Estamos desolados… Fuimos felices con su presencia jovial, llena de amistad, finura de espíritu, delicadezas y de detalles increíbles; pero al mismo tiempo sé que él fue feliz en medio de nosotros… Siempre nos lo decía y esto me llena de gozo y gratitud.”

“Sin embargo a él lo sentimos entre nosotros, el está vivo y sigue y seguirá vivo y resucitado en las luchas de liberación de todos los empobrecidos de todo el mundo, y en los dolores de parto con los que gimen los PUEBLOS INDIGENAS y nuestra Pachamama.”

“Como consta en su testamento, lo cremamos… y lo más pronto sus cenizas reposarán junto a las de su madre en su Bélgica natal.”

Miguel D’Escoto
Dois dias depois de Houtart nos deixar, perdi outro amigo, também sacerdote e revolucionário como ele, o padre Miguel D’Escoto, falecido aos 84 anos. Ministro das Relações Exteriores da Nicarágura sandinista entre 1979 a 1990, presidiu a Assembleia Geral da ONU em 2008 e 2009.
Filho de diplomata, D’Escoto nasceu em Los Angeles, em 1933. Fez-se sacerdote pela congregação de Maryknoll e foi um dos fundadores da editora novaiorquina Orbis Books, que em 1977 publicou nos EUA meu livro Cartas da prisão com o título Against principalities and powers.

Foi D’Escoto que recebeu Lula e a mim em Manágua, por ocasião do primeiro aniversário da Revolução Sandinista, em julho de 1979. Levou-nos à casa de Sérgio Ramirez, então vice-presidente do país, na noite de 19 de julho, quando então conhecemos e conversamos longamente com Fidel Castro.

Em janeiro de 1980, ele veio a São Paulo, em companhia de Daniel Ortega, presidente da Nicarágua, participar do primeiro congresso mundial da Teologia da Libertação. Foi um dos oradores da Noite Sandinista, no TUCA, teatro da Universidade Católica de São Paulo.

No domingo, 29 de novembro de 1981, em Manágua, reencontrei-o em sua casa, que pertencera ao executivo que presidira o Banco Central da Nicarágua à época da ditadura Somoza. Ali se encontravam Daniel Ortega; o secretário-geral da Frente Sandinista de Libertação Nacional, René Nuñez; os padres Gustavo Gutiérrez, Pablo Richard, Fernando Cardenal, Uriel Molina, e o ministro do Bem-Estar Social, padre Edgard Parrales.

D’Escoto acabava de retornar do México e descrevia em detalhes as recentes conversas sobre a América Central entre o presidente López Portillo e o general Alexander Haig, secretário de Estado dos EUA. Na atenção dos convivas, uma indisfarçável satisfação pela eficiência da espionagem sandinista dentro do governo mexicano.

Falamos da conjuntura da Igreja, da campanha internacional contra a Revolução e sobre a Juventude Sandinista, agora aos cuidados de Fernando Cardenal. Preocupava-me o caráter mecanicista do marxismo divulgado entre os jovens sandinistas, mera apologética de antigos manuais russos. Insisti na importância de os sacerdotes no poder – D’Escoto, Parrales e os irmãos Cardenal – explicitarem publicamente sua vida de fé. Temia que projetassem uma imagem mais política que cristã.

No sábado, 16 de novembro de 1984, em Manágua, retornei à casa de D’Escoto. Perguntei-lhe por que não fora à reunião da OEA em Brasília. “Para não valorizar a OEA” – respondeu -, “que continua servindo de instrumento nas mãos dos Estados Unidos, contra a soberania dos povos da América Central.”

Celebramos a eucaristia sob o alpendre de vime do quintal. Lemos e meditamos o evangelho de Mateus 4, 25 ss. D’Escoto desabafou: “Estou com o corpo e a mente cansados, pois já não acompanham o ritmo acelerado que as circunstâncias me impõem. Sonho em desfrutar da solidão, em ter tempo para mim e não ter que ficar sempre atento ao telefone. No entanto, sei que, por enquanto, isso é apenas um sonho. De minha intimidade com Jesus arranco as forças que me sustentam.”

Ao fim da celebração, me disse: “Quero duas coisas de você: leio com muito gosto o último livro de Dom Pedro Casaldáliga. Soube que, em breve, ele irá à Espanha. Peça-lhe que, antes, passe por Nicarágua. E insista com Dom Paulo Evaristo Arns para que venha à posse de Daniel, dia 10 de janeiro próximo.

“Por que você não liga agora para Dom Paulo?” – sugeri.

Tentamos, mas o cardeal de São Paulo não se encontrava em casa.

Onze dias depois dei pessoalmente o recado a Dom Paulo Evaristo Arns. No ano seguinte, Dom Pedro Casaldáliga visitou a Nicarágua.

Em março de 1986, reencontrei-o em Havana, em companhia de Rosario Murillo, atual vice-presidente da Nicarágua e esposa de Daniel Ortega, e de Manuel Piñeiro, chefe do Departamento de América do Comitê Central do Partido Comunista de Cuba. Falamos longamente sobre a situação da Nicarágua e do apoio explícito que os bispos Obando e Vega davam à política agressiva de Reagan. D’Escoto era de opinião que os padres, religiosos e leigos deviam enfrentar corajosamente o arcebispo de Manágua, partindo, se necessário, para a desobediência eclesiástica. Isso lhe valeu, posteriormente, a suspensão, por parte do papa João Paulo II, do exercício de seu sacerdócio, medida revogada pelo papa Francisco.
Em janeiro de 1989, em Havana, nos vimos na comemoração dos 30 anos da Revolução Cubana. Ele se entreteve em longa conversa com Leonardo Boff sobre a teologia da Trindade. “É a base da minha espiritualidade”, ouvi-o dizer. E lamentou a situação de seu país: “O mais duro para o povo da Nicarágua não é a agressão americana, mas a falta de apoio da Igreja.”
Tivemos outros encontros posteriores, como na época em que presidia a Assembleia Geral da ONU, o que o levou a descrer inteiramente da eficácia dessa importante instituição, manipulada pelos interesses da Casa Branca.

Acréscimo meu: junto com vários chefes de Estado do mundo inteiro e de grandes nomes da ciência política e econômica desenhou outra constituição da ONU, cuja sede deveria ser na África, na Nigéria. Os estudos sobre as instituições, sobre os vários departamentos,sobre o sistema financeiro andavam bem adiantados. Ele e eu fomos encarregados de redigir o núcleo teórico da nova ONU. O título que demos foi: Declaração universal sobre o Bem Comum da Terra e da Humanidade. O texto circulou pelo mundo afora e se encontra na internet. O próprio Papa Francisco utilizou este texto para a sua encíclica sobre o Cuidado da Casa Comum. Foi graças às gestões de Miguel d’Escoto enquanto presidente da ONU da 63º sessão em 22 de fevereiro de 2009 que passou a proposta de transformar o dia 22 de abril, dia da Terra, como sendo o Dia da Mãe Terra. Discursou o presidente da Bolívia Evo Morales Ayma e quem escreve estas linhas. Nossa argumentação foi tão convincente que a Assambléia aprovou por unanimidade a proposta. Outras vezes ajudei-o a redigir seus discursos que sempre iniciavam:”Meus irmãos e minhas irmãs”. Um jornal de Nava York observou que esta saudação soava ridícula. Mas d’Escoto respondeu, reafirmando a fraternidade universal e por isso era importante saudar a todos com a doce fórmula “meus irmãos e minhas irmãs”. Visitei-o algumas vezes na Nicaragua, já bastante adoentado e entretivemos longas conversações espirituais, pois era alguém profundamente religioso. O que mais venerava era o Espírito Santo e a Virgem Maria. Ele mesmo editou meu livro sobre o Espírito Santo, todo ilustrado com imagens da arte indígena nicaragüense. Agora junto a Deus continuará a lutar pela confraternização de todos os povos, numa Nações Unidas não mais dominada pelos “donos”do poder mundial, mas pela comunhão entre todos os povos, culturas e religiões (Leonardo Boff).

Com o desaparecimento de François Houtart e Miguel D’Escoto perdem a América Latina, a causa dos pobres e a Teologia da Libertação. Deixam-nos um legado de como viver a fé cristã em um mundo dividido entre poucos biliardários e multidões de miseráveis, e do que significa ser discípulo de Jesus nesse conturbado início do século XXI.

Frei Betto é escritor, autor de “Paraíso perdido – viagens ao mundo socialista” (Rocco), entre outros livros.
http://www.freibetto.org/> twitter:@freibetto.

El porqué de las elecciones directas ya

11/06/2017

Todos reconocen que estamos sumergidos en una profunda crisis, de las más graves de nuestra historia, porque abarca todos los ámbitos de la vida social y de la particular. El hecho de la crisis significa que perdemos las estrellas-guía y nos encontramos en un vuelo ciego sin saber hacia donde vamos. Nadie hoy puede decir lo que será Brasil en los próximos meses. Por eso no es verdad afirmar que las instituciones están funcionando. Si funcionasen no habría crisis. Funcionan para algunos y para otros son completamente disfuncionales, especialmente para la gran mayoría del pueblo, víctima de reformas sociales que van contra sus anhelos más profundos y, lo que es peor, que implican la retirada de derechos y de conquistas históricas, tal como están previstas en las reformas laboral y de la seguridad social.

El hecho está agravado por la ilegitimidad del Presidente, cuya legalidad es discutida y, para muchos, consecuencia de un golpe parlamentario detrás del cual se ocultan, como en otras ocasiones, las oligarquías económicas y los ricos rentistas que controlan gran parte de la economía nacional y que ven amenazada su acumulación perversa.

Nadie puede negar que estamos sumergidos en un caos político que se revela por la supresión de los límites de los tres poderes de la república, cada uno invadiendo la esfera de los otros. Los procuradores, los jueces y las fuerzas policiales que llevan a cabo la operación Lava Jato pasan por encima de preceptos constitucionales, algunos sagrados en todas las tradiciones jurídicas desde el tiempo del Código de Hammurabi (1772 a.C), como es la presunción de inocencia. Las investigaciones de Lava Jato y las delaciones premiadas sacaron a la luz del día lo que se había ido gestando desde hace decenas de años: la red de corrupción que se apoderó del Estado, de las grandes corporaciones y de los parlamentarios, en su mayoría elegidos por las grandes empresas, representando más los intereses de ellas y menos los del pueblo.

Hemos llegado a un punto crítico en el que tenemos al frente del poder ejecutivo a un Presidente acusado de corrupción, rodeado de ministros en gran parte denunciados y corruptos. Tanto el parlamento como el presidente han perdido totalmente la credibilidad, lo que se revela por los bajísimos índices de aprobación popular.

El presidente no muestra ninguna grandeza, víctima de su propia mediocridad y de su vanidad ilimitada. Se aferra al poder sabiendo la desgracia que eso representa para el pueblo y la completa desmoralización de la actividad política. En caso de que renuncie o pierda el cargo en el proceso del TSE, se invoca el artículo 81 de la Constitución –que no es cláusula pétrea como quieren algunos– que prevé la elección indirecta del presidente por el Congreso.

De las calles y de todos los estratos viene el grito: ¿qué legitimidad tiene un congreso cuando gran parte de él está formada por personas denunciadas por delitos de corrupción? Día a día crece la petición de elecciones directas ya, no sólo de Presidente sino también de todos los parlamentarios. Por lo tanto, elecciones directas generales, ya.

Cuando existe un caos político y sin líderes con capacidad de mostrar una dirección, la solución más sensata es volver al primer artículo de la constitución que reza “todo poder emana del pueblo”. El es el sujeto legítimo del poder político, el poseedor de la verdadera soberanía. Todos los elegidos son representantes legitimados por este poder. Como dice el conocido jurista Nicola Matteucci de la Universidad de Bolonia: “La soberanía es un poder constituyente, el verdadero poder último, supremo, originario… que se manifiesta solamente cuando está rota la unidad y la cohesión social” (Dicionário de Política, Brasília 1986, p.1185).

Pues bien, estamos ante la quiebra de la unidad y de la cohesión social. Ya no hay nada que nos una, ni en los partidos ni en la sociedad. Todo puede ocurrir, como una explosión social violenta, sin excluir una intervención militar, ya ensayada en las manifestaciones populares de Brasilia el día 25 de mayo.

Cuando ocurre tal caos social es la soberanía popular la que debe ser invocada y hacerse valer. Esta es previa a la constitución que prevé elecciones solamente en 2018. Aquí está la base para convocar elecciones directas ya. Nuestra constitución está cubierta de parches, tantas fueran las enmiendas que equivalen a la mitad de su texto. Se está preparando una nueva enmienda constitucional que prevé la anticipación de las elecciones generales para este año. Estas no podrían ser solamente de presidente, sino de todos los representantes políticos.

¿Qué autoridad tendría un presidente, elegido indirectamente, o incluso directamente, manteniendo el actual Parlamento, infectado de mala voluntad y desmoralizado por las acusaciones de corrupción? Junto a esta elección directa, vendría una reforma política mínima que introdujese la cláusula de barrera partidista y regulase las coaliciones para evitar un presidencialismo de coalición, que favoreció la lógica de los amaños y de la corrupción y por eso no es recomendable. Ese camino sería el más viable y tenemos que apoyarlo.

*Leonardo Boff es teólogo y filósofo y articulista del JB online y escritor

Traducción de Mª José Gavito Milano

 

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