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ESPERANZA: INDIGNACIÓN Y CORAJE

07/12/2018

En Brasil hemos vivido en los dos últimos años dos grandes golpes: primero fue el juicio y la deposición de la presidenta Dilma Rousseff y este año de 2018 el ascenso de la extrema derecha con la elección de Jair Bolsonaro como presidente de Brasil.

Bolsonaro no ganó. Perdió el PT y, con él, Brasil.

1. Vivimos tiempos sombríos e inciertos

Vivimos tiempos sombríos e inciertos. Internacionalmente somos motivo de vergüenza y de escarnio. No sabemos siquiera qué futuro nos espera. La estructura de gobierno que se ha montado hasta ahora, particularmente en el Ministerio de Relaciones Exteriores y en el de Educación, nos dibujan un cuadro perturbador. En lugar de la asignación a partidos de los cargos del Estado está ocurriendo una militarización de sus principales puestos.

Los militares no han tenido que dar un golpe. El ex capitán Bolsonaro los llamó para el Gobierno. Como estamos sin horizonte, nos hemos quedado perplejos y muchos llenos de desesperanza.

2. Rescate de la utopía y de las utopías minimalistas

En un contexto así, antes de hablar de esperanza, tenemos que rescatar la dimensión de la utopía. La utopía no se opone a la realidad, sino que pertenece a ella, porque ésta no se hace sólo por lo queestá hecho y dado, por lo que está ahí palpable, sino por lo que todavía puede ser hecho y dado, por lo que es potencial y viable, aunque no sea todavía visible.

La utopía nace de este trasfondo de potencialidades presentes en la historia, en cada pueblo y en cada persona. El renombrado filósofo alemán Ernst Bloch introdujo la expresión principio-esperanza. Es más que la virtud de la esperanza; emerge como una fuente generadora de sueños y de acciones. El principio esperanza representa el inagotable potencial de la existencia humana y de la historia que permite decir no a cualquier realidad concreta, a las limitaciones de nuestra condición humana, a los modelos políticos y a las barreras que cercenan el vivir, el saber, el querer y el amar. Y decir sí a formas nuevas o alternativas de organización social o de plasmación de cualquier proyecto. El no es fruto de un sí previo y anterior.

Hoy podemos afirmar que las grandes utopías, las utopías maximalistas, del iluminismo (dar cultura letrada a todos), del socialismo (hacer que el nosotros prevalezca sobre el yo) y también del capitalismo (que el yo prevalezca sobre el nosotros) han entrado en una profunda crisis. Nunca realizaron lo que prometían: no todos participan de la cultura letrada, la mayoría no presenció la distribución equitativa y justa de los bienes, y la riqueza fue sólo de pequeños grupos y no de las mayorías. Más aún: todas estas utopías han degradado la Casa Común por la superexplotación, y han producido un mar de pobreza, de injusticia social y de sufrimiento evitable, en lugar de beneficios para todos.

Nos vemos obligados a volvernos hacia las utopías minimalistas, aquellas que no pudiendo cambiar el mundo, pueden sin embargo mejorarlo.

Las utopías minimalistas son aquellas que fueron implementadas por los gobiernos Lula-Dilma y sus aliados con base popular que ahora seguramente serán desmontadas por el gobierno de ultraderecha.

A nivel de las grandes mayorías son verdaderas utopías mínimas viables: recibir un salario que atienda las necesidades de la familia, tener acceso a la salud, llevar a los hijos a la escuela, conseguir un transporte colectivo que no quite tanto tiempo de vida, contar con servicios sanitarios básicos, disponer de lugares de ocio y de cultura y de una jubilación suficiente para enfrentar los achaques de la vejez.

La consecución de estas utopías minimalistas crea la base para utopías más altas: aspirar a que la nación supere relaciones de odio y de exclusión, que los pueblos se abracen en la fraternidad, que no guerreen entre ellos, que todos se unan para preservar este pequeño y hermoso planeta Tierra, sin el cual ninguna otra utopía sería posible.

3. Recuperar la fuerza política de la esperanza

La victoria de Bolsonaro es fruto de un inmenso y bien tramado fraude: suscitando el anti-petismo, presentando la corrupción endémica en el país como si fuera cosa del PT, defendiendo algunos valores de nuestra cultura tradicionalista y atrasada, ligada a un tipo de familia moralista y a una comprensión distorsionada de la cuestión de género, alimentando prejuicios contra los indígenas, los quilombolas, los homoafectivos, los LGTB y divulgando millones y millones de fake news calumniando y difamando al candidato Fernando Haddad. Informaciones segurasconstataron que cerca del 80% de las personas que recibieron tales noticiasfalsas creyeron en ellas

Detrás del triunfo de la extrema derecha actuaron fuerzas del Imperio, particularmente de la CIA, como lo han mostrado variosanalistas del área internacional, la clase de los adinerados, herederos de la Casa Grande, con vistas a preservar sus privilegios, parte del Ministerio Público, del grupo ligado al Lava-Jato, parte del STF y con fuerza expresiva la prensa empresarial conservadora que siempre ha apoyado los golpes y se siente mal con la democracia.

La consecuencia es el descalabro político, jurídico e institucional. Es falaz decir que las instituciones funcionan. Funcionan selectivamente para algunos. Todas ellas están contaminadas por la corrupción y la voluntad de apartar a Lula y al PT de la escena política. La justicia fue vergonzosamente parcial, especialmente lo fue el justiciero juez federal deprimera instancia Sérgio Moro, que hizo todo lo posible para meter a Lula en la cárcel, incluso sin materialidad criminal para tanto. Él siempre se movió no por el sentido del derecho, sino por el law fare (distorsión del derecho para condenar al acusado), por un impulso de rabia y por convicción subjetiva. Se dice que estudió en Harvard. Allí estuvo solo cuatro semanas, en el fondo para encubrir el entrenamiento que recibió en los órganos de seguridad de los EEUU sobre el uso del law fare.

Consiguió impedir que Lula fuera candidato a la presidencia ya que contaba con la intención de voto de la mayoría y hasta le secuestraron el derecho de votar. La victoria fraudulenta de Bolsonaro (a causa de los millones de fake news) legitimó una cultura de la violencia. Ella ya existía en el país en nivelesinsoportables (más de 62 mil asesinatos anuales), pero ahora se siente legitimada por el discurso de odio que el candidato y ahora presidente Bolsonaro supo alimentar durante la campaña. Tal realidad siniestra ha traído como consecuencia un fuerte desamparo y un sufrido vacío de esperanza.

Este escenario, contrario al derecho y a todo lo que es justo y recto, ha afectado a nuestras mentes y corazones de forma profunda. Vivimos en un régimen de excepción, en un tiempo de post-democracia (juez de Río, Rubens Casara). Ahora importa rescatar el carácter político-transformador de la esperanza y de la resiliencia, las únicas que nos podrán sostener en el marco de una crisis sin precedentes en nuestra historia. Tenemos que dar lavuelta por encima, no considerar la actual situación como una tragedia sin remedio, sino como una crisis fundamental que nos obliga a resistir, a aprender de las contradicciones y a salir más maduros, experimentados y seguros paratrazar un nuevo camino más justo, democrático, popular e incluyente para Brasil.

Nos referimos al principio esperanza, ya citado antes, que es aquel impulso que nos lleva a movernos siempre, a proyectar sueños y utopías y nos permite sacar sabias lecciones de los fracasos y hacernos más fuertes en la resiliencia, en la resistencia y en la lucha.

4. Las dos hermosas hijas de la esperanza

De San Agustín (353-450 de la era cristiana), tal vez el mayor genio cristiano y africano de Hipona, hoy Argelia, gran formulador de sentencias, nos viene esta máxima: la esperanza tiene dos bellas y queridas hijas: la indignación y el coraje. La indignación para rechazar las cosas tal como están; y el coraje, para cambiarlas.

En esta fase de nuestra historia, debemos evocar, en primer lugar, a la hija-indignación contra lo que el futuro gobierno de Bolsonaro está y aún va a perpetrar criminalmente contra el pueblo, contra los indígenas, contra los negros, contra los quilombolas, contra la población del campo, contra las mujeres, contra los sin techo, y los sin tierra (MST) criminalizándolos como terroristas, contra los trabajadores y los ancianos, quitándoles derechos y rebajando a millones de personas, que de la pobreza están pasando a la miseria.

No escapa la autonomía nacional, pues el gobierno, ofendiendo nuestra soberanía, está permitiendo vender tierras nacionales a extranjeros y muestra un humillante alineamiento con la estrategia derechista y militarista del gobierno norteamericano de Trump.

Si el gobierno ofende al pueblo, éste tiene derecho de evocar a la hija indignación y no darle paz. Debe denunciar, resistir y presionar lo más que pueda para cambiar los rumbos de la política.

La hija-coraje se muestra en la voluntad de cambio, a pesar de los enfrentamientos que pueden ser intensos. Es ella la que nos mantendrá animados, nos sustentará en la lucha y podrá llevarnos a cambios sustantivos. Es imperativo volver a las bases populares, donde nació el PT,crear escuelas de formación política, pasar de beneficiarios de proyectos gubernamentales de inclusión a ciudadanos activos que se organizan, ejercenpresiones, salen a las calles y presentan proyectos alternativos a los oficiales que den centralidad a los más pobres y vulnerables y se decidan por otro tipo de democracia participativa y ecológica.

Recordemos el consejo de Don Quijote: “no hay que aceptar las derrotas sin antes dar todas las batallas”.

Hay un dato que debemos siempre tener en cuenta y es evocar el primer artículo de la constitución que reza: “todo el poder emana del pueblo”. Gobernantes, diputados y senadores son sólo delegados del pueblo. Cuando éstos traicionan y ya no representan los intereses generales, sino los del mercado voraz, y de grandes grupos corporativos nacionales e internacionales que sólo conocen la competencia ydesconocen lo que es más humano en nosotros, como es la colaboración y la solidaridad, el pueblo tiene derecho de reclamar un impeachment y buscar formas legales de alejarlos del poder.

Las dos bellas hijas de la esperanza podrán hacer suya la frase del escritor argelino-francés Albert Camus, autor de la famosa novela La Peste: “En medio del invierno, aprendí que dentro de mí vivía un verano invencible”.

El pueblo brasileño, en su momento, así esperamos, hará sentir dentro de sí este verano invencible, fruto de una rebelde esperanza. Será el rescate de la democracia contra la impostura del gobierno Bolsonaro y de sus seguidores y un pilar para refundación de nuestro país sobre otros valores y sobre bases más humanitarias y participativas

La esperanza no es sólo un principio, es decir, un dato de la esencia humana. Es también una virtud cristiana, junto con la fe y el amor. La esperanza, en cierto modo, está en la base de la vida. Podemos perder la fe y continuamos viviendo. Podemos perder el amor de nuestra vida y realizarnos en otro. Pero cuando perdemos la esperanza estamos a un paso del suicidio porque la vida ha perdido sentido y el futuro no tiene ningún horizonte con una luz orientadora. Dominan las tinieblas.

5. La esperanza en el Nuevo Testamento

Curiosamente los Evangelios nunca hablan de esperanza. Lógicamente en el pueblo elegido existía la esperanza de la venida del Mesías liberador. Se encuentra una vez en la epístola de San Juan (1 Jn, 3,3), 4 veces en la epístola a los Hebreos y 3 veces en la primera epístola de San Pedro.Pero es una virtud muy presente en los Hechos de los Apóstoles (7 veces) y frecuentemente en las cartas de San Pablo. Bien escribe en la Epístola a los Romanos que Abraham tuvo “una esperanza contra toda esperanza, de ser padre de muchas naciones” (4,18). En otro pasaje dice que “la esperanza nunca engaña, pues el amor está en nuestros corazones” (5,5).

Cristo nos salvó, pero peregrinamos en el mundo lejos de Dios. Por eso afirma San Pablo: “es en la esperanza que somos salvados” (Rom 8,24). A los Efesios les dice que en un cierto tiempo “vivíamos sin esperanza y sin Dios” (2,12) y ahora por la sangre de Cristo pertenecemos al Mesías.

Aunque no se use a menudo la palabra esperanza, la realidad de la esperanza para los cristianos fue, es y será Jesucristo vivo, muerto y resucitado. Por él Dios mostró que la promesa de salvación y de liberación de la creación y de la humanidad nunca se desvaneció. En él, por la resurrección, estamos seguros de que la esperanza jamás nos defraudará y que por ella se ha adelantado el fin bueno de la creación, del destino humano y del universo.

Debemos sumar las energías de la esperanza, de la que está siempre presente en nuestro ser, con aquella que es una virtud cristiana. Ambas se dan las manos. Ellas nos enriquecen dándonos energía para soportar las aflicciones del tiempo presente pero mucho más nos dan el coraje para enfrentarlas e inaugurar un nuevo camino.

Tal vez nunca en nuestra historia hayamos necesitado tanto de las dos formas de esperanza como ahora, pues los tiempos son malos y estamos gobernados por fuerzas poderosas del odio, de la exclusión, de la falsedad, de la violencia y de la mentira.

Que el Espíritu que es esperanza de los pobres no nos deje desanimarnos sino que nos acompañe con su Energía divina para ser fieles al sueño de Jesús. Él vino para enseñarnos a vivir los bienes del Reino: elamor, la justicia, la compasión con los pobres, el perdón y la total confianza en el poder de Dios, “apasionado amante de la vida” (Sb 11,26).

(Conferencia dada el día 2 de diciembre de 2018 en Belo Horizonte a un numeroso grupo de políticos que asumen la fe cristiana como fuente de ética y de inspiración para los ideales democráticos, grupo este organizado por el ex-diputado Durval Angelo de Andrade, actualmente miembro del Tribunal de Cuentas del Gobierno de Minas Gerais).

Leonardo Boff, teólogo y asesor de movimientos sociales.

Traducción de Mª José Gavito Milano

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ESPERANZA: INDIGNACIÓN Y CORAJE

06/12/2018

En Brasil hemos vivido en los dos últimos años dos grandes golpes: primero fue el juicio y la deposición de la presidenta Dilma Rousseff y este año de 2018 el ascenso de la extrema derecha con la elección de Jair Bolsonaro como presidente de Brasil.

Bolsonaro no ganó. Perdió el PT y, con él, Brasil.

1. Vivimos tiempos sombríos e inciertos

Vivimos tiempos sombríos e inciertos. Internacionalmente somos motivo de vergüenza y de escarnio. No sabemos siquiera qué futuro nos espera. La estructura de gobierno que se ha montado hasta ahora, particularmente en el Ministerio de Relaciones Exteriores y en el de Educación, nos dibujan un cuadro perturbador. En lugar de la asignación a partidos de los cargos del Estado está ocurriendo una militarización de sus principales puestos.

Los militares no han tenido que dar un golpe. El ex capitán Bolsonaro los llamó para el Gobierno. Como estamos sin horizonte, nos hemos quedado perplejos y muchos llenos de desesperanza.

2. Rescate de la utopía y de las utopías minimalistas

En un contexto así, antes de hablar de esperanza, tenemos que rescatar la dimensión de la utopía. La utopía no se opone a la realidad, sino que pertenece a ella, porque ésta no se hace sólo por lo que está hecho y dado, por lo que está ahí palpable, sino por lo que todavía puede ser hecho y dado, por lo que es potencial y viable, aunque no sea todavía visible.

La utopía nace de este trasfondo de potencialidades presentes en la historia, en cada pueblo y en cada persona. El renombrado filósofo alemán Ernst Bloch introdujo la expresión principio-esperanza. Es más que la virtud de la esperanza; emerge como una fuente generadora de sueños y de acciones. El principio esperanza representa el inagotable potencial de la existencia humana y de la historia que permite decir no a cualquier realidad concreta, a las limitaciones de nuestra condición humana, a los modelos políticos y a las barreras que cercenan el vivir, el saber, el querer y el amar. Y decir sí a formas nuevas o alternativas de organización social o de plasmación de cualquier proyecto. El no es fruto de un sí previo y anterior.

Hoy podemos afirmar que las grandes utopías, las utopías maximalistas, del iluminismo (dar cultura letrada a todos), del socialismo (hacer que el nosotros prevalezca sobre el yo) y también del capitalismo (que el yo prevalezca sobre el nosotros) han entrado en una profunda crisis. Nunca realizaron lo que prometían: no todos participan de la cultura letrada, la mayoría no presenció la distribución equitativa y justa de los bienes, y la riqueza fue sólo de pequeños grupos y no de las mayorías. Más aún: todas estas utopías han degradado la Casa Común por la superexplotación, y han producido un mar de pobreza, de injusticia social y de sufrimiento evitable, en lugar de beneficios para todos.

Nos vemos obligados a volvernos hacia las utopías minimalistas, aquellas que no pudiendo cambiar el mundo, pueden sin embargo mejorarlo.

Las utopías minimalistas son aquellas que fueron implementadas por los gobiernos Lula-Dilma y sus aliados con base popular que ahora seguramente serán desmontadas por el gobierno de ultraderecha.

A nivel de las grandes mayorías son verdaderas utopías mínimas viables: recibir un salario que atienda las necesidades de la familia, tener acceso a la salud, llevar a los hijos a la escuela, conseguir un transporte colectivo que no quite tanto tiempo de vida, contar con servicios sanitarios básicos, disponer de lugares de ocio y de cultura y de una jubilación suficiente para enfrentar los achaques de la vejez.

La consecución de estas utopías minimalistas crea la base para utopías más altas: aspirar a que la nación supere relaciones de odio y de exclusión, que los pueblos se abracen en la fraternidad, que no guerreen entre ellos, que todos se unan para preservar este pequeño y hermoso planeta Tierra, sin el cual ninguna otra utopía sería posible.

3. Recuperar la fuerza política de la esperanza

La victoria de Bolsonaro es fruto de un inmenso y bien tramado fraude: suscitando el anti-petismo, presentando la corrupción endémica en el país como si fuera cosa del PT, defendiendo algunos valores de nuestra cultura tradicionalista y atrasada, ligada a un tipo de familia moralista y a una comprensión distorsionada de la cuestión de género, alimentando prejuicios contra los indígenas, los quilombolas, los homoafectivos, los LGTB y divulgando millones y millones de fake news calumniando y difamando al candidato Fernando Haddad. Informaciones seguras constataron que cerca del 80% de las personas que recibieron tales noticias falsas creyeron en ellas

Detrás del triunfo de la extrema derecha actuaron fuerzas del Imperio, particularmente de la CIA, como lo han mostrado varios analistas del área internacional, la clase de los adinerados, herederos de la Casa Grande, con vistas a preservar sus privilegios, parte del Ministerio Público, del grupo ligado al Lava-Jato, parte del STF y con fuerza expresiva la prensa empresarial conservadora que siempre ha apoyado los golpes y se siente mal con la democracia.

La consecuencia es el descalabro político, jurídico e institucional. Es falaz decir que las instituciones funcionan. Funcionan selectivamente para algunos. Todas ellas están contaminadas por la corrupción y la voluntad de apartar a Lula y al PT de la escena política. La justicia fue vergonzosamente parcial, especialmente lo fue el justiciero juez federal de primera instancia Sérgio Moro, que hizo todo lo posible para meter a Lula en la cárcel, incluso sin materialidad criminal para tanto. Él siempre se movió no por el sentido del derecho, sino por el law fare (distorsión del derecho para condenar al acusado), por un impulso de rabia y por convicción subjetiva. Se dice que estudió en Harvard. Allí estuvo solo cuatro semanas, en el fondo para encubrir el entrenamiento que recibió en los órganos de seguridad de los EEUU sobre el uso del law fare.

Consiguió impedir que Lula fuera candidato a la presidencia ya que contaba con la intención de voto de la mayoría y hasta le secuestraron el derecho de votar. La victoria fraudulenta de Bolsonaro (a causa de los millones de fake news) legitimó una cultura de la violencia. Ella ya existía en el país en niveles insoportables (más de 62 mil asesinatos anuales), pero ahora se siente legitimada por el discurso de odio que el candidato y ahora presidente Bolsonaro supo alimentar durante la campaña. Tal realidad siniestra ha traído como consecuencia un fuerte desamparo y un sufrido vacío de esperanza.

Este escenario, contrario al derecho y a todo lo que es justo y recto, ha afectado a nuestras mentes y corazones de forma profunda. Vivimos en un régimen de excepción, en un tiempo de post-democracia (juez de Río, Rubens Casara). Ahora importa rescatar el carácter político-transformador de la esperanza y de la resiliencia, las únicas que nos podrán sostener en el marco de una crisis sin precedentes en nuestra historia. Tenemos que dar la vuelta por encima, no considerar la actual situación como una tragedia sin remedio, sino como una crisis fundamental que nos obliga a resistir, a aprender de las contradicciones y a salir más maduros, experimentados y seguros para trazar un nuevo camino más justo, democrático, popular e incluyente para Brasil.

Nos referimos al principio esperanza, ya citado antes, que es aquel impulso que nos lleva a movernos siempre, a proyectar sueños y utopías y nos permite sacar sabias lecciones de los fracasos y hacernos más fuertes en la resiliencia, en la resistencia y en la lucha.

4. Las dos hermosas hijas de la esperanza

De San Agustín (353-450 de la era cristiana), tal vez el mayor genio cristiano y africano de Hipona, hoy Argelia, gran formulador de sentencias, nos viene esta máxima: la esperanza tiene dos bellas y queridas hijas: la indignación y el coraje. La indignación para rechazar las cosas tal como están; y el coraje, para cambiarlas.

En esta fase de nuestra historia, debemos evocar, en primer lugar, a la hija-indignación contra lo que el futuro gobierno de Bolsonaro está y aún va a perpetrar criminalmente contra el pueblo, contra los indígenas, contra los negros, contra los quilombolas, contra la población del campo, contra las mujeres, contra los sin techo, y los sin tierra (MST) criminalizándolos como terroristas, contra los trabajadores y los ancianos, quitándoles derechos y rebajando a millones de personas, que de la pobreza están pasando a la miseria.

No escapa la autonomía nacional, pues el gobierno, ofendiendo nuestra soberanía, está permitiendo vender tierras nacionales a extranjeros y muestra un humillante alineamiento con la estrategia derechista y militarista del gobierno norteamericano de Trump.

Si el gobierno ofende al pueblo, éste tiene derecho de evocar a la hija indignación y no darle paz. Debe denunciar, resistir y presionar lo más que pueda para cambiar los rumbos de la política.

La hija-coraje se muestra en la voluntad de cambio, a pesar de los enfrentamientos que pueden ser intensos. Es ella la que nos mantendrá animados, nos sustentará en la lucha y podrá llevarnos a cambios sustantivos. Es imperativo volver a las bases populares, donde nació el PT, crear escuelas de formación política, pasar de beneficiarios de proyectos gubernamentales de inclusión a ciudadanos activos que se organizan, ejercen presiones, salen a las calles y presentan proyectos alternativos a los oficiales que den centralidad a los más pobres y vulnerables y se decidan por otro tipo de democracia participativa y ecológica.

Recordemos el consejo de Don Quijote: “no hay que aceptar las derrotas sin antes dar todas las batallas”.

Hay un dato que debemos siempre tener en cuenta y es evocar el primer artículo de la constitución que reza: “todo el poder emana del pueblo”. Gobernantes, diputados y senadores son sólo delegados del pueblo. Cuando éstos traicionan y ya no representan los intereses generales, sino los del mercado voraz, y de grandes grupos corporativos nacionales e internacionales que sólo conocen la competencia y desconocen lo que es más humano en nosotros, como es la colaboración y la solidaridad, el pueblo tiene derecho de reclamar un impeachment y buscar formas legales de alejarlos del poder.

Las dos bellas hijas de la esperanza podrán hacer suya la frase del escritor argelino-francés Albert Camus, autor de la famosa novela La Peste: “En medio del invierno, aprendí que dentro de mí vivía un verano invencible”.

El pueblo brasileño, en su momento, así esperamos, hará sentir dentro de sí este verano invencible, fruto de una rebelde esperanza. Será el rescate de la democracia contra la impostura del gobierno Bolsonaro y de sus seguidores y un pilar para refundación de nuestro país sobre otros valores y sobre bases más humanitarias y participativas

La esperanza no es sólo un principio, es decir, un dato de la esencia humana. Es también una virtud cristiana, junto con la fe y el amor. La esperanza, en cierto modo, está en la base de la vida. Podemos perder la fe y continuamos viviendo. Podemos perder el amor de nuestra vida y realizarnos en otro. Pero cuando perdemos la esperanza estamos a un paso del suicidio porque la vida ha perdido sentido y el futuro no tiene ningún horizonte con una luz orientadora. Dominan las tinieblas.

5. La esperanza en el Nuevo Testamento

Curiosamente los Evangelios nunca hablan de esperanza. Lógicamente en el pueblo elegido existía la esperanza de la venida del Mesías liberador. Se encuentra una vez en la epístola de San Juan (1 Jn, 3,3), 4 veces en la epístola a los Hebreos y 3 veces en la primera epístola de San Pedro. Pero es una virtud muy presente en los Hechos de los Apóstoles (7 veces) y frecuentemente en las cartas de San Pablo. Bien escribe en la Epístola a los Romanos que Abraham tuvo “una esperanza contra toda esperanza, de ser padre de muchas naciones” (4,18). En otro pasaje dice que “la esperanza nunca engaña, pues el amor está en nuestros corazones” (5,5).

Cristo nos salvó, pero peregrinamos en el mundo lejos de Dios. Por eso afirma San Pablo: “es en la esperanza que somos salvados” (Rom 8,24). A los Efesios les dice que en un cierto tiempo “vivíamos sin esperanza y sin Dios” (2,12) y ahora por la sangre de Cristo pertenecemos al Mesías.

Aunque no se use a menudo la palabra esperanza, la realidad de la esperanza para los cristianos fue, es y será Jesucristo vivo, muerto y resucitado. Por él Dios mostró que la promesa de salvación y de liberación de la creación y de la humanidad nunca se desvaneció. En él, por la resurrección, estamos seguros de que la esperanza jamás nos defraudará y que por ella se ha adelantado el fin bueno de la creación, del destino humano y del universo.

Debemos sumar las energías de la esperanza, de la que está siempre presente en nuestro ser, con aquella que es una virtud cristiana. Ambas se dan las manos. Ellas nos enriquecen dándonos energía para soportar las aflicciones del tiempo presente pero mucho más nos dan el coraje para enfrentarlas e inaugurar un nuevo camino.

Tal vez nunca en nuestra historia hayamos necesitado tanto de las dos formas de esperanza como ahora, pues los tiempos son malos y estamos gobernados por fuerzas poderosas del odio, de la exclusión, de la falsedad, de la violencia y de la mentira.

Que el Espíritu que es esperanza de los pobres no nos deje desanimarnos sino que nos acompañe con su Energía divina para ser fieles al sueño de Jesús. Él vino para enseñarnos a vivir los bienes del Reino: el amor, la justicia, la compasión con los pobres, el perdón y la total confianza en el poder de Dios, “apasionado amante de la vida” (Sb 11,26).

(Conferencia dada el día 2 de diciembre de 2018 en Belo Horizonte a un numeroso grupo de políticos que asumen la fe cristiana como fuente de ética y de inspiración para los ideales democráticos, grupo este organizado por el ex-diputado Durval Angelo de Andrade, actualmente miembro del Tribunal de Cuentas del Gobierno de Minas Gerais).

Leonardo Boff, teólogo y asesor de movimientos sociales.

Traducción de Mª José Gavito Milano

ESPERANÇA: INDIGNAÇÃO E CORAGEM

03/12/2018

               

                      ESPERANÇA: INDIGNAÇÃO E CORAGEM

Vivemos no Brasil nos últimos dois anos dois grandes golpes: o primeiro, o impeachment e a deposição de Dilma Rousseff e neste ano de 2018 a ascensão da extrema-direita com a eleição de Jair Bolosonário a presidente do Brasil.

Não foi Bolsonaro que ganhou. Foi o PT que perdeu e com ele o Brasil.

1.Vivemos tempos sombrios e incertos

Vivemos tempos sombrios e incertos. Internacionalmente somos motivo de vergonha e de escárnio. Não sabemos sequer que futuro nos espera. A estrutura de governo que até agora se montou, particularmente no Ministério das Relações Exteriores e no da Educação nos desenham um quadro perturbador. No lugar da partidização dos cargos do Estado está ocorrendo uma militarização de seus principais postos.

Os militares não precisaram dar um golpe. O ex-capitão Bolsonaro os chamou para dentro do Governo. Como estamos sem horizonte, ficamos perplexos e muitos tomados de desesperança.

2.. Resgate da utopia e das utopias minimalistas

Num contexto assim, antes de falar de esperança, temos que resgatar a dimensão da utopia. A utopia não se opõe à realidade, antes pertence a ela, porque esta não é feita apenas por aquilo que é feito e dado, o que está aí palpável. Mas por aquilo que ainda pode ser feito e dado, portanto por aquilo que é potencial e viável não é ainda visível.

A utopia nasce deste transfundo de potencialidades presentes na história, em cada povo e em cada pessoa. O renomado filósofo alemão Ernst Bloch introduziu a expressão principio-esperança. Ele é mais que a virtude da esperança; emerge como uma fonte geradora de sonhos e de ações. O princípio esperança representa o inesgotável potencial da existência humana e da história que permite dizer não a qualquer realidade concreta, às limitações de nossa condição humana, aos modelos políticos e às barreiras que cerceiam o viver, o saber, o querer e o amar. E dizer sim a formas novas ou alternativas de organização social ou de plasmação de qualquer projeto. O não é fruto de um sim prévio e anterior.

Hoje podemos afirmar que as grandes utopias, as utopias maximalistas, do iluminismo (dar cultura letrada a todos), do socialismo (fazer que o nós prevaleça sobre o eu) e também do capitalismo (o eu prevalecer sobre o nós) entraram numa profunda crise. Nunca realizaram o que prometiam: nem todos participam da cultura letrada, a maioria não assistiu a distribuição equitativa e justa dos bens e a riqueza foi somente de pequenos grupos e não das maiorias. Mais ainda: todas estas utopias degradaram a Casa Comum pela super-exploração, e produziram um mar de pobreza, de injustiça social e de sofrimento evitável no lugar de benefícios para todos.

Somos obrigados a nos volver paras utopias minimalistas, aqueles que, não podendo mudar o mundo, podem, no entanto, melhorá-lo.

As utopias minimalistas são aquelas que foram implementadas pelos governos Lula-Dilma e seus aliados com base popular que agora pelo governo de ultra-direita seguramente serão desmontadas.

A nível das grandes maiorias são verdadeiras utopias mínimas viáveis: receber um salário que atenda as necessidades da família, ter acesso à saúde, mandar os filhos à escola, conseguir um transporte coletivo que não tire tanto tempo de vida, contar com serviços sanitários básicos, dispor de lugares de lazer e de cultura e com uma aposentadoria suficiente para enfrentar os achaques da velhice.

A consecução destas utopias minimalistas cria a base para utopias mais altas: aspirar que a nação supere relações de ódio e de exclusão,que os povos se abracem na fraternidade, que não se guerreiem, se unam todos para preservar este pequeno e belo planeta Terra, sem o qual nenhuma outra utopia seria possível.

3.Resgatar a força política da esperança

A vitória de Bolsonaro é fruto de uma imensa e bem tramada fraude: suscitando o anti-petismo, colocando a corrupção endêmica no país, como se fosse coisa só do PT, defendendo alguns valores de nossa cultura tradicionalista e atrasada, ligada a um tipo de família moralista e de uma compreensão distorcida da questão de gênero, alimentando preconceitos contra os indígenas, os quilombolas, os homoafetivos, os LGBTI e divulgando milhões milhões de fake news, caluniando e difamando o candidato Fernando Haddad. Informações seguras constataram que cerca de 80% das pessoas que receberam tais falsas notícias acreditaram nelas.

Por trás do triunfo da extrema-direita atuaram forças do Império, particularmente, da CIA como o mostraram váios analistas da área inernacional, as classes dos endinheirados, herdeiros da Casa Grande, no sentido de preservar seus privilégios, parte do Ministério Público, do grupo ligado ao Lava-Jato, parte do STF e com expressiva força a imprensa empresarial conservadora que sempre apoiou os golpes e se sente mal com a democracia.

A consequência é o descalabro político, jurídico e institucional. É falacioso dizer que as instituições funcionam. Funcionam seletivamente para alguns. Todas elas estão contaminadas pela corrupção e pela vontade de afastar Lula e o PT da cena política. A justiça foi vergonhosamente parcial especialmente o foi pelo justiceiro juiz federal de primeira instância Sérgio Moro que tudo fez para pôr Lula na prisão,mesmo sem materialidade criminosa para tanto. Ele sempre se moveu não pelo senso do direito, mas pelo law fare (distorção do direito para condenar o acusado) e pelo impulso de raiva e por convicção subjetiva. Diz-se que estudou em Harvard. Fez apenas quatro semanas lá, no fundo para encobrir o treinamento que recebeu nos órgãos de segurança dos USA no uso da law fare.

Conseguiu impedir que Lula fosse candidato à presidência já que contava com a maioria das intenções de voto e até lhe sequestraram o direito de votar. A vitória fraudulenta de Bolsonaro (por causa dos milhões de fake news) legitimou uma cultura da violência. Ela já existia no país em níveis insuportâveis (mais de 62 mil assassinatos anuais). Mas agora ela se sente legitimada pelo discurso de ódio que o candadidato e agora presidente Bolsonaro soube alimentar durante a campanha. Tal realidade sinistra, trouxe como consequência um forte desamparo e um sofrido vazio de esperança.

Este cenário adverso ao direito e a tudo o que é justo e reto, afetou nossas mentes e corações de forma profunda. Vivemos num regime de exceção, num tempo de pós-democracia ( juiz no Rio, Rubens Casara). Agora importa resgatar o caráter político-transformador da esperança e da resiliência, as únicas que nos poderão sustentar no quadro de uma crise sem precedentes em nossa história. Temos que dar a volta por cima, não considerar a atual situação como uma tragédia sem remédio, mas como uma crise fundamental que nos obriga a resistir, a aprender das contradições e a sair mais maduros, experimentados e seguros para rasgar um novo caminho mais justo, democrático, popular e includente para o Brasil.

Referimo-nos ao princípio esperança já citado anteriormene, que é aquele impulso que nos habita a sempre nos mover, projetar sonhos e utopias e dos fracassos nos permitir tirar sábias lições e nos tornar mais fortes na resiliência, na resistência e na luta.

  1. As duas formosas irmãs da esperança

A  Santo Agostinho (353-450 da era cristã), talvez o maior gênio cristão e africano de Hipona, hoje Argélia, grande formulador de frases, nos vem esta sentença: “a esperança tem duas belas e queridas filhas: a indignação e a coragem; a indignação para recusar as coisas como estão aí; e a coragem, para mudá-las”.

Nesta fase de nossa história, devemos evocar, em  primeiro lugar, a filha-indignação contra o que o futuro governo de Bolsonaro está e ainda irá perpetrar criminosamente contra o povo, contra os indígenas, contra os negros, contra os quilombolas, contra a população do campo, contra as mulheres, contra os sem-teto, e os sem-terra (MST) criminalizando-os como terroristas, os trabalhadores e contra os idosos, tirando-lhes direitos e rebaixando milhões que da pobreza estão passando para a miséria.

Nem escapa a autonomia nacional, pois o governo ofendendo nossa soberania, está permitindo vender terras nacionais a estrangeiros e mostrando um humilhante alinhamento à estratégia direitista e militarista do governo norteamericano de Trump.

Se o governo ofende o povo, este tem direito de evocar a filha-indignação e de não lhe dar paz. Deve denunciar, resistir e pressionar o mais que puder para mudar dos rumos da política.

A filha-coragem se mostra na vontade de mudanças, não obstante os enfrentamentos que poderão ser calorosos. É ela que nos manterá animados, nos sustentará na luta e poderá nos levar a mudanças substantivas. É imperioso voltar às bases populares, de onde nasceu o PT, criar escolas de formação política, passar de beneficiarios de projetos governamentais de inclusão a cidadãos ativos que se organizam, elaboram pressões, saem às ruas e apresentam projetos alternativos aos oficiais que deem centralidade aos mais pobres e vulneráveis e se decidam por um outro tipo de democracia participativa e ecológica.

Lembremo-nos do conselho de Dom Quixote:”no hay que aceptar las derrotas sin antes dar todas las batallas”: “Não devemos aceitar as derrotas sem antes dar todas as batalhas”.

Há um dado que devemos sempre tomar em conta: é evocar o primeiro artigo da constituição que reza: ”todo o poder emana do povo”. Governantes, deputados e senadores são apenas delegados do povo. Quando estes atraiçoam e não representam mais os interesses gerais mas os do mercado voraz, e de grandes grupos corporativos nacionais e internacionais que só conhecem a competição e desconhecem ao que é mais humano em nos que é a colaboração e solidariedade, o povo tem direito de reclamar por um empeachment e buscar formas legais de afastá-lo de poder.

As duas belas filhas da esperança poderão fazer  sua a frase do escritor argelino-francês Albert Camus, autor do famoso romance A Peste: ”Em meio ao inverno, aprendi que bem dentro de mim, morava um verão invencível”.

O povo brasileiro, em seu momento, assim esperamos, fará sentir dentro de si este verão invencível, fruto de uma rebelde esperança. Será o resgate da democracia contra a impostura do governo Bolsonaro e de seus seguidores e um pilar para refundação de nosso país sobre outros valores e sobre bases mais humanitárias e participativas.

A esperança não é apenas um princípio, quer dizer, um dado da essência humana. Ela é também uma virtude cristã, junto com a fé e o amor. A esperança, de certa forma, está na base da vida. Podemos perder a fé e contuamos a viver. Podemos perder o amor de nossa vida e nos ralizarmos num outro. Mas quando perdemos a esperança, estamos a um passo do suicídio porque a vida perdeu sentido e o futuro não possui mais nenhum horizonte com uma luz orientadora. Dominam as trevas.

  1. A esperança no Novo Testamento

Curiosamente, os Evangelhos nunca falam de esperança. Logicamente, havia no povo eleito, a esperança pela vinda do Messias libertador. Ela ocorre uma vez na espístola de São João (1 Jo, 3,3), 4 vezes na epístola aos Hebreus e 3 vezes na primeira epístola de São Pedro. Mas é uma virtude muito presente nos Atos dos Apóstolos (7 vezes) e frequetemente nas cartas de São Paulo. Bem escreve na Epístola aos Romanos que Abraão teve “uma esperança contra toda esperança, de ser pai de muitas nações”(4,18). Numa outra passagem diz que “a esperança nunca engana pois o amor está em nossos corações”(5,5).

Cristo nos salvou. Mas peregrinamos no mundo longe de Deus. Por isso afirma São Paulo: “é na esperança que somos salvos”(Rom 8,24). Aos Efésios fala que num certo tempo “vivíamos sem esperança e sem Deus”(2,12) e agora pelo sangue de Cristo pertencemos ao Messias.

Embora não se use frequentemente a palavra esperança, a realidade da esperança para os cristãos foi, é e será Jesus Cristo vivo, morto e ressuscitado. Por ele Deus mostrou   que a promessa de salvação e de libertação da criação e da humanidade nunca desvaneceu. Nele, pela ressurreição, estamos seguros de que a esprança jamais nos defraudará e que por ela se antecipou o fim bom da criação, do destino humano e do universo.

Devemos somar as energias da esperança, daquela que está sempre presente em nosso ser com aquela que é uma virtude cristã. Ambas se dão as mãos. Elas nos enriquecem com as energias para suportar as aflições do tempo presente mas muito mais nos dão a coragem para enfretá-las e inaugurar um novo caminho.

Talvez nunca em nossa história temos precisado tanto das duas formas de esperança como agora, pois os tempos são maus e somos governados por forças poderosas do ódio, da exclusão, da falsidade, da violência e da mentira.

Que o Espírito que é esperança dos pobres não nos deixe desanimar mas nos acompanhe com sua Energia divina para sermos fiéis ao sonho de Jesus. Ele veio para nos ensinar a viver os bens do Reino: do amor, da justiça,da compaixão com os pobres, do perdão e da total confiança no poder de Deus, “apaixonado amante da vida”(Sb 11,2 6).

(Palestra dada no dia 2 de dezembro de 2018 em Belo Horizonte a um numeroso grupo de políticos que assumem a fé cristã como fonte de ética e de inspiração para os ideais democráticos, grupo este organizado pelo ex-deputado Durval Angelo de Andrade e atualmente membro do Tribunal de Contas do Governo de Minas Gerais)

Leonardo Boff, teólogo e assessor de movimentos sociais.

Cries of captivity and liberation on Black Awareness Day

02/12/2018

The Passion of Christ continues century after century in the bodies of the crucified. Jesus will agonize until the end of the world, so long as a single one of His brothers and sisters is still subject to some cross, like the Buddhist bodhisatwas (the Illuminated) who pause at the threshold of Nirvana, do not enter, returning to the world of the suffering –samsara– in solidarity with all who suffer — persons, animals and plants. With this conviction, the Catholic Church, in the liturgy of Good Friday, puts these moving words in the mouth of Jesus Christ:
“My people, what have I done, how have I offended you?, answer me. What else could I have done for you? How did I fail you? I had you leave Egypt and fed you manna. I prepared good land for you, and you prepared a cross for your king”.

As we Brazilians celebrate the abolition of slavery, (May 13, 1888), we realize that it is still incomplete. The Passion of Christ continues in the passion of the Black people. A second abolition is needed: the abolition of misery and hunger. The cries of captivity and liberation are still heard, coming from the senzalas, and now from the favelas around our cities. The Black population still talks to us through wails and pleading.

“White brother and sister of mine, my people: what have I done to you, how have I offended you? Answer me! ”

I inspired in you music full of banzo and contagious rhythm. I taught you how to use the bumbo, the cuica and the atabaque. It was I who gave you the rock and ginga of the samba. And you took what was mine, made a name… a big name, accumulated money with your compositions and returned nothing to me.

I came down from the mountains and showed you a world of dreams, a world of boundless fraternity. I created for you thousands of multicolored fantasies, and for you I prepared the greatest feast in the world: I danced the carnival for you. And you were so very happy that you gave me a standing ovation. But soon, very soon, you forgot me, sending me back to the mountains, to the favelas, to the naked and crude reality of unemployment, hunger and oppression. .

“White brother and sister of mine, my people: what have I done to you, how have I offended you? Answer me! ”

As an inheritance, I gave you the beans and rice that are the day-to-day dish. Of the left overs I made the feijoada, the vatapá, the efó and the acarajé: the typical cuisine of Bahia and Brazil. And you make me endure hunger. And you let my children die of malnutrition or suffer irremediable brain injury, leaving them forever stunted.

I was violently snatched from my African homeland. I knew the negreros’ nave-phantom. I was made a thing; a “piece“, a slave. I was the Black mother to your children. I cultivated the fields, harvested the tobacco and planted the sugarcane. I did all the jobs. It was I who built the beautiful churches that everyone admires and the palaces that the slave owners inhabit. And you call me sluggish and arrest me as a vagabond. You discriminate against me for the color of my skin and still treat me as if I continued to be a slave.

“White brother and sister of mine, my people: what have I done to you, how have I offended you? Answer me!”

I knew how to resist. I managed to run away and founded quilombos: fraternal societies, without slaves, of people who were poor but free: Blacks, mestizos and whites. In spite of the lashes on my back, I passed cordiality and sweetness to the Brazilian soul. And you sent me to the capitão-do-mato, hunting me like a bug. You razed my quilombos and still now you ensure that abolishing the misery that enslaves cannot be forever a daily and effective truth.

I showed you what it means to be a living temple of God. And therefore, how to feel God in a body filled with axé, and how to celebrate God in rhythm, in dance, and in food. And you repressed my religions, calling them Afro-Brazilian rites or considering them simple folklore. You invaded my terreiros, throwing salt on them and destroying our sacred figures. Often you turned the macumba into a police case. The majority of the youth murdered in the peripheries between 18 and 24 years of age are Black, and because they are Black they are suspected of being at the service of the drug mafias The majority of them are simple laborers.

“White brother and sister of mine, my people: what have I done to you, how have I offended you? Answer me!”

When with so much work and sacrifice I enabled some advance in life, receiving a hard-earned salary, buying my little house, educating my children, singing my samba, supporting my favorite team and being able to have a cold beer with their friends on the week end, you say that I am a Black man with a white man’s soul, thus degrading the value of our souls as dignified and hard working Black men. And in the contests, under equal conditions, you almost always leave me behind, in favor of a white.

And when policies were developed to repair the historic perversity, allowing that which you always denied me, to study and prepare myself in the universities and technical schools, so that I could improve my life and the life of my family, the majority of your people shouted: that violates the Constitution, it is discrimination, a social injustice.

“White brother and sister of mine, my people: what have I done to you, how have I offended you? Answer me!”

My Black brothers and sisters, on this November 20th, the day of Zumbí and of the Black Consciousness, I wish to pay homage to you, to all of you, who have managed to survive during all this long time, because the happiness, the music, the dance and the sacred are all inside of you in spite of all this Way of the Cross. of the sufferings that are unjustly imposed on you.

With much axé and love, Leonardo Boff white and Black, by option.

Leonardo Boff Eco-Theologian-Philosopher Earthcharter Commission

Free translation from the Spanish sent by
Melina Alfaro, alfaro_melina@yahoo.com.ar.

”A Igreja é dos místicos, não do poder.” L.Boff na La Repubblica

27/11/2018

Vai aqui a tradução brasileira da entrevista publicada aqui neste blog assim como saiu no jornal de Roma  La Repubblica no dia 26/11/2018 por ocasião do lançamento de minha retradução da Imitação de Cristo de 1441 do latim medieval em quatro livros elaborada pelo grande homem espiritual que foi Tomás de Kempis. Acrescentei mais um sobre o Seguimento de Jesus, importante para a Igreja de hoje especialmente para os cristãos que vivem no mundo, chieo de conflitos e violêncisas e se comprometem com a justiça social e com os direitos dos mais vulneráveis.Lboff

 

                            ”A Igreja é dos místicos, não do poder.”          

                     Entrevista com        Leonardo Boff

                     Revista IHU on-line 27/11/2018

O seu “canto do cisne”: assim é considerada, por ele mesmo, a tradução que Leonardo Boff, ex-frei franciscano e ex-presbítero brasileiro, renomado expoente da teologia da libertação, fez da “Imitação de Cristo”, de Tomás de Kempis. A um dos textos mais meditados depois do Evangelho e retraduzido a partir da edição da Tipografia Poliglota Vaticana, Boff acrescenta, “no ocaso da vida”, um quinto livro sobre o seguimento de Jesus.

A reportagem é de Paolo Rodari, publicada em La Repubblica, 26-11-2018. A tradução é de Moisés Sbardelotto.

Eis a entrevista.

Freud, Jung e Heidegger leram Tomás de Kempis refletindo sobre o tema do esvaziamento de si contra todo apego ao próprio eu. Há a necessidade disso hoje?

É um tema central e representa a atitude de Jesus que, ‘mesmo sendo de natureza divina’, despojou a si mesmo para ser igual a nós. Essa renúncia ao apego ao próprio eu é a primeira virtude do budismo e também do caminho espiritual cristão. E é o tema central do maior dos místicos do Ocidente, Mestre Eckhart, com o seu Abgeschiedenheit, a prática do desapego. Psicólogos como Freud e filósofos como Heidegger compreenderam essa necessidade de Tomás de Kempis. O desapego é o primeiro passo para o verdadeiro processo de individuação e de identidade pessoal. É isso que nos assegura o maior dom depois do amor, que é a liberdade interior.

O senhor escreve que seguir Jesus significa assumir a sua causa, correr os seus riscos e, eventualmente, aceitar o seu próprio destino trágico. O que isso significa?

É uma realidade testemunhada pela Igreja da libertação da América Latina sob os regimes militares em vários países. É esse tipo de Igreja que leva a sério a opção pelos pobres, que produziu e produz ainda hoje muitos mártires, entre leigos e leigas, padres e bispos, como Oscar Romero em El Salvador e Angelelli na Argentina.

A Igreja, em algumas de suas partes, parece ligada a uma visão imperialista/constantiniana, imersa na história e dedicada à conquista do poder. E Francisco, às vezes, aparece como um meteoro em um mundo que se esforça para manter o seu ritmo. O que o senhor acha?

Eu acho sinceramente que a Igreja-instituição, isto é, a Igreja como sociedade hierárquica, não se sente parte do povo de Deus como pedia o Concílio Vaticano II, mas fora e acima dele. Organizando-se não ao redor do conceito mais antigo de communio, de comunhão entre todos, mas ao redor do poder sagrado (sacra potestas), excludente porque concentrado apenas em algumas mãos. Esse tipo de Igreja caiu nas três tentações enfrentadas e superadas por Jesus: a do poder religioso de reformar o mundo a partir do templo; a tentação do poder profético de transformar as pedras em pão; e a tentação do poder político, dominar sobre todos os povos.

Continuam atuais as palavras pronunciadas pelo católico Lord Acton em relação aos poderosos papas do Renascimento: “O poder tende a corromper, e o poder absoluto corrompe de modo absoluto”. E ainda mais pertinente é o que afirmava Hobbes a respeito do poder, que, dizia, se sustenta apenas sobre o “desejo incessante de ter cada vez mais poder”. Todas palavras que se concretizaram na história da Igreja, através de uma concentração enorme de poder unicamente nas mãos do clero, com a exclusão em particular das mulheres. Foi necessário um papa proveniente do fim do mundo, que escolheu o nome de Francisco, arquétipo da pobreza e da renúncia a todo poder, para mostrar como a hierarquia da Igreja deve se orientar com base no serviço (hierodulia), e não no poder sagrado (hierarquia).

O senhor sofreu um certo ostracismo de Roma?

Eu guardei nenhum rancor pela punição que me foi infligida pelo silentium obsequiosum. Eu sabia que a teologia do poder sagrado operante na cabeça dos responsáveis do ex-Santo Ofício tornaria inevitável a minha condenação. Eu me sentia na verdade e tinha o apoio da Conferência dos Bispos do Brasil. Por isso, aceitei tranquilamente a imposição do “silêncio obsequioso”, depois suspenso por João Paulo II.

O Papa Bergoglio recebe várias críticas de setores conservadores da Igreja. Por quê?

Acho que os conservadores estavam acostumados a um papa faraó, com títulos e símbolos do poder herdados dos imperadores pagãos. Depois, de repente, chega um papa fora do quadro tradicional, que se despoja de todo esse aparato profano que afasta os fiéis e favorece a vaidade clerical. Eles não aceitam um papa que não provenha do seu velho e moribundo cristianismo. Francisco traz a atmosfera nova de Igrejas que não são mais o espelho das europeias, mas sim Igrejas-fontes, com a sua teologia, a sua pastoral dirigida especialmente aos mais pobres, a sua liturgia, o seu modo de louvar a Deus.

O senhor ainda se sente um filho da Igreja?

Sempre me senti dentro da Igreja Católica. No ocaso da vida – vou completar 80 anos em dezembro 14 – não me preocupo com o passado, mas volto os meus olhos à eternidade. Unir o meu nome, o de um theologus peregrinus, ao do genial Tomás de Kempis é para mim a maior honra. “Valeu a pena?”, perguntava-se Fernando Pessoa, o maior poeta português. Eu faço minha a sua mesma resposta: “Tudo vale a pena se a alma não é pequena”. Posso dizer que, com a graça de Deus, tentei fazer com que a minha alma não fosse pequena.

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“LaChiesa è dei mistici non del potere”:entrevista de L.Boff ao La Repubblica de Roma

27/11/2018

 

                          “LaChiesaè dei mistici non del potere”

Intervista di PAOLO RODARI a Leonardo Boff 26/11/2018

L aconsidera il suo“canto Ldel cigno”, la traduzione che Leonardo Boff, ex frate francescano ed ex presbitero brasiliano,

Il noto esponente della Teologia della liberazione, fa de l’Imitazione di Cristo di Tommaso da Kempis. A uno dei testi più meditati dopo il Vangelo e ritraducendo partendo dall’edizione della Tipografia poliglotta Vaticana, Boff aggiunge, «nel tramonto della vita», un quinto libro sulla sequela di Gesù.

Freud, Jung e Heidegger lessero Tommaso da Kempis riflettendo sul tema dello svuotamento di sé contro ogni attaccamento al proprio io. Di questo c’è bisogno oggi?

R/«Èun tema centrale e rappresenta l’atteggiamento diGesùche,“pur essendo di natura divina”, ha spogliato séstessoper essere uguale anoi. Questarinuncia all’attaccamento al proprio io è la prima virtù del buddismo e anche del cammino spirituale cristiano. Ed è il tema centrale del più grande dei mistici dell’Occidente, Meister Eckhart, con il suo Abgeschiedenheit,la pratica del distacco. Psicologi come Freud e filosofi come Heidegger hanno compreso tale esigenza di Tommaso da Kempis. Il distacco è il primo passo per il vero processo di individuazione e di identità personale. Èciò che ci assicura il dono più grande dopo l’amore, che èla libertà interiore».

Lei scrive che seguire Gesù significa assumere la sua causa, correre i suoi rischi ed eventualmente accettare il suo stesso tragico destino. Cosa significa?

R/«È una realtà testimoniata dalla Chiesa della liberazione dell’America Latina sotto i regimi militari in vari Paesi.Èquesto tipo di Chiesa a prendere sul serio l’opzione per i poveri, la quale ha prodotto e produce anche oggi tanti martiri, tra i laici e le laiche, i preti e vescovi come Oscar Romero in El Salvador e Angelelli in Argentina».

La Chiesa sembra in alcune sue parti legata a una visione imperialista/costantiniana,
immersa nella storia e votata alla conquista del potere. E Francesco a volte appare come una meteora in un mondo che fatica a tenere il suo passo. Cosa pensa?

R/«Credo sinceramente che la Chiesa-istituzione, cioè la Chiesa come società gerarchica, non si senta parte del popolo di Dio come richiedeva il Concilio Vaticano II, ma al di fuori e al di sopra di esso. Organizzandosi non attorno al più antico concetto di communio , di comunione tra tutti, ma attorno al potere sacro (sacra potestas), escludente perché concentrato solo in alcune mani. Questo tipo di Chiesa è caduta nelle tre tentazioni affrontate e superate da Gesù: quella del potere religioso di riformare il mondo a partire dal tempio; la tentazione del potere profetico di trasformare le pietre in pane, ela tentazione del potere politico, dominare su tutti i popoli. Restano attuali le parole pronunciate dal cattolico Lord Acton in riferimento ai potenti papi del Rinascimento: “Il potere tende a corrompere e il potere assoluto corrompe in modo assoluto”. E ancora più pertinente è quanto affermava Hobbes riguardo al potere, che, diceva, si sostiene solo sul “desiderio incessante di avere sempre più potere”. Tutte parole che si sono concretizzate nella storia della Chiesa, attraverso una concentrazione enorme di potere unicamente nelle mani del clero, con esclusione in particolare delle donne. È stato necessario un papa proveniente dalla fine del mondo, che ha scelto il nome Francesco, archetipo della povertà e della rinuncia a ogni potere, per mostrare come la gerarchia della Chiesa debba orientarsi in base al servizio (ierodulia )enon alpotere sacro (ierarchia )».

Lei subì un certo ostracismo da Roma?

R/«Non ho conservato alcun rancore per la punizione che mi è stata inflitta del silentium obsequiosum. Sapevo che la teologia del potere sacro operante nella testa dei responsabili dell’ex Sant’Uffizio avrebberesoinevitabile lamia condanna. Mi sentivo nel vero e avevol’appoggio della Conferenza dei vescovi del Brasile. Per questo accettai tranquillo l’imposizione del “silenzio ossequioso”, poi sospeso da Giovanni Paolo II».

Papa Bergoglio riceve diverse critiche da settori conservatori

 

della Chiesa. Perché?

R/«Credocheiconservatori fossero abituati a un papa faraone, con
titoli esimboli del potere ereditati dagli imperatori pagani. Poi all’improvviso arriva un papa al di fuori del quadro tradizionale, che si spoglia di tutto questo apparato profano che allontana i fedeli e asseconda la vanità clericale. Non accettano un papa che non provenga dal loro vecchio e moribondo cristianesimo. Francesco porta l’atmosfera nuova di Chiese che non sono più lo specchio di quelle europee, ma Chiese-fonti, con la loro teologia, la loro pastorale rivolta specialmente ai più poveri, la loro liturgia e il loro modo di rendere lode a Dio».

Si sente sempre un figlio della Chiesa?

 

R/Si uin figlio della Chiesa di Cristo.«Neltramonto della vita -compirò 80 anni adicembre – non mi preoccupo del passato ma rivolgo i miei occhi all’eternità. Unire il mio nome, quello di un theologus peregrinus,aquello diTommaso da Kempis è per me l’onore più grande. “Ne è valsa la pena?”, si domandava Fernando Pessoa,il più grande poeta portoghese. Faccio mia la sua stessarisposta: “Tutto vale la pena sel’anima non è piccola”. Possodire che, con la grazia di Dio, ho cercato di fare in modo che la mia anima non fossepiccola».

Il libro Imitazione di Cristo e sequela di Gesù
di Leonardo Boff (Gabrielli Editori
trad. di Claudia Fanti, pagg. 253, euro 19)

La rinuncia all’attaccamento al proprio io è la prima virtù del buddismo e del cammino spirituale cristiano

“Francesco è odiato dai clericali di un culto moribondo
che vorrebbero un papa faraone”.

Parla il grande teologo della liberazione Leonardo Boff

 

 

The perverse dimension of Brazilian “cordiality”

25/11/2018

 

On 10/31/2014 I published an article in JB online on the meaning of calling the Brazilian a “cordial man”. I am publishing it again, modified, due to its burning timeliness. In the last two years, we have seen an unprecedented wave of hate and discrimination, particularly during the Presidential electoral campaign. There have been insults, slanders, millions of instances of “fake news” and all kinds of filthy language. This displayed the perverse side of the so-called “cordial” nature of the Brazilian people.

Calling a Brazilian a “cordial man” comes from the writer Ribeiro Couto. Sergio Buarque de Holanda popularized the expression, in his well known 1936 book: “Roots of Brasil”, where he devoted the entire Chapter V to it. But he clarifies, contrary to Cassiano Ricardo, who understood “cordiality” as goodness and affable treatment, that deep down, “our ordinary form of social coexistence is just the opposite of affable treatment” (from the 1989 21ª edition, p.107).

Sergio Buarque understands cordiality in the strict etymological sense: the term derives from “heart” (corazon). Brazilians act more from the heart than from reason. Both hate and love come from the heart. The author says it well: “enmity can easily be as cordial as friendship, because both are born from the heart” (p.107). I would say that the Brazilian is more sentimental than cordial, which seems to me more appropriate.

I write this in an attempt to understand the “cordial” feelings that had erupted in the 2018 Presidential campaign. On one side there have been declarations, enthusiastic to the point of fanaticism, and on the other, declarations of fascism, profound hatred and vulgar expressions. It confirmed what Buarque de Holanda wrote: the lack of loving treatment in our social coexistence.

Anyone who has followed the social media must have noticed the very low levels of education, the lack of mutual respect and even the absence of the democratic sense of coexistence with differences. This lack of respect was also seen in the TV programs of the political parties.

To better understand our “cordiality” we must mention the two inheritances that weigh on our citizenry: colonization and slavery. Colonization left us with a feeling of submission, having been forced to adopt the political forms, language, religion and habits of the Portuguese colonizer. La Casa Grande and La Senzala were created as a result. As Gilberto Freyre well demonstrated, it is not just about exterior social institutions: They were internalized in a form of a perverse dualism: On one side was the lord who owns everything and on the other, the servant or server who has little and submits. A social hierarchical structure was also created that is seen in the division between rich and poor. That this structure subsists in the brains of important oligarchs and has been turned into a code for understanding reality, clearly appears in the way people treat each other in the social networks.

Another very perverse tradition was slavery, which was well described by Jesse Souza in his book: “The backwards elite: from slavery to the Lava-Jato” (2018). It is worth remembering that in the years 1817 and 1818, more than half of the population of Brazil consisted of slaves (50.6%). Today nearly 60% has some blood of Afro-descendant slaves in its veins. They are discriminated against, and pushed to the peripheries, humiliated to the point of losing their own self esteem.

Slavery was internalized in the form of discrimination and prejudice against the Blacks, who always had to serve, because previously, the slaves did everything for free, and it is believed that things should continue that way. This is how domestic workers or the haciendas laborers are often treated. A high class madame once said: “the poor already have the family necessities, yet they believe that they have even more rights”. That is the mentality of La Casa Grande.

These two traditions subsist in the Brazilian collective unconsciousness, not so much in terms of class conflict (that also exists) but in terms of conflict regarding social status. It is said that Blacks are lazy, even though we know that they built almost everything in our historical cities. Is also said that Northerners are ignorant, when in truth they are a very creative people, sharp and hard workers. From the Northeast come great writers, poets, and actors; but prejudice pushes them into inferiority.

All these contradictions of our “cordiality” appeared in the tweets, facebook pages and other social media. We are excessively contradictory beings.

I add an argument from an anthropological-philosophical order, in order to understand the emergence of loving and hating in this Presidential electoral campaign. It speaks to the ambiguity of the human condition. Each of us has both the light and shadow dimension, the sim-bolical (that unites) and dia-bolical (that divides). The moderns say that we are simultaneously demented and sapient (Morin), that is, people of rationality and goodness and at the same time of irrationality and evil.

This is not a defect of creation, but a characteristic of the condition humaine. Each of us must know how to balance these two forces, and give primacy to the dimension of light over dark, and to the sapient dimension over the demented.

We must neither laugh nor cry, but try to understand, as Spinoza would say. But understanding is not enough. It is urgent that we practice civilized forms of “cordiality” where the will to cooperate, looking towards the common good, predominates; where minorities are respected and differing political options are welcomed. Brazil needs to unify so that together we can face the grave internal problems, in a project undertaken by all. Only that way will the Brazil that was called “The Land of Good Hope” (Ignacy Sachs) be reborn.

The President elect will not bring national reconciliation, because he, by his style, is a divider, and creator of a social atmosphere of violence and discrimination.

Leonardo Boff Eco-Theologian-Philosopher,Earthcharter Commission

Free translation from the Spanish sent by
Melina Alfaro, alfaro_melina@yahoo.com.ar.
Done at REFUGIO DEL RIO GRANDE, Texas, EE.UU.

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